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Cristóbal Ramos, Ultraman

En junio de 2013 la vida de Cristóbal Ramos (Villanueva del Rosario, 1984) cambió para siempre. Una mala caída con la bicicleta de montaña mientras entrenaba para una prueba lo dejaba en silla de ruedas, con 28 años y esperando el nacimiento de sus hijas gemelas. Tras siete meses ingresado en la planta de lesionados medulares del Hospital Virgen de las Nieves de Granada, donde tuvo que aprender a adaptarse a la que sería su nueva situación, apostó por seguir adelante y ser lo más independiente posible. Lo hizo con el crucial apoyo y ayuda de su familia. Ahora, con los nombres de sus hijas como motor en sus brazos y trabajando codo con codo con su entrenador, Manuel Varo, ha conseguido ser el primer andaluz con lesión medular en completar la prueba más exigente del triatlón: un Ultraman.

Foto. Samuel Ruiz

Eres el primer andaluz con lesión medular que ha completado un Ultraman. ¿Cómo nace este reto?

Al ser este año tan difícil en lo que a competiciones se refiere, estuvimos pensando qué hacer y se nos ocurrió que podría ser un reto, así que nos lanzamos al Ultraman, al que quisimos dar también un importante componente solidario. Estuvimos algo más de tres meses preparándolo y, al final, nos pusimos con él y salió bien.

¿En qué consiste exactamente esta prueba?

Un Ultraman es un triatlón de larga distancia que se completa en tres días. En nuestro caso hicimos el primer día, el 2 de octubre, los 10 kilómetros de natación en el pantano de El Chorro, y 120 kilómetros en bicicleta. Al día siguiente, 240 kilómetros en bicicleta y el último día, el 4 de octubre, terminamos con 84 kilómetros de carrera, en mi caso alternando silla y handbike. Es muy duro porque son muchos kilómetros en tres días, y yo lo hago solo con los brazos.

“Si me propongo algo, lo consigo”

¿Qué es lo que más te ha costado?

Lo que más me ha costado ha sido el agua porque este año, debido al confinamiento, no he podido entrenar tanto como me hubiese gustado. Era la prueba que más temía. Al final fueron tres horas y media nadando, más lo que paras, un total de más de cuatro horas en el agua, pero por suerte salió bien. Los kilómetros en bici, aunque son duros, los llevaba mejor porque es a lo que estoy más acostumbrado. Ahí estoy en un hábitat natural. También me ha ayudado no dejar de entrenar en el confinamiento, aunque tenía que hacerlo con los rodillos, y la natación haciendo ejercicios con gomas, que no es lo mismo.

Aunque este puede ser uno de los retos más especiales, la verdad es que has cosechado victorias en competiciones muy importantes. Si tuvieses que destacar un campeonato, ¿cuál sería?

La verdad es que hemos tenido suerte y a nivel andaluz, nacional e internacional hemos estado en pódiums y tenemos varias medallas. Creo que el más especial de todos fue el primer Campeonato de España que gané. Era el primer año que hacía triatlón, conseguí el segundo puesto en el Andaluz y nos fuimos al de España a ver cómo iba, y lo gané. Fue muy especial para mí, mi familia y mi entrenador porque no lo esperábamos. Este año, la última prueba que hice antes del confinamiento fue el Campeonato de Europa de duatlón que conseguí ganarlo también. Ha sido otro campeonato muy especial porque este año lo tenía centrado exclusivamente en él y, por suerte, se pudo celebrar. Fue justo el fin de semana antes del confinamiento. También hemos hecho retos muy interesantes como la carrera de obstáculos de 10 kilómetros de Iznájar, donde me llevaban en una especie de canastilla e íbamos haciendo las pruebas. Si me propongo algo, lo consigo.

¿Cuál dirías que es el secreto para conseguir estos resultados?

Lo primero es no obsesionarse con ganar o con ganarle a alguien, sino tratar de superarte a ti mismo. Porque al final, día a día, uno mismo es su máximo rival. Si mañana soy capaz de ser un poco mejor de lo que he sido hoy, ya me he superado. Si llegas a una competición y consigues estar entre los tres primeros, o conseguir buenos resultados, ya te has superado a ti mismo. Pero es importante no obsesionarse con los resultados ni con los demás.

Hace siete años cambió tu vida. Tú ya practicabas deporte, ¿cómo fue esa adaptación para volver a hacer deporte después del accidente?

Fueron las ganas de seguir hacia adelante y pensar que la vida seguía. Si a mí me gustaba el deporte, ¿por qué por esta situación iba a dejar de practicarlo? Las ganas de superarme fueron las que me hicieron volver a coger una bicicleta. Y si antes era con las piernas, ahora sería con las manos. Ahora mis brazos son mis piernas, sirven para las dos cosas.

“Las ganas de superarme fueron las que me hicieron volver a coger una bicicleta. Y si antes era con las piernas, ahora sería con las manos”

¿En qué crees que te ha ayudado el deporte?

El deporte te ayuda física y emocionalmente. Si te dejas y decides no hacer nada, te vuelves una persona dependiente, pero el estar físicamente bien te ayuda a no tener que depender de nadie.  Emocionalmente te ayuda a ver que, aunque estés en esta situación y tengas limitaciones, puedes. Yo tengo algunas limitaciones pero, básicamente, lo que me propongo, lo hago.

Foto. Samuel Ruiz

Un día se cruzó en tu camino Manuel Varo, tu entrenador. ¿Qué ha supuesto para ti?

Cuando salí del hospital comencé a practicar deporte solo, salía un rato, entrenaba un poco… Pero un día fui a su tienda, Sobre 2 Ruedas Bikes, le conocí, y se ofreció a ser mi entrenador. Ahora no es mi entrenador, es mi amigo. Me acompaña, me guía en los entrenos, vamos a competiciones, me soluciona lo que haga falta. Es una persona maravillosa. Me ha hecho mejor deportista y mejor persona. Tengo mucho que agradecerle.

Al empezar a entrenar de nuevo, ¿pensaste alguna vez que competirías al nivel que lo estás haciendo?

La verdad es que cuando empecé, no. Pensaba que sería para mantenerme en forma y estar activo para ser independiente, pero no creí que fuese a llegar a este nivel, aunque sí me atraía mucho la competición.

Mirando al futuro, ¿qué retos te quedan por conseguir?

Como a cualquier deportista que compita un poco me gustaría llegar a unas Paraolimpiadas, pero hay que ser realista y eso es complicado, sobre todo en mi disciplina, el triatlón. Necesitas mucho dinero para viajar mucho, hacer pruebas para tener puntos y, si no tienes patrocinadores o las propias federaciones no te apoyan, es complicado. Pero vamos a intentarlo. La idea está ahí.

¿Cómo es tu día a día?

Entreno seis o siete días a la semana, sobre todo por las mañanas, durante tres o cuatro horas, aunque a veces doblo los entrenos por la tarde. Cuando acabo, intento dedicarme lo máximo posible a mi familia: mis niñas, mi mujer y mis padres. Aunque esto no lo quiere nadie, me ha brindado tener más tiempo para ellos y disfrutarlas más.

Foto. Samuel Ruiz

La vida en silla de ruedas puede ser especialmente complicada cuando se vive en un pueblo. ¿Qué barreras te encuentras?

Mi pueblo, Villanueva del Rosario, no está nada adaptado, aunque poco a poco se van haciendo cosas. En las ciudades sí que hay más conciencia y se está trabajando algo más, pero en los pueblos es más complicado. Al final, no puedes entrar en la farmacia, acceder al cajero o entrar en muchas tiendas o subirte a las aceras. Las limitaciones que tienes están agravadas muchas veces en este sentido porque no te ayudan.

En alguna ocasión has dicho que el motor de tu vida es tu familia, en especial tus hijas gemelas. ¿Qué crees que opinan de su padre? ¿Cómo ha sido el apoyo que has recibido de tu familia?

Ellas son aún pequeñas y no sé que pensarán de mi, pero la verdad es que me quieren mucho. El apoyo de mi familia ha sido fundamental, es lo que me ha hecho seguir hacia adelante. Mis padres, mi mujer, mi hermano… siempre han estado ahí en todo momento, apoyándome, y en todos los proyectos que me marco están conmigo. Mi padre, por ejemplo, me acompaña a todas partes. Les estoy muy agradecido, toda la fuerza que saco es gracias a ellos. Cuando se tiene un accidente de este tipo, que cambia la vida de forma tan radical, no solo me afecta a mí. Pienso en mis padres y sé que se llevaron un mazazo muy grande, y ahora con mis hijas me doy cuenta de verdad. Imagínate ver a tu hijo en silla de ruedas, es muy duro. Pero nos hemos apoyado los unos a los otros. Hay que seguir hacia adelante, ya no hay que mirar hacia atrás.

“Si mañana soy capaz de ser un poco mejor de lo que he sido hoy, ya me he superado”

Volvamos al inicio. El Ultraman tenía un importante componente solidario, ¿por qué decidís hacerlo así?

Fue a través de Manuel Varo, que ha sido monitor en ADIPA y tiene muy buena relación con ellos. Quisimos que tuviese este carácter solidario para ayudar al programa de transición a la vida adulta a través del deporte que tienen en la asociación y que está dando muy buenos resultados.

¿Crees que tu historia sirve de inspiración para personas a las que le cambie la vida, por el motivo que sea, como te pasó a ti?

Me gustaría que fuera así. Creo que puede servir de motivación para que ayude a salir de cualquier problema que se pueda tener, no solo por estar en silla de ruedas, sino por cualquier otro motivo. Todos tenemos problemas y, si no es de una manera o de otra, hay que ver que la vida sigue, y ver historias así puede servir de inspiración. Eso me ha pasado a mí, yo también he conocido historias motivadoras que me han animado a seguir adelante, y me gustaría que la mía también fuese una de ellas.