Pinceladas

1917. Así fue el Carnaval en Antequera

El antequerano Manuel Rodríguez inicia esta sección en la que SOMOS podrá dar a conocer cada mes muchas de las historias y anécdotas de la ciudad que Rodríguez recopila en su blog. Este enero, con un curioso y accidentado capítulo de la torre de San Sebastián desde la que este año se han dado las campanadas para toda Andalucía.

El Carnaval de 1917, como el que tenemos en nuestros días, no era muy diferente en decadencia. Algo muy nuestro, el no saber divertirnos socialmente, quizá por el gran sentido del ridículo que tenemos. Esto cuando se ve bien, es cuando hay un baile social. ¿Quién es el guapo que inicia el bailoteo?

Pero, a lo que vamos. En 1917 en la prensa se decía que el Carnaval “más que decadente puede decirse que está muerto”. La prensa seguía diciendo: “gente joven que se disfraza y se pone careta, hombres vestidos de mujer y viceversa, adefesios y mamarrachos, y energúmenos de todas las clases poseídos del demonio del alcohol y de la ordinariez”. La revista Patria Chica recoge: “Pero yo, mientras no falten los hombres de los cencerros y subsista el “adiós que no me conoces”, no me atreveré a decir que aquí ya no hay Carnaval”.

El Heraldo, por su parte, políticamente contrario al alcalde de ese momento, decía así: “Si chavacano e inculto y, por tanto, desanimado, fue el del año anterior, el del actual le ha superado en mucho”.

Las comparsas de aquel 1917: Las defensoras de la patria iban vestidas de guerreros defendiendo las murallas de nuestra Antequera; Los fenómenos Taurinos con tema reiterado con cierta chispa; y Los caballeros del Amor que iban vestidos de verde y rosa con arreglo a una lámina a tres colores de una novela barata. Destacó este año la comparsa Pierrot calificada como: “excepcional y culta, impregnada de maestría y buen gusto”.
En el Salón Teatro Rodas, “el disloque”, así lo titulaban las crónicas.

En la calle hubo de todo: Riña entre José Soto y José Velasco, dos Pepes enfrascados en la calle General Rodas haciendo uso de navajas, cosa fina. En el Café Universal, Miguel Villalón también enseñó la navaja que tenía de Albacete. Terminó en el trullo, que dicho sea de paso se llenó. Un “curdela” con una “papa” de cuidado amenazaba a los paseantes de la calle Estepa con un revólver. En la misma calle hubo que detener a Juan Sillero y a Juan Ruíz Zurita, que formaron tal escándalo que “duró lo que ellos quisieron que durara, mientras llegó la poli”. Dos beodos que también se señalaron, José Postigo y Martín Berlanga, se dijeron de todo menos bonito. Entre los vestidos de fenómeno taurino, también hubo lo suyo. Abrieron plaza dando hostias a unos paseantes a la insinuación de ciertos cuernos.

El domingo se inició el Carnaval con un disparo en la puerta del Café de los Gatos que pudo haber terminado en tragedia. Los cívicos protagonistas del hecho fueron los hermanos Ontiveros y un tal Juan Gallardo que le mordió en una oreja a uno de los Ontiveros. Se nos queda en la ignorancia quién disparó.

Pero paralelo a este Carnaval, existía otro, el de nuestro Casino, el carnaval de los más favorecidos económicamente. Es curioso, los tres periódicos que he contrastado daban la noticia del Carnaval en el Casino como un algo aparte. “Allí tuvo lugar tradicionales bailes carnavalescos, con el boato acostumbrado, viéndose trajes de mucho lujo y gusto, y dominando la gracia y el ingenio de elegantes máscaras femeninas”. En otro periódico se decía: “Los bailes de máscaras celebrados en el hermosísimo casino antequerano han estado brillantes, concurriendo a ellos numerosas familias de lo más distinguido de la ciudad. Reinó mucha alegría y buenos humos, prolongándose la fiesta hasta bien entrada la madrugada”.

Como digo, esta es otra historia. Entretenido Carnaval antequerano.

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