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Arturo Vargas: Teatro alrededor del mundo

Se enamoró del teatro porque le gustaba una chica. Desde entonces, ya no ha podido hacer otra cosa. Actor, coreógrafo, director, Arturo Vargas lleva media vida subido a un escenario con una pasión desbordante por el espectáculo. Ahora, a sus 31 años, este joven antequerano se va a colar en la próxima gala de los Oscar con su primer trabajo en el cine: forma parte del reparto de La Trinchera Infinita, la película que representará a España en los premios de la Academia de Hollywood.

De Antequera a Bruselas y de Bruselas a los Oscar. Vamos a empezar por el principio, porque intuyo que aquí hay mucho camino por recorrer y muchas historias que contar. ¿Cómo empieza esta aventura?

En Antequera, en el IES Pedro Espinosa. Con 17 años yo era un bala perdida, había repetido curso y me había cambiado de centro. Hacían un taller de interpretación y me apunté porque me gustaba una niña. El teatro me daba exactamente igual, yo iba a por la chavala. Íbamos a hacer Romeo y Julieta.

Dime que os tocó el papel protagonista…

A mí me tocó Romeo, pero ella no fue Julieta, aunque al final la conseguí (risas). Pero bueno, al final lo que quedó es que me enamoré del teatro profundamente. De repente sentía que estaba conectado con lo que hacía, que me importaba algo lo suficiente como para asumir cualquier tipo de sacrificio. Me gustó tanto que me fui a la Casa de la Cultura y me apunté a clases de teatro. Al año siguiente me matriculé en la ESAD, la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga, que a todos los efectos es un grado universitario. Cuatro años estuve allí, sin duda una de las etapas más bonitas de mi vida.

“Con el teatro sentía que estaba conectado con lo que hacía”

Entraste con ganas, porque en el primer año de carrera ya formaste una compañía.

¡Sí, todo el día haciendo teatro! El primer año formé con mis mejores amigos Mimetic Teatro Gestual, que fue mi compañía durante cinco años. Mi compañero Pablo López y yo éramos los líderes y luego contratábamos a gente. Hicimos mucho teatro en la provincia de Málaga y ganamos algunos premios como el Málaga Crea en 2012, con la obra El Sueño de Galileo. Estuvimos también como compañía residente en el Teatro Cánovas, actuamos en el Cervantes, en casi todos los teatros de Málaga… éramos muy jóvenes, muy locos. Teníamos mucho potencial pero éramos un desastre en la producción, nos gastábamos más de lo que ganábamos.

¿Qué es eso de teatro gestual?

La principal diferencia es que no hay texto, o mejor dicho no tiene por qué haberlo. Es un tipo de teatro muy corporal y muy vinculado a la danza. Un ejemplo de teatro gestual podría ser Tricicle o Yllana. Es una disciplina para la que tienes que tener una buena propiocepción de tu cuerpo. En esa época conocí al que es mi padre artístico, Thomé Araújo, que es el director de la compañía Málaga Danza Teatro. Él me acogió y me enseñó todo lo que sabe. Estuvimos haciendo varias piezas como Barala o Kalango/Te conozco y, paralelamente, también hacía musicales.

¿Siempre como actor? ¿O te atrevías a hacer algo más?

Con mi compañía fui actor, director, creador… Mi primera dirección fuera de Mimetic fue un musical, Tick, Tick… Boom!, una obra de Jonathan Larson, el creador de Rent. Teníamos música en directo, la dirección musical fue de Nacho Doña, pero yo lo dirigía y lo protagonizaba. Lo estrenamos en el 33 Festival de Teatro de Málaga y fui el director más joven, con 26 años. Llenamos los dos días, hubo una crítica muy buena, con cuatro músicos en directo, tres intérpretes…

¿Y después de esta etapa de formación?

Con 27 años me fui a la aventura. Siempre quise que el trabajo me llevara a viajar y dar un salto de calidad también a nivel profesional. Me apunté a un curso en Málaga del coreógrafo Fernando Troya, un tipo que estuvo bailando en Netherlands Dance Theatre, una de las compañías más famosas de danza contemporánea del mundo. Tuvimos mucho feeling y me invitó a hacer la primera creación de su propia compañía en Holanda. Me fui con él y empezamos a trabajar en una residencia de artistas que se llama CLOUD/Danslab, y allí creamos Essential Rights, que es la primera pieza que hice fuera de España. Acabamos ganando el DansClick, que nos llevó de tour por toda Holanda.

¿Cuánto tiempo estuviste en Holanda?

No llegué a vivir en Holanda, sino que iba y venía a Madrid. En esa época me propuse estudiar danza contemporánea y me fui al Real Conservatorio Profesional Mariemma de Madrid. ¡Me presenté a las audiciones con 27 años! ¡Era el más mayor de allí! De forma excepcional me pasaron directamente a cuarto curso. Son seis años, pero no los terminé. Me fui a Florencia a ser asistente de dirección de Fernando Troya, y allí conocí a un montón de personas que me abrieron muchas puertas en Bélgica, que es donde vivo.

¿Qué pasa en Bélgica?

Allí tengo un proyecto muy importante con creadores belgas de primer nivel, una coproducción enorme de la compañía Siamese-cie. Es un espectáculo que se llama (B), va sobre boxeo y está dirigido por Koen Augustijnen y Rosalba Torres Guerrero. Hemos estado dos años de tour, y este año debíamos haber ido a Hong Kong y a Palestina, que es lo que más me ha dolido de todo lo que se ha cancelado en 2020.

Una carrera muy vinculada a la danza y al teatro físico. ¿Cómo se consigue un papel en una película de éxito?

Durante los últimos tres años he estado muy metido en la danza, pero he tenido un proyecto de teatro muy importante en España. He sido el protagonista de El Jugador, una obra de Asier Andueza que trata de un jugador de fútbol con un conflicto importante, porque se descubre que es homosexual y tiene sida. Con esa obra fuimos al festival Korner, que promueve la Real Sociedad. Es un festival que se hace en Donosti y que pone en relación el mundo del fútbol con la cultura. Allí estaban Aitor Arregi, Jon Garaño y José Mari Goenaga, los directores de La Trinchera Infinita. Y recibí un telefonazo.

¿Te llamaron directamente para la pelicula?

Me llamó la directora de casting, preguntándome que dónde había estado todo este tiempo (risas). Yo nunca había hecho cine. Me hicieron una audición y entré en la película con un personaje pequeñito pero muy resultón.

El amante del cartero…

¡El amante del cartero! Siempre digo que no tengo nombre propio en el cine: he hecho el amante del cartero en La Trinchera… y el mensajero en La Peste (risas). Es un personaje secundario y estoy muy satisfecho. Para mí no hay papeles pequeños.

¿Cómo ha sido la experiencia?

He tenido la suerte de compartir escena con el señor Antonio de la Torre, que era mi ídolo. He podido compartir con él charlas, comidas, consejos, improvisaciones… es una maravilla. Es un profesional, es humilde… dijo una cosa sobre mí delante de los directores que no voy a compartir pero que me voy a quedar para siempre. Además el cartero, Nacho Fortes, es mi amigo, así que todo quedaba en familia.

Y de La Trinchera Infinita… a Hollywood. ¿Cómo sienta una nominación al Oscar?

El primer comentario que le hice a mi madre fue: “¡Mamá, que Scorsese me va a ver el culo!” (risas). Ojo, que tiene muchísimo valor, lo que pasa es que soy un guasón. La primera película que haces y está nominada a los Oscar… mi nombre está ahí, y hay muchos directores de casting que se están empezando a interesar. Estás en un panorama internacional, pero lo más bonito es que la escena en la que salgo no pasa desapercibida porque en medio de toda la tremenda situación que se vive allí, el único punto de luz, lo único que huele a esperanza, es mi historia con el cartero. Es una de las tesis de la obra: frente a un período de miedo, de opresión, se pueden tomar dos actitudes. Una actitud derrotista o intentar ser feliz como se pueda. Esto es muy bonito y si consigue el Oscar puedo decir que puse un granito de arena. Estoy muy orgulloso de poder estar ahí y, si se lo lleva, será una anécdota muy bonita.

“Estoy muy orgulloso de estar ahí y, si se lleva el Oscar, será una anécdota muy bonita”

Le has cogido el gusto a las cámaras. Te hemos visto hacer del mensajero en La Peste, la serie de Movistar+.

Sí, uno de los técnicos que trabajaba en La Trinchera Infinita se acordó y le habló de mí al director, Alberto Rodríguez, que me consiguió un papel pequeñito con Pablo Molinero, el protagonista. Un tipo maravilloso.

¿Quiere decir esto que ahora toca aparcar un poco la danza?

No, sigo con la danza. De hecho mi principal proyecto de 2021 es danza. Hay que ser muy prudente, pero si la pandemia lo permite empezaré a trabajar con De Dansers, una compañía holandesa, con un espectáculo nuevo. Es una compañía muy joven, hacen unas coreografías muy frescas, siempre tienen música en directo y los intérpretes tocan instrumentos musicales. Me divierte mucho esta compañía. Luego hay dos proyectos más: uno que podría ocurrir en Holanda que no es oficial y otro con Antonio Ruz, que es Premio Nacional de Danza. Un espectáculo que se llama Aún que al final se ha convertido en película y la estamos rodando en Madrid.

Y en Málaga, ¿cuándo te podremos ver?

Durante el confinamiento me presenté a una iniciativa de Factoría Echegaray que se llama Factoría desde Casa, un proyecto de generación de contenidos escénicos para el Teatro Cervantes. Envié una videocreación de danza experimental, con música original de Alejandro Lévar. La obra se llama Segismundo 19 –haciendo referencia al protagonista de La vida es sueño y al COVID-19–, y ha sido seleccionada entre las 10 mejores para proyectarse en el 38 Festival de Teatro de Málaga, el próximo 20 de enero. Luego habrá un coloquio con los directores.

Málaga, de nuevo, promoviendo iniciativas. No es casualidad que los Goya se celebren aquí o que los mejores actores de 2020 sean malagueños. ¿Qué pasa en Málaga?

Málaga lleva tiempo haciendo las cosas muy bien y tiene muchísimos artistas resilientes que siguen luchando contra la precariedad, además de muchas instituciones que están apoyando. La Térmica, Factoría Echegaray… hay que mencionar a esta gente porque están haciendo una casa de producciones, poniendo dinero a los artistas de la provincia y dándoles la oportunidad de crear.

¿Es difícil dedicarse a la cultura y encontrar una estabilidad?

Es difícil, pero tengo ambiciones. Quiero hacer cine con los mejores, bailar con los mejores y seguir aprendiendo. Estoy contento de haber elegido esta profesión. Sé cuáles son las contras, pero he tenido mucha suerte.