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Desmontando a Vilma Picapiedra

La arqueóloga y profesora antequerana Margarita Sánchez Romero estudia el papel de la mujer en la Prehistoria

Imagina una escena: Altamira, hace 20.000 años, los primeros homo sapiens dibujando en las paredes lo que hoy se conoce como la Capilla Sixtina del arte paleolítico. ¿Quién dibuja? Una mujer con su hijo en brazos. ¿Y cómo sabemos que es una mujer? No lo sabemos, al igual que tampoco hay ninguna certeza de que fuera un hombre. ¿Quiénes eran los protagonistas de tu escena?

 

ARQUEOLOGÍA DE LAS MUJERES. A esto se refiere la arqueóloga y profesora antequerana Margarita Sánchez Romero cuando habla de Arqueología de las Mujeres o Arqueología de Género. Profesora de la Universidad de Granada y presidenta de la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres (AEIHM), Marga es pionera en el estudio de las mujeres y los niños en las sociedades prehistóricas. ¿Por qué? “La historia la han escrito casi exclusivamente los hombres. Eso ha hecho que se pongan en primera fila, mientras que las mujeres aparecemos en una posición secundaria”, señala. “Cuando una niña va a un museo y se encuentra con que casi todas las representaciones que hay son de hombres, no se siente identificada y entiende que ella no participó en el proceso histórico. Eso nos sitúa en una situación de desigualdad y, además de ser injusto, no es cierto, porque las mujeres siempre hemos estado en el centro de la vida social de cualquier comunidad”, explica.


En este sentido, reivindica que a las mujeres siempre se les ha estereotipado como madres y con todo lo que tiene que ver con el cuidado. “El problema es que eso se ha minusvalorado históricamente porque parece que son trabajos que no necesitan experiencia, ni conocimiento, ni habilidad, ni suponen una innovación tecnológica. Estas actividades tienen que ver con el mantenimiento de la vida, la preparación del alimento, el cuidado de aquellos miembros del grupo que por razones de edad o enfermedad no pueden cuidar de sí mismos… todas esas actividades que hemos denominado domésticas y que hemos considerado que no son importantes, pero son procesos cargados de tecnología”, dice. “No hay más tecnología en la producción de un útil metálico que en la producción de un alimento, y sin embargo la producción de un útil metálico ha tenido mayor relevancia histórica porque estaba atribuida a los hombres”, sostiene.

INVESTIGAR EN CLAVE FEMINISTA. Margarita se encontraba realizando su tesis doctoral sobre la tecnología y tipología de la industria lítica de un yacimiento cuando se produce lo que ella llama “mi caída del caballo”.

“En los resultados me di cuenta de que había visto muchas piedras y poca gente, y al fijarme en quién estaba detrás de esos objetos vi que había muchos que tenían que ver con el tratamiento de las pieles, la cocina y otro tipo de trabajos que no estaban puestos en primera plana, como sí lo estaban las puntas de flecha, las dagas o las lanzas. Nadie se estaba preocupando por incluir a las mujeres en los discursos históricos. Terminé la tesis y no he vuelto a mirar ni una piedra más”, comenta.

En ese momento, comenzó a formarse en Arqueología de Género, un campo muy desconocido en aquella época –la primera publicación con estas características data de 1984, y en España se empieza a hablar de esto a principios del 2000-.

Se marchó a Reino Unido a estudiar en la Universidad de Durham, y a la vuelta comenzó a movilizar a personas interesadas, organizando en 2003 el primer curso que se hizo sobre Arqueología de Género “para generar redes, porque era muy importante que nos conociéramos”. A partir de ahí, comenzaba un trabajo que, a día de hoy, se encuentra dando sus frutos. “Lo que se ha hecho con la Arqueología de Género en este país en 19 años es brutal”, asegura.

LA IMPORTANCIA DE DIVULGAR. En su afán por cambiar la sociedad, Marga ha entendido muy bien la importancia de divulgar su trabajo y hacerlo por vías poco convencionales. Así, colabora activamente con la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Granada y ha participado en actividades como ‘Granada, Ciudad de la Ciencia’, Café con Ciencia o Pint of Science. Además, ha intervenido en programas de televisión y radio como El Radioscopio, ConCiencia, Los Reporteros, Tesis o Para todos la 2.

“La historia la han escrito casi exclusivamente los hombres. Eso ha hecho que se pongan en primera fila”

Aunque, quizás, lo que más llama la atención sea su etapa como monologuista. En el año 2017 participó en el concurso internacional de monólogos científicos FameLab, organizado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), el British Council y La Caixa. “Me lo propusieron desde la Universidad y les dije que estaban locos. No es lo mismo hacer una clase que un monólogo, te sales de tu zona de confort. Al final lo hice por no decirles que no, y a partir de ahí es cierto que me han llamado de muchas actividades de divulgación. Digamos que le he cogido el truco, tienes que usar un lenguaje distinto, otros recursos, pero nunca puedes bajar el nivel de conocimiento”, cuenta.

IGUALDAD. Al final, lo que esta arqueóloga busca entre las piedras es una sociedad más igualitaria. ¿Quién sabe si, en la Prehistoria, aquellas sociedades gozaban de una mayor igualdad entre hombres y mujeres que la sociedad actual? “El problema con las sociedades en el pasado no es que sean más o menos igualitarias que las nuestras; el problema es que hemos considerado que somos desiguales porque ya lo éramos en el pasado. Hemos decidido eso y no se ha puesto en duda nunca”, lamenta.

“El problema es que hemos considerado que somos desiguales porque ya lo éramos en el pasado”

Esta es la batalla que Marga ha elegido en su vida, con la Arqueología como arma poderosa para la transformación social. El pasado para abordar el presente y construir el futuro, un futuro que prevé una igualdad real dentro de 200 años. Mientras tanto hay que seguir trabajando, porque aún queda mucho por hacer. Margarita tiene claro el camino: “solamente equilibrando el conocimiento que tenemos de mujeres y hombres podremos construir un presente más igualitario”.

MONOLOGUISTA CIENTÍFICA. Margarita Sánchez Romero fue finalista en 2017 del concurso internacional de monólogos científicos FameLab, habiéndose clasificado con su monólogo ‘En busca de la arqueología perdida’. A la final, celebrada en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) de Alcobendas (Madrid), acudió con ‘Desmontando a Vilma (Picapiedra)’, dos monólogos con los que intenta concienciar, en clave de humor, de la importancia de investigar el lado femenino de la historia. Desparpajo, sentido del humor y mucha intención.