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Diego Moyano. Parando el tiempo

Su nombre está escrito con letras de oro en la historia del balonmano español. Diego Moyano Chicoy (Alicante, 21 de enero de 1971) no se conforma con ser el portero con más paradas en la historia de la Liga ASOBAL, sino que quiere seguir batiendo récords. El guardameta del BM Iberoquinoa Antequera acaba de cumplir 50 años y ahí sigue, bajo la portería del Fernando Argüelles, demostrando que aún le queda cuerda para seguir parando… hasta el tiempo, si hiciera falta. 

Foto Raúl Pérez

En 2018 ya eras el abuelo de ASOBAL. Hace unos días cumpliste 50 años y sigues jugando al balonmano. ¿Te caíste en la marmita de la eterna juventud? 

La verdad es que son cosas que no te planteas. Ni yo, ni ningún deportista. Tú empiezas pero esto el día que se acaba, se acaba, y tampoco hay una meta. Desde hace ya mucho tiempo en lo que pienso es en terminar el año y, si las circunstancias se dan y el físico y las ganas me acompañan, pues seguimos. 

Más de 25 años de carrera, 13 equipos, más de 500 partidos en ASOBAL… ¿Dónde encuentras la motivación para seguir? 

Quizás sea una característica que tengo, que no me cuesta mucho encontrar una motivación. Mi vida siempre ha estado ligada al deporte, y no solo al balonmano. He practicado muchos deportes y siempre tengo ese espíritu competitivo y, sobre todo, de divertirme, porque yo creo que es imposible pasar cierta edad sin que el concepto de diversión esté por medio. Si no disfrutas, no le veo sentido. 

¿Perder esa motivación fue lo que te hizo retirarte en 2016? 

No, yo me retiré simplemente porque las cosas que se hicieron en su día en Benidorm no concordaban con lo que yo pensaba. El entrenador que tenía por entonces decidió que no contaba conmigo y fue un poco decepcionante, porque mi retirada yo la veía uno o dos años después. Todavía me encontraba bien, me sentía con ganas y creía que podía seguir. Es más, después de un año y medio retirado volví a jugar y se demostró que sí que podía seguir. Y yo creo que de ahí salió el volver a ilusionarme con el balonmano y volver a divertirme. 

“ES IMPOSIBLE PASAR CIERTA EDAD SIN QUE LA DIVERSIÓN ESTÉ POR MEDIO” 

¡Volviste a las pistas con 47 años! 

Sí, porque tuve una despedida muy agridulce. Después de más de 20 años al máximo nivel, el irme por la puerta de atrás no me dejó un buen sabor de boca, por eso cuando el Cangas me ofreció la oportunidad de volver vi ahí también una oportunidad para resarcirme de lo que había pasado y poder despedirme con buen sabor de boca. Es más, tan buen sabor de boca me dejó que todavía no me he retirado (ríe). 

Huétor, Málaga, Valladolid, Alicante, Gáldar, Valencia, Torrevieja, Toledo, Pamplona, Antequera, Cuenca, Guadalajara, Benidorm, Cangas… le has dado la vuelta a España. ¿Dónde crees que has pasado tus mejores años? 

Depende, porque ha habido de todo. Años que deportivamente han sido muy buenos y otros personalmente. Quizá el equipo que tuvimos en Gáldar era muy potente competitivamente hablando y además fueron tres años en los que estuvimos compitiendo con los más grandes, quedamos cuartos de la liga, competimos en Europa, llegamos a semifinales… y después la vida en Canarias era fantástica. Mi hijo pequeño nació allí, e intento siempre volver de vez en cuando. Después ha habido otros equipos, por ejemplo Toledo, donde las metas no eran ni mucho menos las que se podían plantear en Gáldar, pero sí que el sacrificio te recompensaba de una manera muy bonita. Los compañeros tuvimos una relación prácticamente de familia, y fueron también tres años donde se cumplieron muchos objetivos, porque me ficharon para subir a ASOBAL y en dos años subimos y, el siguiente, nos mantuvimos. Y otro sitio en el que siempre he estado muy bien es en Antequera. 

Tiene que ser muy especial Antequera porque llegaste por primera vez en 2011 coincidiendo con el último año de ASOBAL, en el peor momento económico, sufriendo impagos… y sin embargo años después decides volver. ¿Por qué? 

La primera vez que vine aquí venía de Anaitasuna, donde tuve la única lesión que he tenido en mi vida. Me rompí la rodilla y, sinceramente, las cosas no se hicieron allí como éticamente se tenían que haber hecho. Me vi recuperándome de la rodilla en verano sin equipo y salió la opción de Antequera. Yo sabía que habían pasado dificultades el año anterior, pero tampoco había mucho más donde escoger dado mi estado. Llegué aquí sabiendo que la temporada podía ser difícil, pero bueno, se hizo un equipo más o menos competitivo pero los resultados no llegaron y a eso se unieron después los problemas económicos, los impagos, problemas de patrocinio… Al final, sinceramente, yo estaba encantadísimo con la vida aquí, igual que mi mujer, mis hijos… Antequera es el sitio donde mejor lo hemos pasado, pero en el aspecto deportivo fue una pena que un equipo como el que teníamos no pudiera competir en igualdad de condiciones con el resto de equipos de la liga… ¡y aun así fuimos el equipo que que ha descendido con más puntos en la historia de ASOBAL!  

Después de aquello siempre hemos querido volver a Andalucía y con el tiempo, Lorenzo Ruiz habló conmigo y llegamos a un acuerdo para que viniera a jugar mientras estaba trabajando. Lo que pasa es que ahora por circunstancias laborales me he tenido que ir a vivir a Granada, pero si no viviría aquí. 

«ANTEQUERA ES EL SITIO DONDE MEJOR LO HEMOS PASADO» 

El problema es que un jugador de balonmano tiene que compaginar el deporte con otro trabajo. Tú has vivido la época dorada del balonmano en España y estás viviendo la de ahora… ¿Hay que estar muy loco para dedicarse a este deporte? 

Yo he vivido las tres épocas. La primera de los inicios de la ASOBAL, que eran equipos que no tenían grandes presupuestos pero técnicamente sí que había muy buenos jugadores. Todos los equipos tenían un par de extranjeros de mucho nivel, y los de la casa normalmente solían compaginar con otros trabajos. Poco a poco este deporte se fue profesionalizando y vino la época dorada, cuando fuimos la mejor liga del mundo y todo el mundo quería venir a España a jugar. Por desgracia esa liga se sustentaba en patrocinios relacionados con la construcción, y cuando llegó la crisis el dinero se acabó. De todas formas en balonmano, si no eres uno de los 20 tops, es muy difícil que tengas la vida resuelta y algo hay que buscarse después porque por desgracia no es el fútbol, ni el baloncesto, ni el tenis, ni nada de eso. ¿Que es injusto? Sí, porque el trabajo que tú realizas puede ser igual o mucho más que cualquier otro deporte y el sacrificio que has hecho en tu vida no se ve recompensado una vez que terminas. En la época dorada se tendría que haber hecho algo estructuralmente para asegurar esas situaciones, para tener un sistema de protección del jugador que se ha intentado hacer pero de forma muy limitada. 

Foto Raúl Pérez

¿Y hay que estar aún más loco para ser portero de balonmano?  

Es un puesto diferente. Psicológicamente tienes que estar siempre muy concentrado; no digo que los jugadores no lo tengan que estar, pero sí que se necesita un nivel de concentración mayor. Es un puesto muy agradecido cuando tienes un buen día, pero muy desagradecido el día que no. También hay que saber llevarlo, y a mí es algo que me gusta; me resulta bonito saber que por mi concentración, por mi técnica, por lo que he entrenado, soy capaz de frenar a un equipo con la ayuda de la defensa, es bonito tener el duelo del lanzador contra el portero… son cosas que hacen que este puesto sea más atractivo, por lo menos para mí. 

Es un puesto muy exigente también físicamente. ¿Se levanta igual la pierna con 20 años que con 50? 

Pues en contra de lo que cree mucha gente, la elasticidad es una de las pocas características del músculo que se ganan con la edad. Yo con 18 años era bastante menos elástico que ahora. Pierdes potencia, pierdes recuperación… pero la elasticidad no se pierde, la elasticidad si se trabaja, se mejora. 

Eres el portero con más paradas en la historia de ASOBAL. ¿Te consieras una leyenda? 

Hombre, es bonito. Para un portero como yo, que no ha tenido tanta relevancia mediática, tener ese título te hace ver que las cosas no han ido mal, que tu esfuerzo ha servido para algo y que, aunque sea un número, estás ahí registrado. Pero al final, los records están para batirlos y llegará el día en que me batan el de longevidad, el de paradas… pero que me quiten lo bailao. 

Imagino que cuando un jugador se planta en 7 metros y ve a Diego Moyano, se le cambia la cara. ¿Contra quién se le cambia la cara a Diego Moyano? 

Bueno, date cuenta que yo he tenido enfrente a los mejores jugadores del mundo. Hay muchísimos, muchos con los que he jugado en contra y otros como compañeros, y la verdad es que ha habido jugadores que dices… ¡uf! Yo me acuerdo de Yakimovich, o de Peruničić, o de Jackson Richardson… esos sí que son leyendas mundiales y te da cierto cosquilleo pensar «ahí estaba yo». 

Y también entrenadores, porque has tenido a los mejores. 

He tenido de todo, pero hay muchos de los que he tenido que se están viendo ahora en el Mundial; por ejemplo, Jordi Ribera. Los años que estuve con él en Gáldar todos sabíamos que era un crack, y ha esperado a la situación que él ha visto más conveniente para dirigir a la Selección Española. Es uno de los mejores entrenadores que he tenido, igual que he tenido a Manolo Laguna, a Mateo Garralda –que ahora también está con la Selección de Chile–, a Juan Carlos Pastor lo tuve en Valladolid, y luego David Davis, que es seleccionador de Egipto, fue compañero mío, y Chema Rodríguez también fue compañero mío… España es un referente en cuanto a entrenadores, y eso habla muy bien del balonmano español. 

Has sido internacional absoluto, has logrado ascensos, clasificaciones europeas, un Bronce en los Juegos del Mediterráneo… ¿Echas de menos haber conseguido algún título? 

¿A quién no le gustaría tener mas títulos? Hasta el que más tiene querría tener más. Pero echando la vista atrás, yo lo que veo es una carrera larga, una carrera que a mí me ha llenado, que la he disfrutado y que sigo disfrutando. Sí que me hubiera gustado jugar en el extranjero, pero cuando me vinieron las ofertas no era la mejor opción porque la mejor opción estaba aquí en España, que era la mejor liga del mundo. Sí que es verdad que, aunque fuera la mejor liga del mundo, en el tema organizativo o social, el haber jugado en Alemania en un pabellón con 20.000 personas… pues imagínate. Si aquí estamos contentos con que vengan 500… 

«LOS RÉCORDS ESTÁN PARA BATIRLOS, PERO QUE ME QUITEN LO BAILAO « 

Y ahora ni siquiera eso, porque no puede haber público en las gradas. ¿Cómo lo lleva el equipo? 

Para nosotros es muy importante el público en el pabellón. Es muy importante que la afición anime porque aquí, cuando vienen los equipos, saben que como locales somos muy duros. Pero bueno, yo creo que estamos haciendo las cosas bien, poco a poco, sin ponernos nerviosos. Quizá sí que hemos tenido algún bajón, pero hemos tenido que suplir algunas carencias porque se nos fue a principio de temporada Mai, que supimos solucionarlo con Fran; después se fue José Antonio, pero ha venido Rafa Baena, y yo creo que Lorenzo está intentando que el grupo sea homogéneo y que todo funcione como ha estado funcionando hasta ahora. Yo creo que mientras hagamos las cosas así, nuestras opciones las vamos a tener. Habrá que ver si al final de temporada seguimos estando ahí arriba y podemos tener nuestras posibilidades. 

Imagina un ascenso del Antequera. ¿Broche de oro a tu carrera o la oportunidad de seguir batiendo récords en ASOBAL? 

(Ríe). Ya te lo he dicho antes, las cosas vienen conforme vienen. Ya se verá. Sería muy bonito, desde luego, poder ver al Antequera en ASOBAL, pero primero hay que dar un paso y después ya veremos el siguiente. Vamos a ver, ojalá. 

Ojalá, Diego. Y ojalá te sigamos viendo unos años más bajo la portería del Fernando Argüelles y paseando por esta ciudad, que es la tuya.