Cómic

Carlos Giménez: una guía de lectura 

Por Enrique Machuca
(Antequera, 1970) Comiquero.
Glotón audiovisual. Podcasteo en Sala de Peligro y me encanta
divulgar en el campo del cómic.
Soy @yodigono en Twitter.

Como vimos en nuestra anterior entrega, la llegada de la democracia también fue la eclosión del genio de la Historieta que Carlos Giménez sigue siendo. Toda su obra es muy recomendable y ha sido reeditada abundantemente. Repasando de forma casi cronológica…  

España Una, Grande y Libre (1976-1977). Giménez se convirtió en cronista de una Transición por la que pocos apostaban. Él, desde luego, no, convencido de que aquello solo era la manera del franquismo para perpetuarse. Son historietas cortas publicadas en la revista satírica El Papus con ayuda en algunos guiones de Ivá, el creador de Makinavaja. El Papus, recordemos, sufrió un atentado de un grupo terrorista fascista que le costó la vida al conserje del edificio. 

Paracuellos (1976-2017). Aquí el autor rememora en ocho volúmenes su infancia en el internado de Auxilio Social, un relato tierno y agridulce donde se mezclan los juegos y pillerías de la infancia –los niños de la época eran unos cafres de cuidado–, los intentos de burlar una disciplina casi militar, el hambre de posguerra, unos castigos desorbitados y el retrato de unos adultos cuidadores imbuidos de la ideología franquista. Spoiler: no todos eran malas personas, pero los malos eran criminales. 

Barrio (1978). Es una continuación de Paracuellos donde un adolescente Pablito –el alter ego de Giménez– vuelve con su familia a Madrid, nos cuenta cómo desarrolla su vocación como dibujante, sus primeros amores y con esa excusa hace un fresco del Madrid de finales de los 50, siempre bajo la sombra de la represión franquista. 

Los profesionales (1981). Probablemente es la obra más divertida del autor, una auténtica comedia de situación que mueve a la carcajada en la que Giménez desgrana las anécdotas de los jovencísimos autores reunidos bajo el techo de la agencia Selecciones Ilustradas de Barcelona donde producían páginas a destajo para el mercado internacional. Seres peculiares, muchas ganas de vivir y divertirse, bromas pesadísimas e incluso una batalla de caca. En serio. 

Rambla arriba, rambla abajo (1985). El Giménez de los 80 echa mano de los recuerdos del Giménez de los 60, alguien con tan poco dinero que su mayor entretenimiento era observar a la gente que pasaba por la emblemática calle de Barcelona. A veces divertida, otras veces entrañable y alguna vez estremecedora, funciona como epílogo de Los profesionales. 

Bandolero (1987). El género del bandolerismo es el particular western español y, Curro Jiménez aparte, está muy poco explotado. En esta obra se adapta la biografía de Juan Caballero, compadre de José María “El tempranillo”, un bandolero honorable que pudo vivir muchos años para contar sus aventuras. 

Historias de sexo y chapuza (1989-2000). Está formada por seis volúmenes donde mediante relatos cortos (su forma favorita) Giménez nos muestra el patetismo de las relaciones personales. Es difícil no sentirse identificado por algunos de los torpes personajes que pueblan estas viñetas. 

36-39. Malos tiempos (2007-2008). En 4 álbumes se narran historias ambientadas en la Guerra Civil. Sí, ese género tan denostado, pero que Giménez consigue elevar. No es lectura fácil, es dura, es descarnada, es terrible. Pero es que así fue. 

Pepe (2012). Es la biografía de José González, posiblemente el mejor dibujante del grupo de Selecciones Ilustradas, conocido por ser dibujante del personaje Vampirella, un artista exuberante, casi un Hombre del Renacimiento y precursor del movimiento drag en España, del que Giménez lamenta constantemente cómo su falta de constancia le impidió desarrollar sus cualidades artísticas. 

Crisálida (2015). Giménez se enfrenta a sí mismo, a la vejez, a su vida y, a veces, las pocas ganas que tiene de vivirla. Es casi un ensayo en el que el autor se pone frente al espejo y lo que ve no le mueve a la caridad precisamente.  

En los últimos años Giménez, con sus 80 recién cumplidos, ha vuelto a las adaptaciones literarias (La máquina del tiempoCanción de Navidad…) y a los Dani Futuro y Gringo que le dieron fama a principios de los 70 a los que deconstruye en Mientras el mundo agoniza. Somos muchos los que sentimos que su amplia obra no ha tenido aún el reconocimiento que se merece. Tenga o no tal reconocimiento, les recomendamos que se sumerjan en cualquiera de las obras que hemos reseñado. Y si algún día le dan el Princesa de Asturias podrán presumir de que ya le conocían. Son todo ventajas

 

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