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Manuel Rodríguez: El manto de la Virgen del Socorro. 1819

El antequerano Manuel Rodríguez es el autor de esta sección en la que SOMOS Magazine podrá dar a conocer cada mes muchas de las historias y anécdotas de la ciudad que Rodríguez recopila en su blog.

En abril recordamos una fecha del mismo mes de 1819, concretamente el día 9, Viernes Santo, momento en el que se estrenó en procesión el nuevo manto de Nuestra Señora del Socorro. Puedes seguir su blog aquí: manuelrodriguezgarcia105.blogspot.com

 

 

En 1818, después del expolio en la Guerra de la Independencia, la Cofradía de Jesús, como otras cofradías, perdió muchos enseres y vestimentas. Por eso buscan que su Virgen del Socorro tenga un manto nuevo que le haga distinguirla de las demás. En aquel momento es Hermano Mayor de la cofradía D. Diego Díez de los Ríos, médico antequerano y padre del héroe el General Ríos. D. Diego, en una reunión de cabildo de la cofradía pregunta quién podría ser el que ejecutara este deseado manto, a lo que se le da referencias de las monjas de la Descalzas y de la Encarnación, pero alguien hace el comentario de que las mejores manos para hacer ese bordado viven en la Cuesta de Barbacanas. Se trataba de Antonia Palomo, que tiene, junto con su hermana Ignacia, un taller de bordado y tienda de ropa que regenta su hermano Antonio en la casa propiedad de su hermano mayor, D. Cayetano Palomo, presbítero racionero de la Colegial.

Dice el refrán que de casta le viene al galgo el ser rabilargo, y así ocurre en esta familia, pues el padre de estos hermanos fue Antonio Palomo Páez, el que construyera el retablo principal de la Capilla de Ánimas de San Juan.

Don Diego, por la presión de algunos cofrades, decide que sea el taller de Antonia y busca terciopelo,  que no tardará en adquirirse al ser donado por La Real Fábrica de Lanas.

Antonia Palomo, en un año tiene la obra terminada. Es obvio que tan virtuoso trabajo requería más tiempo, pero Antonia ha tenido el apoyo de su hermana y el de tres bordadoras. Los nombres de aquellas bordadoras quedaron reflejados en un escrito que ellas mismas pusieron cosido al final del manto entre la entretela y el terciopelo bordado. Cuando las monjas filipensas  de Málaga restauraron el manto a finales de los 70, aparecieron en un paño blanco bordado en oro con los nombres de:  María Antonia Solís, María Dolores Palma y Josefa Medina.

En febrero de 1819 corre la noticia de que el manto de la “Morena del Portichuelo” ya se ha terminado. Todo el mundo quiere verlo. El día 9 de abril, Viernes de Semana Santa.

Antequera estaba esperando el acontecimiento. La Socorrilla, que llama la atención por su belleza morena, ahora con  aquel hermoso manto la hacía, sin duda, la Reina del Portichuelo y de Antequera.

Aquel año la cofradía cambió el itinerario acostumbrado. Bajó como siempre por Caldereros, por donde apenas se podía dar un paso dado el apiñamiento de la gente que querían ser los primeros en ver a su Virgen; llegó a la calle del Viento, tomó la calle del Río para llegar al Carmen y bajar la Cuesta de los Rojas, en San José, en los Cuatro Cantillos de la Maya miró y tiró para Barbacanas  llegando al inicio de ésta y donde en un balcón se podía ver arrodilladas a Antonia Palomo y todas las componentes de su taller, algunas en sonrisa y otras llorando, pero todas humilladas ante la Virgen y la magistral obra que habían ejecutado. En aquel preciso momento las campanas de la Descalzas y de la Encarnación repicaron, mientras la gente aplaudía y daban vítores.

En 1829, Antonia Palomo recibiría el encargo de hacer el Palio de la Socorrilla y en 1833, como no podía ser menos, la Virgen de la Paz pidió se le hiciera el suyo. El de arriba negro y el de abajo azul; sin duda dos joyas del patrimonio antequerano. Muñoz Burgos cuenta que cuando Antonia Palomo murió, su hermano Antonio e Ignacia colocaron entre sus manos un “manojillo” de aquellos hilos de oro con los que bordó el manto de la Socorrilla. Ella siempre miró para Arriba.