Viajeros

Callejero Histórico de Antequera (VIII). La Plaza del Portichuelo

Por Paco Peramos.
De naturaleza inquieta. Comunicador por vocación, me encanta contar lo que descubro y lo que veo. ¿Te vienes?

La Capilla-Tribuna del Portichuelo se convirtió en una capilla votiva dedicada a la Virgen del Socorro, que tiene su obligada parada ante ella en la procesión del Viernes Santo antequerano. Desde 1927 se han multiplicado las pinturas al óleo, grabados, dibujos, maquetas y fotografías de la Plaza del Portichuelo, y muy especialmente de su Capilla-Tribuna. Conozcámosla. 

Portichuelo significa pequeño puerto o lugar alto al que confluyen un racimo de calles de muy diverso significado: la calle Herradores, Saeta, Real de San Juan, Infantes, Jesús, Pascuales (Santa María la Vieja), Uveos y Caldereros. Para algunos autores amantes de entornos urbanos de esta naturaleza, el Portichuelo antequerano es, al mismo tiempo, altura, arquitectura, cultura, riqueza y originalidad. 

Altura como consecuencia de la colaboración orográfica del terreno; arquitectura por la novísima aportación del arte morisco y el barroco del siglo XVIII; cultura por el recreo del espíritu; riqueza por el espectáculo de luces y formas, y originalidad porque ni siquiera en Antequera existen dos Portichuelo iguales. 

Las plazas Alta, de San Sebastián y del Portichuelo, constituyen en la historia urbana de Antequera tres espacios amplios dispuestos para el ensanche del callejero, la mejor circulación de las gentes, el ganado y los carruajes. La primera de ellas, la Plaza Alta, nació junto a la entrada de la villa, cabe al Arco de los Gigantes. Fue la inauguración de todas las plazas extramuros de la ciudad, cumpliendo funciones de máximo interés en la organización de ferias (por esa razón se llamó también Plaza de la Feria), almonedas públicas, ajusticiamientos… 

En 1518 una Real Cédula de la Reina Doña Juana se refiere a la conveniencia al establecimiento de tiendas en las Plazas de San Sebastián y el Portichuelo a petición del personero de la ciudad Don Pedro Muñoz. Ello quiere decir que la fundación de las Plazas se habría realizado ya con alguna anterioridad temporal también por orden de la Corona. 

El vecindario de la Plaza del Portichuelo podrá considerarse durante el siglo XVI como un damero que corresponde a un mismo tiempo a las parroquias del Salvador, Santa María y San Juan. Su feligresía fue una feligresía tripartita y los empadronamientos se hicieron desde tres instancias distintas, pero conciliables. 

A mitad del siglo XVI pueden destacarse en el Portichuelo dos presencias muy significadas: la fuente del Portichuelo y un variado catálogo de tiendas. Sin embargo, la fuente desapareció con motivo de los empeoramientos y reformas, y de ella solo nos quedan alusiones y citas.