Hoy comemos con...

Comemos con Medina Galeote en Tasca Frasquita

A los pies del casco histórico y con vistas a la plaza de San Sebastián, aquí se encuentra este enclave gastronómico en el que hemos quedado con el artista antequerano para una de las mejores costumbres ‘ir de tapas’, compartir un buen rato y que nos cuente cómo le va.

Sentarse con Medina Galeote a tomar algo en un lugar como Tasca Frasquita es que todo fluya, especialmente, la conversación, que solo dejamos para tomar aliento con los sabores afrutados de un vino rondeño que Carmen Aparicio, la encargada, nos sirve. La tranquilidad y el gusto de pasar un rato con alguien del que siempre se aprende, y no sólo de arte sino también de vida.

Precisamente, la tranquilidad es el don que el artista antequerano más valora en este momento, lejos ya del ajetreo de años anteriores en los que iba de una nueva inauguración a otra. “He leído no hace mucho en algunas de las biografías de artistas que llegan a mis manos que en cuanto se despreocuparon de llegar a algún sitio, llegaron”, suelta nada más empezar.

Sé que no es su caso, la fama no ha sido lo que ha perseguido este tiempo en el que sí ha conseguido un estilo propio. Hoy, además su trabajo en la Fundación Unicaja le permite estar en contacto directo con el mundo del arte, y además tener tiempo para su familia, que rápidamente entra en nuestro diálogo, con una de sus frases favoritas: “Las cosas más importantes no son cosas”.

Y pintar, ¿cuándo? Y sí que le queda tiempo. Y ya me habla de ARCO o su proyecto con una galería sueca o de Genalguacil, un tema por el que pasamos de puntillas pero que retomaremos. “Para mí todo es trabajo, pintar nunca ha sido un hobby, para mí es un problema al que tengo que dar una solución. Y sí, me encierro en mi estudio y lo hago”, cuenta.

Y con el primero de los platos ya entre las manos, nos viene la nostalgia. “Cuando salí de la facultad me lo replanteé todo. Por qué quería yo dedicarme a esto y empecé de cero”, recuerda.

Por suerte el camino fue certero y en ese andar por lo que quería escribir, o más bien pintar, de sí mismo, comenzó la obra que define hoy a Medina Galeote. “Yo soy muy español en eso, me gusta la figura, la forma, y pensé cómo podía contar una cosa sin tener que repetir, ni incidir. Sin utilizar esas técnicas que uno trabaja y trabaja pero que a mí no me servían para expresar lo que quería”, define.

Y en esa búsqueda, apareció la simpleza de la línea, muchas líneas, articuladas con maestría, líneas que nunca se tocan y que juntas conforman multitud de formas. “Algo que, eso sí, nunca llegó a enteder mi madre que guarda como oro en paño algunos de mis primeros trabajos más realistas”, desvela entre risas.

Pero, ¿cómo definir algo así? Lo hizo el crítico de arte Juan Francisco Rueda en uno de sus artículos, “la obra de Medina Galeote es como una huella dactilar”. No hay nada más antropológico, nada que hable más de lo maravilloso, de lo humano.

Y en esa evolución, la conversación se nos va mucho más allá. “Porque hoy el arte recibe muchos estímulos, y creo que debe ser así, no creo en el pintor con el dedo metido en la paleta”, afirma.

Así dejamos de lado lo que fue y hablamos del hoy. Y vuelve Genalguacil, otro de los proyectos que continuará pronto y que ha convertido las persianas de este pequeño pueblo en arte y sus calles en un pueblo museo. “El arte para luchar contra la despoblación, en un proyecto que siempre está vivo porque son las persianas de las puertas de los vecinos”, recuerda con cariño. ¿Persianas?. “Pues sí, y he llegado a exponer una de ellas en un museo”, me dice. “Pero lo mejor es que la gente ha hecho suyo el proyecto”, continua.

La cultura como eje queda lejos de lo que es la realidad, asentimos. “Bueno una vez escuché que el arte es para una élite y solo unos pocos lo saben, yo creo que empiezan a valorarlo cuando lo hacen suyo y eso ya no se toca”, explica.

Y al final, ¿buscas la experiencia de algo distinto? “Despertar en el espectador algo más que una simple observación estética, que surjan nuevas preguntas. Yo creo que eso es lo que hoy prima, pero cuidado, ahí se llega solo con trabajo”, replica.

Y entonces descubro que además, a veces, da clases en la universidad. “Es lo primero que le digo a mis alumnos: cuanto antes sepáis que no vais a ser Picasso mejor os va a ir, trabajo y trabajo, no hay otra receta”, asiente. Porque puede que haya vías más fáciles para triunfar: la provocación, la inmediatez, la sociedad del espectáculo, pero eso no dará el don que hoy más valora Medina Galeote: la tranquilidad. “Decía Joan Hernández Pijuan, al que recuerdo con mucho cariño, que a veces el silencio puede producir el mayor de los ruidos. Y es así, provocar es fácil, pero es fugaz”, reflexiona.

Y no sabemos, si por lo bien que estamos o por la llegada de un curioso postre que une lo mejor del tiramisú y el bienmesabe antequerano, volvió la positividad a nuestra conversación. “Yo creo que sí que quedan muchas cosas por hacer en arte, sobre todo, con la idea de mejorar nuestro día a día”, explica.

Y con ese buen sabor, el que nos deja Tasca Frasquita, y la conversación, toca despedirse. No sin antes recordar aquella exposición de Vi como sucedía pero no hice nada. Un trabajo en el que se hablaba de los trileros. “Y definía dos tipos de personas: las que se dejan embaucar y las que intentan descubrir el truco. El segundo no disfruta, no le llega la magia”. Pues eso es el arte, ir más allá. Preguntarte, de las dos, qué tipo de persona eres.