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Convivir con tu mascarilla: la nueva “anormalidad”

María Molina. 
Antequerana desde el 88. 
Diseñadora de moda por titulación e inquieta por condición. Me gusta crear, leer, investigar y después venir aquí a contarlo. ¿Un bombardeo sin casco? ¡Me apunto!

Después de tantos días en casa esperando el ansiado cambio de fase que nunca llega, haciéndonos un lío con las horas a las que podemos salir, contando los minutos que faltan para salir a correr (no has corrido desde las clases de Educación Física del colegio, Hulio), llega un nuevo drama: LA MASCARILLA YA ES OBLIGATORIA.

No pasa nada. Si hemos aprendido algo durante estas semanas es que el ser humano tiene la capacidad innata de adaptarse a las circunstancias, e incluso de sacar algo positivo de ellas. Así que tranquilidad, y a cubrir nuestra nariz y boca con la mayor dignidad posible, por el bien de la humanidad.

Sencilla y agradable no son términos que reflejen la relación que personalmente tengo con mi mascarilla. En mi defensa diré que soy alérgica al polen, y aunque me veáis por la calle haciéndome la dura, seguramente mi respiración será más que dificultosa y tendré la nariz llena de mocos que, evidentemente, no puedo sonarme. Si algún día me caigo redonda al suelo tampoco podréis comprobar que tengo los labios morados por la falta de oxígeno, y tampoco tengo claro que esté permitido hacer una reanimación boca a boca. A ver quién es el valiente que realiza tal heroicidad en tiempos en los que saludamos a nuestros padres chocando los codos.

Pero a pesar de que mi experiencia no es la mejor, estoy concienciada y decidida a usar la mascarilla como un complemento más de mi rutina, e incluso de mi armario. Muchas marcas de moda han derivado su producción a la fabricación de mascarillas de muchas formas, colores, estampados… Supongo que ahora tendremos que aprender a reflejar nuestro estado de ánimo eligiendo el color con el que tapar nuestros labios, y no el color con el que pintarlos. Difícil, pero después de haber conseguido hacer pan que dure más de dos horas blandito todo me parece un reto menor.

En Internet hay gente maravillosa a la que se le han ocurrido ideas aún mas maravillosas para que usar una barrera entre el oxígeno y mi cuerpo me parezca incluso apetecible. No  podéis perderos la mascarilla ave del paraíso cuajada de plumas, la femme fatal-montera de torero o (mi favorita) la mascarilla con lazo XL, que debe estar pensada para que mantener la distancia de seguridad sea una cuestión de pura supervivencia. En definitiva, opciones tenemos muchas, y excusas para no usarlas, ninguna.

COMO CONSEJO Y ADVERTENCIA:
  • La mascarilla puede ser hortera, estás en tu derecho, pero tiene que cubrir necesariamente nariz y boca. Cíñete a las homologadas.
  • No vale tomarse un descanso. Llevarla en la frente o la papada puede tapar algún defecto del que no nos sintamos orgullosos, pero ni te protege, ni me protege a mí.
  • El agujero para fumar o beber puede ser muy cómodo, pero el coronavirus nos ha demostrado que no llama antes de entrar. No lo practiques.

Buena suerte y buen viaje a todos hacia la nueva “anormalidad”. Nos vemos por las calles (pensad que debajo de la mascarilla tengo mocos y llevo los labios sin pintar y SIEMPRE acertaréis).