Pinceladas

Corpus y Feria de Mayo en 1866 

En 1866 la fiesta solemne del Corpus coincidió con la Feria de Mayo, motivo por el cual el Ayuntamiento decidió hacer una gran jornada festiva fusionando los dos acontecimientos y contando un programa especial. 

El miércoles 30 de mayo, a las doce de la mañana, se anunció el inicio de las fiestas con el repique general de campanas y  cohetes. Ya a las seis de la tarde salía de Santa Eufemia la imagen de la patrona, estrenando un trono que había costeado la Corporación Municipal.  

Se había dado orden de que los balcones de las casas más céntricas se adornasen con la bandera nacional y se había adornado también la Plaza de San Sebastián y el nuevo Parque del príncipe Alfonso. Los arcos delanteros del Paseo se decoraron con luces, formando caprichosas figuras y detrás de ellos se colocó una pared donde se expuso un muy rico y virtuoso altar. Aquella noche, en el espacio que hay en lo que hoy ocupa todo el edificio de San Luis y que en su tiempo fue una capilla votiva dedicada la virgen de los Remedios, se disfrutó de una preciosa velada de fuegos artificiales. 

El jueves 31, después del repique de campanas, se celebró la procesión del Corpus con una hermosa comitiva. Pero no fue menos la expectación y alegría que dieron los mil panes de kilo que se repartieron entre los pobres en las dependencias del Ayuntamiento. 

Una banda de música tocó por las noches en la Puerta del Hospital de San Juan para animar los días del Corpus y la Feria, lo que sirvió para que los vendedores de garbanzo, altramuces, pirulines y manzanas de caramelo hicieran su “mayo”. 

A los días de religión les seguirían los días de la Feria de Mayo (31 de mayo y 1 y 2 de junio), que se venía celebrando desde 1856 cuando se suprimió la de agosto del año anterior por motivo de la Peste. Aquella Feria improvisada cada año se asentaba más. 

Se determinó que las tiendas de feria ocuparían la calle Estepa, desde Carreteros y Comedias hasta la Alameda, y detrás del Arco de la Puerta de Estepa estuvieron los puestos de bebidas y buñolerías. El ganado lanar y cabrío se situó en la derecha del Paseo, a la salida del Arco. Los demás ganados, en las hazas vacías inmediatas a los Pingorotes. Por supuesto, la Feria se desarrolló libre de todos los derechos . 

«Desperdicios» y «Lagartijo» 

Los días 1 y 2 de junio hubo toros de la ganadería de D. Joaquín de la Concha y Sierra, de Sevilla, y de D. José de la Carrera de la Puebla. El alcalde, D. Antonio López de Gamarra, quiso darle a estas fechas el esplendor que se merecían trayendo a dos grandes maestros de la tauromaquia del momento. Los espadas fueron Manuel Domínguez, alias “Desperdicios”, y Rafael Molina, el “Lagartijo”, ambos acompañados de sus cuadrillas. En el primer día “Desperdicios” dejó que sus subalternos mataran la mayoría de los toros que le correspondía. 

El segundo diestro, “Lagartijo”, era una figura muy esperada por el buen arte que demostraba en sus actuaciones. Agotó las entradas para la corrida: la comunicación ferroviaria desde Córdoba a Málaga hizo posible que el aforo de la plaza quedara pequeño por la cantidad de cordobeses que vinieron a ver al que sería después el Gran Califa. 

 

MAS Y MEJOR: 

El Sol de Antequera. 28 de abril y 5, 12, 19 y 26 de mayo. 

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