Viajeros

Callejero Histórico de Antequera (IV) 

Por Paco Peramos.
De naturaleza inquieta. Comunicador por vocación, me encanta contar lo que descubro y lo que veo. ¿Te vienes?

Hasta cinco han sido los nombres que la antequerana Plaza del Espíritu Santo recibió a lo largo de su ya dilatada vida. Estamos ante una de las plazas más antiguas de la ciudad, sumerjámonos en el transcurso del tiempo y viajemos a través de su historia. 

A continuación relacionamos los nombres con los que se ha conocido, a lo largo de los siglos, a la actualmente denominada plazuela del Espíritu Santo, a saber: Plaza del Albaicín, Cerro de las Peñuelas, Plaza de la Viñuela, Plaza de Santa Ana y Plaza del Espíritu Santo. Por supuesto que en modo alguno se trata de cinco plazas distintas, sino de una misma plaza renombrada según los tiempos y cuyas denominaciones llegaron a usarse sucesivamente o incluso a la par. Este hecho urbanístico fue frecuente en Antequera y ha inducido a error a muchos estudiosos superficiales.  

Plaza del Albaicín fue el primer nombre aplicado al nuevo altozano del ejido. No pudo ser de otra manera pues su apertura y fortalecimiento tuvo lugar en el gran arrabal del Albaicín, limítrofe con los arrabales de San Juan, Peña Gorda y San Miguel. La expresión “Albaicín” no fue privilegio exclusivo de la ciudad de Antequera. Otras ciudades y villas también tuvieron su Albaicín, siendo Granada uno de los ejemplos más destacados. En nuestra Antequera el vocablo Albaicín se usó primero (siglos XV y XVI) como una denominación genérica, amplia y comprensiva de una plaza y varias calles (Hacho, Alcalá, Flores, Bastardos, Mármoles, Tinajerías…). 

No parece que en los años primitivos de la biografía de la Plaza del Albaicín existiese en ella ninguna edificación de carácter religioso. Tuvo, eso sí, su postigo de salida al campo, convertido en portón en el siglo XVIII. Algunos padrones de principios del XVI llaman también a esta plaza Cerro de las Peñuelas. 

Desde principios del siglo XVI existió en la llamada Plaza del Albaicín, un Refugio de Beatas (Beaterio) en el que hicieron vida en común un grupo de mujeres sensibles al mensaje evangélico y dedicadas a la oración y atención a los pobres. Aquí llegó en 1520 un pequeño corrillo de religiosas con el piadoso proyecto de fundar convento. Estuvieron en el Beaterio durante ocho años sin hacer gasto económico en ningún tipo de construcción, pero las monjas disfrutaron poco tiempo la paz de este tranquilo retiro y trasladaron sus casas conventuales a la calle Lucena esquina con Cantareros, hoy “Madre de Dios”. 

Este hermoso lugar de Antequera, también fue denominado Plaza de Santa Ana o Plaza de Mi Señora Santa Ana desde las últimas décadas del siglo XVI. La devoción por Santa Ana fue impulsada por la parroquia de Santa María y apoyada desde 1590 por varios vecinos del contexto, entre ellos, Hernán García Garzón y Cristóbal Gómez de Torres.