Mollete Kolektiv

Daniel Soler. Hípsters: crónicas de la nostalgia del lodo

Texto:
Sergio Chicón
Ilustración:
Gema P.M. (Hamartia)

Desde Mollete Kolektiv queremos aprovechar este espacio para dar a conocer a jóvenes de la ciudad con un talento especial. Este mes os traemos a Daniel Soler, que nos presenta su primer libro: Hípsters: crónicas de la nostalgia del lodo.

Daniel Soler Curiel (Antequera, 1992), graduado por la Universidad de Málaga en Traducción e Interpretación, presenta su primer libro bajo el título Hípsters: crónicas de la nostalgia del lodo, ilustrado por nuestra artista local Gema Hamartia y que espera poder publicar próximamente. A continuación os dejamos la entrevista en la que nos habla sobre esta obra literaria.

¿Por qué decidiste escribir este libro?

Por dos razones. La primera es de índole intelectual. Buena parte de mi juventud la dediqué a leer las obras de Kerouac, Ginsberg y Burroughs. Me llamaba mucho la atención cómo un concepto de los años 40 había resucitado en nuestro siglo y quería investigar la conexión entre ambos fenómenos.

La segunda es más personal, aunque esto lo he ido descubriendo a lo largo de la redacción del libro. El hípster es un joven idealista que pretende habitar un mundo imposible, aquel ausente de responsabilidades con el mundo exterior, una provincia intelectual como la del libro El juego de los abalorios, de Herman Hesse, en la que sus residentes se dedicaban a cultivar únicamente su espíritu y no tenían ninguna ocupación profesional. He escrito este libro en el quicio que separa la juventud de la madurez, durante esa etapa en la que uno descubre que tiene que serle útil a la sociedad y los sueños de juventud han de convertirse en hobbies de adulto.

¿Dónde sitúas la aparición primera de este fenómeno?

El afán del hípster por la autenticidad y desmarcarse del resto aparece, en primer lugar, en el entorno de los músicos negros de jazz. Muchos de ellos estaban hartos de que los blancos les copiasen su estilo y lo comercializaran -―lo que ahora llamaríamos apropiación cultural- y querían crear un tipo de música que solo ellos conocieran. Fue así como nació la variante bebop, con sus ritmos rápidos e improvisados. Aquellos músicos o aficionados que estaban al tanto de esta última tendencia se llamaron “heps”, luego “hips”, y finalmente “hípsters”.

Por su parte, el fenómeno de masas surge entre los jóvenes blancos. La mayoría de ellos pertenecían a familias de clase media cuyos padres se podían permitir alargar la adolescencia de sus hijos, especialmente a través de los estudios superiores. Estos jóvenes, en un intento por rebelarse contra sus padres y demás representantes del sistema -a quienes ellos llaman squares (cuadriculados)-―, comienzan a vestir y simulan vivir como los más marginados de la sociedad, es decir, la población negra. A partir de entonces, hípster será aquel blanco que viste con ropas raídas, fuma marihuana y practica sexo sin compromiso.

“El hípster es un joven idealista que pretende habitar un mundo imposible”

 

¿Qué causas has encontrado en tu estudio del nacimiento de la contracultura?

La contracultura es un levantamiento de los primeros jóvenes de clase media contra sus padres. Al haberse criado en la opulencia, desprecian el dinero porque lo consideran una forma de envilecimiento. Este rechazo de los valores dominantes se traduce automáticamente en un anhelo por las culturas primitivas, es decir, en una nostalgia por el lodo, por el fango, por esa etapa de la humanidad en la que supuestamente todo era inocente y no estaba tocado por la maldad.

¿Dónde situarías la importancia de la música en los distintos movimientos de la contracultura?

La música es el catalizador del fenómeno. Por un lado, sirve como elemento de cohesión para los jóvenes por su enorme poder de trasmisión sin apenas exigencias eruditas. Por otro lado, es un factor esencial para generar atmósferas de trance psicodélico, similar a los cantos y los tambores en las ceremonias amerindias. Sin la música no habría existido la contracultura.

¿Qué crees que se ha mantenido en la cultura popular de hoy en día del movimiento hippie?

El postureo, por decirlo rápido y suave. Este deseo de que los demás piensen que somos aquello que a nosotros nos gustaría ser. Instagram es la herramienta perfecta. La paradoja del hípster es que en su búsqueda de autenticidad no consigue más que participar en fenómenos masivos.

Si estáis interesados en conocer más sobre la obra de Daniel y ayudarle a publicarla, pincha aquí 

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