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El renacer de Pepa Niebla

Dice Javier Ruibal que en Pepa Niebla concurren muchas cualidades, pero las más notables son la calidez de su voz, que es una prolongación de su persona, y el deseo de no renunciar nunca a la emoción que va desde ella hasta el oyente como un hilo infalible por el que discurre además el afecto y el agradecimiento por la presencia de quien escucha. Y lo citamos porque nosotros no podríamos definirla mejor.

Escuchar a Pepa Niebla es dejarse atrapar, en todos los sentidos. Acaba de lanzar Renaissance, su nuevo trabajo discográfico -el primero como compositora- en pleno confinamiento. Y es que a ella no hay COVID que la pare. La cantante antequerana, referente del jazz andaluz, vuelve renacida tras estudiar a la música y a sí misma.

Imagen: Amelie Berton

Hace ahora dos años que no te vemos por aquí, desde aquel concierto que diste con Pepa Niebla Quintet en la Sala EMMA en mayo de 2018. ¿Qué has estado haciendo?
Sigo viviendo en Bruselas, donde he estado compaginando mi vida profesional con mi vida académica porque acabo de terminar un Master en Estudios de Jazz en el Conservatorio de aquí y ha sido toda una hazaña. A finales del año pasado aproveché para ir de gira por el sur de España y entrar en el estudio para grabar mi primer disco con composiciones originales, que he producido al 100% y ha salido a la luz este 15 de mayo.

Un disco que ha nacido en pleno confinamiento. ¿Cómo es esa sensación?
¡No te quiero ni contar! Teníamos la fecha del estreno el 17 de abril en el Teatro Monumental de Madrid, un concierto que iba a ser emitido por Televisión Española y estaba súper emocionada. También lo iba a presentar el 22 de mayo en Bruselas y se lleva mal, porque es como una sensación de duelo, lo que pasa es que esa es una palabra que no me gusta utilizar. Al final, la moraleja es que la vida es el ahora, y lo menos importante es el después. Me acuerdo que hace muchos años fui a una exposición en Granada sobre la cultura tibetana, y ellos tienen una tradición que consiste en cromar retablos de madera y, una vez que están policromados, pintados y maravillosamente terminados, los tiran al mar para no tener apego a lo material. Aquello me llamó poderosamente la atención e intento aplicar el mensaje. Para mí el disco es el retablo, y la única satisfacción grande que tengo es que al menos ya lo he lanzado al mar, ya lo único que importa es que la gente lo puede escuchar.

Te has lanzado a componer por primera vez, lo has auto-producido, es el primero como Pepa Niebla a secas… se puede decir que has volcado toda la experiencia acumulada de muchos años de estudio y de trabajo en este álbum. ¿Sientes que este era el momento para renacer como artista?
Ha coincidido con un momento vital importante, que ha sido venir a Bruselas a hacer el Superior de Jazz, algo que siempre he querido hacer y no puedo estar más que orgullosa. A partir de ahí, tengo todo por contar, por compartir, y lo quiero poner sobre la mesa porque habrá mucha gente que piense que es tarde para intentar hacer ciertas cosas, y nunca es tarde. Este era el momento, porque si yo no vivo las cosas que he vivido antes, no hubiese tenido la capacidad de afrontar la presión a la que se somete una en este tipo de instituciones.

Es curioso porque nos contaba el otro gran estandarte del jazz en Antequera, Juan Ramón Veredas -al que tuvimos la suerte de entrevistar en nuestro segundo número- que él llegó al jazz tarde, al final de sus estudios. ¿Es verdad que el jazz requiere de cierta madurez?
Es cierto, pero es como todo. Dependiendo de la edad con la que lo afrontes va a tener un lenguaje o va a tener otro. Por ejemplo, cuando tú te encuentras con el jazz con 16 años vas a encontrarte con un jazz enérgico, porque es lo que toca. Sin embargo, el jazz tiene un origen duro, proviene de la cultura africana, los esclavos… y depende de en qué momento lo afrontes. Yo elegí el jazz porque me di cuenta de que es una música que te permite envejecer y ganar con ella, y tenía claro que quería envejecer con la música.

¿Cómo llegaste al jazz?
Aunque quede como muy poético decirlo, fue el jazz quien me eligió a mí. Te explico: yo con 12 años escuchaba mucha música en casa, la que tenían mis padres. Además de mucho flamenco y música popular, Michael Jackson, Ray Charles, por suerte entraron algunos vinilos de jazz. No sé ni cómo ni cuándo, pero entraron. Cuando escuchaba esos discos sabía que había algo que me gustaba pero que no alcanzaba a entender. Era todo lo estético, el sonido… no sé, yo no lo entendía, pero a mí me llamaba. Con los años empecé a probar todo tipo de música, me metí en bandas de rock, de reggae, de hip hop… y como tenía la curiosidad de querer saber lo que era el jazz, en el momento en el que tuve la ocasión, me metí. Encontré a un grupo de coleguillas a los que les gustaba el jazz y empezamos a reunirnos para tocar. Yo me aprendí algunos temas y hubo gente que vio que me gustaba y que tenía madera para eso, así que me cogieron y me supieron orientar de manera muy altruista. Luego me di cuenta de que el jazz, además, es la música que mejor me representa, porque es una forma de vida y porque lo más importante en el jazz no eres tú, es la música. En otros géneros como el pop, lo importante es todo lo demás.

El jazz es una música que te permite envejecer con ella

Debe ser muy difícil poner voz a un estilo que requiere de tantos matices, tanta técnica y tanta sensibilidad. ¿Sois los jazzeros y las jazzeras los mejores cantantes?
A nivel estrictamente técnico, los mejores cantantes son los de ópera. De hecho, el jazz es una música popular, que ha pasado de generación en generación, lo que pasa es que llega un momento, con la mezcla de la cultura europea y la africana, en que se convierte en una música de culto, y comienza a integrarse dentro del academicismo. El cantante, que por desgracia siempre ha sido el elemento en la música popular que menos formación ha tenido, ahora sí tiene acceso a esos conocimientos. La técnica y el estilo ya le hace pasar de la categorización de cantante a la de músico. Para mí esa es la clave: ser músicos.

Hablando de músicos, en Renaissance has contado con el pianista belga Maxime Moyaerts, el contrabajista francés Alex Gilson y el holandés Daniel Jonkers a la batería. Toda una mezcla de culturas…
Es lo bueno de vivir en Bruselas, que es una ciudad muy bien ubicada a nivel geográfico y una ciudad muy internacional, porque todo se basa en la vida de la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. Además, el Conservatorio elige estratégicamente a sus profesores, y muchos músicos vienen aquí expresamente a estudiar con ellos, lo cual posibilita la mezcla de buenos músicos de muchos países. A raíz de estar en el sitio adecuado he podido conocer a los músicos con los que me gusta trabajar.

Imagen: Amelie Berton

Y por supuesto Toni Mora a la guitarra, una pieza fundamental en los últimos años en la carrera de Pepa Niebla.
Toni es una persona muy importante en mi camino porque, cuando lo conocí, yo venía de Londres, donde me planteé abandonar la música. Su reacción ante mi manera de cantar, de interpretar, fue la que me hizo replantearme muchas cosas. Que una persona a la que respetas muchísimo a la hora de tocar te anime a seguir y a estudiar te hace ver que si él lo piensa, tiene que ser cierto. No dejamos de vernos en los ojos de los demás, y es muy importante saber elegir con qué ojos te quieres mirar. Toni y yo hemos crecido mucho mutuamente porque llevamos trabajando mucho tiempo juntos, es un compañero de trabajo fantástico y ha tenido mucho que ver en los arreglos de dos de los temas que hay en el álbum, donde además hay dos composiciones suyas y para mí es todo un honor, porque son grandes composiciones. Al fin y al cabo, este proyecto es una comunión con personas con las que se está bien trabajando, aparte de sus habilidades musicales. Proyectos así te aseguro que se dan una vez cada mucho tiempo.

Esa riqueza cultural también se puede oír en las letras de las canciones, donde además del inglés has incluido una en español y otra en portugués. ¿Cuestión de musicalidad?
Este disco tiene muchos propósitos, para mí es como lanzar una botella al mar con un montón de mensajes sin saber quién la encontrará. Uno de esos mensajes es la excepcionalidad de llegar a muchas otras culturas, a muchas otras audiencias. El jazz engloba tantísimas zonas geográficas que es interesante adentrarse en ellas. A mí me encanta el inglés, y siempre he concebido la música en inglés, pero el idioma no hace la música. Con la canción en español he querido reconciliarme con los míos, y del tema que hay en portugués simplemente me enamoré. El compositor de Lilyá es un pianista brasileño que se llama Fabio Torres, y tuve la osadía de escribirle para pedirle permiso para cantarlo y poderlo grabar. Yo no había hecho eso nunca, pero probé y me contestó dándome el sí. Además, me facilitó la partitura, fue un amor total, y empezó a interesarse por mi carrera y mis cosas.

Supongo que la idea es llevar el disco en directo por diferentes partes del mundo, algo para lo que tendremos que esperar. ¿En qué situación os ha dejado a los músicos esta crisis sanitaria?
Estamos en una situación de catarsis. Tenemos que hacer una transformación potente y creo que a partir de ahora nos vamos a organizar mejor. España es un país que no protege ni defiende su valor cultural. Yo me siento una persona huérfana de país, de verdad, porque intentas encontrar un sitio y es que no lo encuentras. Bélgica, por ejemplo, es un país que tiene una identidad nacional tan potente que utiliza su arte y su cultura como marca, y España eso no lo hace. ¿Habrá cosa más torpe? No tenemos una regulación profesional, el 90% de los músicos están de forma irregular porque no nos llega el dinero, y ahora el panorama es desolador. Yo no sé cuándo voy a poder volver a subirme a un escenario, y me temo que va a estar difícil. Me ha dolido en el alma tener que cancelar lo que por fin iban a ser mis primeros festivales internacionales.

¿Cómo imaginas ese ‘renacer’ de la música en directo?
Todo va a depender de la dichosa vacuna. Yo voy a intentar poder salir a tocar en los últimos meses de este año, voy a intentarlo aunque va a ser difícil. Habrá que adaptarse, buscar nuevas formas… yo espero y deseo que todas las fechas que se nos han caído se puedan recuperar.

Y añadir muchas más. Por ejemplo… ¿Antequera?
Me encantaría presentar mi disco en Antequera, y además me gustaría hacerlo dentro del festival de jazz que tenemos, el Nájera Jazz. Tuve el honor de ser quien inauguró la primera edición, y volver a casa en un festival que ya lleva más de un lustro me encantaría más que en cualquier otro contexto que no tenga nada que ver con el género.

Imagen: Pepe Torres
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