Psicología

¿Cómo ayudar a un amigo?

Rocío Espinosa Antequerana de sentimiento, sampedreña de nacimiento. Psicóloga sanitaria por vocación, me apasiona mi profesión. Soy paciente, sensible, optimista, sociable.

Cuando alguien está pasando un mal momento, el estar ahí y responder de forma efectiva, no siempre es sencillo.

Los errores más comunes que suelen aparecer son:

Censurar emoción. No dar espacio para que pueda desahogarse, expresarse… “No llores”, “no pasa nada”, “no estés triste”, etc. Este tipo de frases que utilizamos con frecuencia con la mejor de las intenciones para calmar a la otra persona, consiguen censurar sus emociones.

De alguna manera estamos diciéndole que esa emoción está mal y esa persona se sentirá peor.

Decirle lo que tiene que hacer. Confundimos una conversación de desahogo con alguien que está pidiendo una solución. Solucionando un problema que nadie nos ha pedido que solucionemos. Y no necesariamente es así.

Suele ser habitual en las relaciones de pareja, cuando alguien necesita expresar emocionalmente lo que siente, la otra persona dirige la conversación hacia un espacio que el otro no necesita, ni busca, ni quiere.

¡Cuidado con dar soluciones, cuando nadie nos las está pidiendo!

Reforzar una imagen negativa de sí mismo. “Oye, estás fatal, ¿eh?”, “yo te veo muy mal”, “me estás preocupando”… de alguna manera el reflejo que estamos haciendo de cómo está la otra persona le devuelve al otro una imagen negativa de sí mismo y posiblemente le preocupe aún más. Es decir, ya no solo se siente mal, sino que se siente mal y está más fastidiado de lo que él/ella creía. ¡NO JUZGUES!

Consejos para brindar apoyo:

Darle espacio para que se exprese. Generar un espacio donde se puede desahogar. “Estoy aquí”, “desahógate”, “¿cómo te sientes?”, “¿hay algo más que te preocupe?”…

Preguntar antes de verbalizar mi opinión. En lugar de dar mi opinión como primera opción, debemos mostrar respeto hacia lo que necesita la otra persona y preguntar si quiere escuchar nuestra opinión, así le estamos dando la opción de poder desahogarse o de buscar una opinión. 

Permitir un espacio y un tiempo para solucionar lo que siente. Decirle que es importante que no tome una decisión ahora, ya, en este mismo instante; recordarle que tiene tiempo. Esto de alguna manera le quita presión a la otra persona, porque cuando conversamos creemos que tiene que haber un punto final sobre lo que estamos hablando y expresando. ¡No hace falta! Verbalizárselo  hará que disminuya la presión, y que se sienta mejor: “no hace falta que decidas ahora”.

Compartir experiencias. Una vez que se ha expresado, es importante que no se sienta solo o perdido con respecto a lo que siente. Podemos compartir experiencias que, aunque no sean iguales, nos hayan hecho sentir parecido. Así, la persona se sentirá aún más acogida, acompañada y comprendida. No se sentirá sola.

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