En Relieve

25 de Noviembre. No más violencia de género

UNA LACRA QUE NO CESA

La violencia de género se ha llevado por delante ya este 2019 a 49 mujeres, según el último balance de la Delegación del Gobierno del 22 de octubre.

El Pacto de Estado ha marcado un antes y un después en los recursos disponibles para lanzar la única arma en la que coinciden todos los que trabajan a diario en el círculo de acción contra la violencia hacia la mujer: la prevención.

La solución no será definitiva y además se verá sobre todo a largo plazo, pero es fundamental si queremos que el futuro se asiente en una sociedad igualitaria. Para ello nace en 2017 el programa Creciendo juntos, un punto de encuentro, seguimiento y aprendizaje de la gestión emocional para niños de 6 a 12 años, por un lado, y adolescentes, por otro, que han vivido en casa la violencia de género, que tienen problemas de conducta o que han pasado por un proceso traumático de separación.

“Para que los niños vengan debe haber un compromiso de los padres de que seguirán con el programa. Los adolescentes es más complicado, con ellos hay que hacer prevención e intervención porque hay que reconducir su conducta, y aunque al principio les cuesta, luego se enganchan”, cuentan las técnicas del Centro de Información a la Mujer (CIM) de Antequera.

Porque lo que en los 90 llamaron violencia doméstica, hoy ya reconocida como violencia de género, en la actualidad no entiende ni de edad ni de generaciones. No se puede generalizar, no hay un perfil de víctima porque ya no es una mujer casada durante treinta años con el mismo hombre que reacciona después de mucho tiempo a una vida de coacciones, de violencia económica o física.

“Es que él es así, solo me ha tirado del pelo”

Ahora las relaciones han cambiado y las formas de dominación también. Como refleja la socióloga Carmen Ruiz, la violencia de género actual es como una escalera, en la que dos adolescentes comienzan una relación mientras van subiendo peldaños hacia la dominación. Precisamente, detectar esos primeros peldaños, reconocerlos como violencia de género, es uno de los objetivos fundamentales de ese proceso de prevención”, señalan las técnicas del CIM.

Porque esas ansias de control lleva a las técnicas del CIM a detectar algo que sí existe y se reconoce en todos los maltratadores: su deseo de aislamiento de la otra persona. Y eso puede traducirse en multitud de coacciones: verbales, físicas, psicológicas, económicas… que van subiendo esos peldaños de los que habla Ruiz y le llevan al control de todos los aspectos vitales de la persona a la que somete.

“No salgas con esa ropa, te van a mirar todos”

Frases que si crees normales, ya te decimos que no lo son: Es que tus amigas cuando estoy yo no están igual”, “tu familia lo que hace es hablarte mal de mí”, “no salgas con esa ropa que te van a mirar”, “no quedes con tus amigas que me dejas solo”, “dame las contraseñas del móvil”, “quién es ese que te habla en Facebook”… son solo algunos de los ejemplos que indican que vas subiendo escaleras.

Situaciones que no implican una violencia física pero que anulan a la mujer y que la llevan a un desgaste psicológico en el que termina por creer que lo que vive es una relación o situación normal. “Yo no quiero nada malo para él”. Es otra de las frases que más escuchan las técnicas del CIM cuando llega un caso. “Las víctimas en muy pocas ocasiones se consideran a ellas mismas como tal hasta que no hay sangre de por medio, así de duro”, explican las trabajadoras del área.

PUERTAS QUE SIEMPRE ESTÁN ABIERTAS

Aquí en el CIM, en Asuntos Sociales, no hay citas ni calendario (solo para las muchas charlas que dan en colegios, colectivos o asociaciones durante el año). Aquí la mano siempre está tendida para la mujer que al levantarse esa mañana se sienta capaz de contarlo. Aquí encontrará ayuda jurídica, psicológica y asesoramiento de los recursos disponibles. En definitiva, información de las salidas a un camino para el que sí hay esperanza.

QUÉ HACER SI CONOZCO UN CASO

. La implicación social es fundamental para seguir dando pasos hacia la erradicación de la violencia de género. Por eso, si conoces un caso en tu entorno debes comunicarlo. Si hay violencia, llamar a la policía y si no, son las técnicas las que intentan acercarse a la víctima y hablar con ella, informarle. “A veces no reconocen que son víctimas. Justifican al agresor diciendo: “es que él es así”, “es su carácter”, “hoy las mujeres no aguantan nada”… así que no podemos más que darles información. Si, por el contrario, hay menores de por medio, actuamos porque ellos no pueden defenderse por sí solos”, detallan.

Pero en las ocasiones en las que esa llamada consigue abrir a la víctima una puerta que desconocía, todo se activa. “Es muy difícil que denuncien desde el primer momento, aquí llegan con la autoestima por los suelos, y por eso nosotras siempre estamos aunque no haya esa denuncia puesta”, explican las técnicas sobre su trabajo.

Tras 28 años trabajando en el CIM, ellas nos cuentan que cambiarían el mensaje de las campañas sociales: no se trata de denunciar primero, sino de pedir ayuda. Empoderarlas, es decir, hacerlas fuertes, prepararlas para los trámites, para las situaciones a las que tendrán que enfrentarse y que sean capaces de denunciar y tirar para adelante”, sentencian.

Es muy difícil dar el paso. De hecho, muy pocas se atreven a darlo. Intentan mediar, llegar a un acuerdo. Vienen aquí antes a informarse porque casi nunca denuncian a la primera agresión. Por eso cuando se habla de denuncias falsas hay que tener mucho cuidado. Volvemos a que ellas no se sienten víctimas, los justifican muchísimo: “solo me tira del pelo”, “solo rompe cosas o no me da dinero”, “no quise relaciones”, “no estaba la comida preparada”… y hay muchas situaciones en las que la denuncia se retira por miedo o se pierde en meses de trámites judiciales. Ésas no son falsas”, detallan.

Este 25 de noviembre es el día por la erradicación de la violencia de género y aún queda mucho por hacer. Aunque los primeros pasos están marcados y siguen mejorándose, para las víctimas la vida comienza de nuevo tras la sentencia judicial y, a veces, las circunstancias sociales, familiares y económicas les llevan a replantearse el paso que dieron. Por eso hay que seguir ayudando cuando ya se ha ayudado, por eso este 25 de noviembre habrá que decirles que no están solas.

PROCESO

El Pacto de Estado permitió además contar en Antequera con un policía asignado que lleva de cerca y de manera exclusiva los casos de violencia de género.

Un trabajo que ha desempeñado el entonces policía local y ahora concejal de Asuntos Sociales del Ayuntamiento, Alberto Arana. “Ha permitido que la mujer no esté sola en el proceso y además que se sienta protegida, y por supuesto, la coordinación de todas las áreas, explica Arana.

Denunciar sigue siendo el paso más difícil, porque desde el minuto uno la víctima se enfrenta, en su situación, a la soledad de un proceso traumático.

“Cuando antes una mujer denunciaba pasaba por la Policía Local que acudía a la llamada, la Nacional que también, hospital, comisaría, días después al juzgado… contaba y revivía lo que había pasado decenas de veces y a personas siempre distintas. Todo eso con el policía asignado cambió, y se convierte en un tutor desde el principio, que además la guía y acompaña en todo el proceso, que después le hace un seguimiento, la asesora y protege”, detalla.

Además, un sistema informático recoge todos esos pasos del agente, los encuentros o los altercados que puedan producirse con el agresor, en función del grado de peligro de la víctima.

Las órdenes de alejamiento también supusieron un antes y un después para las víctimas. Hasta los 90, tras denunciar, el arresto domiciliario hacía que el agresor encima tuviera que estar en su casa.

“Ahora la orden impide que se acerquen a las víctimas, ellas pueden seguir en su casa y su rutina y los agentes les hacen un seguimiento. Si no tiene recursos hay una renta mínima un tiempo, además de contar con un abogado de oficio especialista en esos casos y apoyo psicológico para ella y los niños, si es el caso”, asegura.