Mollete Kolektiv

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Texto por Gema P.M. (Hamartia).  
Ilustración: Ángela G.

Las nuevas tecnologías han convertido la era que vivimos en pura globalización. Cualquier duda, curiosidad, cultura, marca, materia… la tenemos al alcance de la mano, de manera que no existen barreras, al menos en cuanto a consumo ya sea de bienes o de información.

Por desgracia, este pensamiento global no consigue reproducirse en tema de feminismo. El germen se ha expandido de manera efectiva en occidente, y de forma más tediosa se acerca a la cultura oriental, pero aún anda lejos del impacto global que necesitamos. Esta necesidad surge de un sentimiento conjunto: el machismo asusta.

El machismo asusta cuando vas camino a casa, sola, por la noche, y te aferras a las llaves en cada esquina, cada bocacalle, cada vez que te cruzas a alguien, pensando que ese puño americano improvisado te salvaría del destino que otras han sufrido por ser “tan imprudentes” como lo estás siendo tú.

El machismo asusta cuando ves que los matrimonios concertados siguen siendo una realidad en países como India, Japón o Pakistán entre otros.

El machismo asusta cuando en los colegios, el 80% del espacio del patio de recreo está ocupado por el fútbol, segregando a los niños desde edades tempranas, ya que si una niña quiere jugar con ellos es una “machorra” y si un niño quiere unirse a ellas es una “nenaza”.

El machismo asusta cuando la ablación es una práctica común en países de África. Mutilando de por vida a niñas por razones religiosas y culturales, con el único objetivo de arrebatar en un futuro el placer sexual a estas futuras mujeres.

El machismo asusta cuando las palizas e insultos a parejas homosexuales en la calle cada vez son más frecuentes. Cuando un hombre que libremente elige cuidarse, mirar su aspecto o usar maquillaje recibe como insulto “maricón”, definido por el diccionario español cómo: “Hombre que tiene gestos, ademanes y actitudes que se consideran propios de las mujeres”.

El machismo asusta porque dos mujeres amándose libremente en espacios públicos se convierten en placer sexual para algunos asquerosos viandantes.

Pensar que estas prácticas y situaciones entran en la cotidianidad de nuestra sociedad global provoca en las mujeres una sensación de alerta y miedo, un ataque de pánico constante, un control continuo de no salirse de la línea, un rol de mujer cuyo ciclo parece imposible de romper.

O eso nos hacen creer aquellos a los que les asusta el feminismo.

Éste es necesario. Cada vez que una mujer es debatida en cualquier aspecto de su vida.

Cuando en una entrevista de trabajo se le cuestiona su profesionalidad por querer tener una familia, por no quererla, estar casada o no… su cualificación no es importante para las empresas, la baja por maternidad y la conciliación familiar son luces de neón en la frente de cualquier mujer intentando conseguir un puesto de responsabilidad. En un tono sarcástico, esto ocurre porque somos más sensibles, somos madres, somos cuidadoras, y no podremos compaginar ambas cosas, probablemente nos dejemos llevar por las emociones.

Es necesario cada vez que sale un nuevo caso de violencia machista. El machismo mata, si no pueden preguntar a las familias de Diana Quer, Marta Calvo, Laura Luelmo, y otras 1.033 mujeres asesinadas desde 2003, más las 12 asesinadas en lo que llevamos de 2020. Recalco a sus familias, porque ellas ya no tienen voz.

Por ellas, por ti, porque todas las niñas del mundo no sufran el yugo del techo de cristal, porque mujeres y hombres, y todo el que no se reconozca dentro de estos géneros, luchen unidos para crear una equidad global, luchando contra estereotipos e injusticias… Por todo esto y mucho más, yo salgo el 8M a luchar junto a miles de mujeres en toda España, hartas de aguantar el peso de la desigualdad y dispuestas a gritar por ello.

¿Te vienes?

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