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Desmontando a Mr. Wonderful 

María Molina
Antequerana desde el 88.
Diseñadora de moda por titulación e inquieta por condición. Me gusta crear, leer, investigar y después venir aquí a contarlo. ¿Un bombardeo sin casco? ¡Me apunto!

Anoche me desperté en mitad de la madrugada, tenía sed y buscaba dormida el vaso de agua en mi mesita de noche. Insisto, dormida. Y de madrugada. Os podéis imaginar el desastre que se produjo. Manotazo al vaso de agua, mesita inundada, mi libro flotando, el vaso al suelo hecho pedazos, mi perra ladrando al borde del infarto y chispazo al encender la luz porque la catástrofe alcanzó el enchufe de la lamparita. 

En un momento podría haber muerto de un paro cardiaco, electrocutada o de un golpe al resbalarme con el charco del suelo. Y en medio de esa situación, con el corazón a mil, indefensa y –aún– dormida, recojo todo lo que hay en el suelo y descubro un pequeño dibujo que tiene mi nuevo cargador del móvil (también mojado) en el lateral. Atentos a lo que tuve que leer en un momento tan agradable: “Yo tengo el POWER”, acompañado de una pila con ojos felices y una sonrisa tan grande que me resulta insultante y creo que se está riendo de mí literalmente. ¿Pero qué POWER? ¿Me estás viendo, pila de los cojones? ¡Si casi me muero por tener sed a las tres de la mañana! 

Esta tendencia –que odio, por si no lo habéis notado– de poner mensajes positivos en absolutamente todo lo que nos rodea es absurda. Si me levanto con el pie izquierdo, cansada y pensando en volver a la cama lo antes posible, ¿por qué tengo que aguantar que una taza me diga que hoy va a ser un día maravilloso? NO VA A SER UN DÍA MARAVILLOSO. Es lunes, me acabo de quemar la lengua con el café, tengo trabajo como para pedir ayuda a los ratoncitos de Cenicienta y por la tarde tengo dentista. 

¿Te quieres cambiar por mí, unicornio sonriente? No, ¿verdad? PUESCÁLLATELABOCA. 

Y es que no pasa nada por no ser positivo, no pasa nada por quejarnos y ser conscientes de las limitaciones que tenemos como seres humanos, aceptar el fracaso, que nuestra vida a veces es una mierda y que soñar con algo no va a hacer que ocurra. Analicemos alguna de las frases que he descubierto haciendo un trabajo de investigación muy minucioso: 

Agenda anual, semana vista y llena de colores y pegatinas, ¿su lema? ¡Cada día es una fiesta! ¿Una fiesta? ¿Pero esta agenda qué fuma? Vente conmigo a trabajar un día y verás la fiesta, campeona. Acabaría cambiando el título a “Piedad, llevadme al contenedor de papel”. 

Copa de vino con la siguiente inscripción: “Este novio divino merece una copa de vino”. Con la mano en el corazón, alguno a veces se merece más bien una guantá con la mano abierta, aunque las penas con vino son menos penas, eso es verdad. Yo mejoraría infinitamente el texto, mi copa sería más bien: “Ya me bebo yo el vino, hoy estoy que trino”. Top ventas. Seguro. 

“¿Por qué tengo que aguantar que una taza me diga que hoy va a ser un día maravilloso? NO VA A SER UN DÍA MARAVILLOSO»

Pijama “Todos los días son buenos días”MEN-TI-RA. Los días de mierda también existen, normalicemos que se pueden tener días malos, días de esos en los que desde por la mañana temprano tienes ganas de ahogar a alguien, que el vaso está tan lleno que al pobre que lo colme le vas a escupir fuego. No todos los días son buenos días, no.  Y, además, que esto lo diga una almohada que salta en la cama y sonríe es insultante. Supongo que está contenta porque ella no tiene que levantarse en todo el día, ¿no? Yo quiero un pijama realista, que me prepare para la vida. Cuando me mire al espejo recién levantada prefiero leer : “Verás lo que te espera hoy, guapa. Tira pa la ducha”. Y ya está, sale una por la puerta con otro cuerpo, las cosas como son. 

Taza para regalar, su mensaje: “Suegra, ¡qué suerte tenerte!” Para este artículo hasta yo me he quedado sin palabras, y evidentemente sin frase de sustitución. O quizás sí… ¿Os imagináis la cara de la suegra de turno si recibe una taza llena de sinceridad por su cumpleaños? “Eres un coñazo de suegra” o “A tu hijo le gustan más mis croquetas pero te tiene miedo”. Al final monto una marca, veréis. 

Kit de paletas para cocinar, típico regalo que haces a alguien que se acaba de mudar, ¿no? ¿O alguien de verdad se compra esas cosas para sí mismo? A lo que voy, en todas ellas pone: “Eres un cocinillas, todo te sale a las mil maravillas”Se las voy a regalar a mi padre, que tiene aún serias dificultades para localizar el botón de encendido de la vitrocerámica, a ver si además de absurdas son milagrosas y consiguen que fría un huevo sin prender fuego a la casa. Creo que eso sí le saldría a las mil maravillas.   

Tras toda esta investigación, me imagino el proceso de selección de los creativos de estas marcas, en el que a los candidatos les someten a situaciones cotidianas que a todos nos sacan de nuestras casillas: despertarlos con un sonido horrible por la mañana temprano, que se acabe el agua caliente en la primera ducha del día, que se le siente un tío sudado al lado en el bus cuando hay sitio de sobra lejos de él, que cuando pida una caña en el bar estén cambiando el barril y te pongan solo espuma…  

La prueba final para encontrar a los colegas hiperpositivos de Mr. Wonderful es que pisen una caca por la calle; el elegido seguro que es de esas personas absurdas que dicen: «¡Si eso da buena suerte!» Incluso lo veo haciendo una rima para su siguiente creación, ya sea taza, libreta o pijama de pelito: “Has pisado una caquita, vas a tener un día perita”. Lo perita va a  ser quitar los restos de tu zapato, chaval… ¡EL TRABAJO ES TUYO! 

Y es que no se puede vivir instalado en la positividad, es agotador. Puede que sí, que todo tenga su parte positiva, pero la negativa existe, está ahí acechándonos cada día, y sinceramente creo que es la sal de la vida. Porque para tener buenos días hay que tener días de mierda, y no pasa nada por decirlo, por llorarlos o incluso reírnos de nuestra mala suerte. No hay nada más bonito que llegar a casa después de un mal día y desahogarte con tu familia, sin que una taza, el pijama o un cargador de móvil te hagan sentir mal por sentirte mal. La vida puede ser maravillosa, pero, gracias al cielo, no siempre lo es