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De la tortilla francesa a la espuma de huevo poché a las finas hierbas

María Molina. 
Antequerana desde el 88. 
Diseñadora de moda por titulación e inquieta por condición. Me gusta crear, leer, investigar y después venir aquí a contarlo. ¿Un bombardeo sin casco? ¡Me apunto!

¿Quién no ha recibido durante estas semanas fotos en su móvil que le han hecho quedarse de piedra con las nuevas habilidades de sus amigos y familia? Desde el cuñado que se ha hecho experto en hacer molletes en casa a la prima que dibuja con acuarela la noche estrellada de Van Gogh, todo en esta cuarentena está siendo puro descubrimiento interior. ¿Será que el mundo nos ha hecho parar para descubrir las habilidades que no sabíamos que teníamos?

El ser humano es, por naturaleza, creativo. Nuestro cerebro está diseñado para encontrar soluciones a los problemas cotidianos, pero… ¿qué ocurre cuando nuestra vida es cómoda y nos lleva la rutina? Nos centramos en sobrevivir, en lo mecánico, y olvidamos en gran parte aquello que nos hace especiales, diferentes.

Esta situación de confinamiento ha agudizado nuestro ingenio, nos ha puesto a prueba a muchos niveles, y cada cual ha tenido la oportunidad de expresarlo de una manera. Me asombra a niveles cósmicos ver fotos de amigos que desde el cole no se ponían un chándal haciendo posturas de yoga que desafían a la gravedad (y a las hernias discales) o a más de una conocida haciendo directos en Instagram para ayudarnos en el confinamiento dando sesiones de coaching, como si hubiesen vivido ya tres cuarentenas, dos holocaustos y una plaga de langostas asesinas. El ser humano es maravilloso, ¿a que sí?

Al principio estaba un poco desubicada, ya no sabía qué iba a encontrar en mi móvil al revisar los mensajes, pero reflexionando sobre el tema he llegado a una conclusión:

Vivíamos demasiado rápido y no nos escuchábamos lo suficiente, ni a nosotros mismos ni a los que nos rodean. Tener tiempo para dedicar a nuestra familia, para echar de menos a muchas personas y muchas pequeñas cosas a las que ya no dábamos valor, estar aislados y con incertidumbre ha provocado una explosión de sentimientos en cada persona, y la parte positiva de todo esto es que esta vez hemos podido dedicar tiempo a canalizarlo. Tengo la esperanza de que perder el miedo a expresarnos y descubrir nuevas formas de hacerlo nos haga mejores personas, mejores como sociedad, y de que cada uno de nosotros sea capaz de no olvidar lo que de verdad hemos echado de menos estas semanas. Yo, prácticamente desde el primer día, tengo clarísimo lo primero que quiero hacer cuando pueda salir, y también que las cosas que más echo de menos no son cosas.

Estos días he leído que de los momentos más difíciles y oscuros de la historia han surgido los grandes cambios que nos han hecho evolucionar y ser mejores. Puntos de inflexión que hacen a la humanidad avanzar. Estoy segura de que estamos viviendo uno de ellos. Y tú, ¿estás sabiendo aprovecharlo?