Pinceladas

El Carnaval de las Peñuelas

No queremos dejar pasar este febrero sin hacer mención al Carnaval. En 2019, el encargado de pregonar esta fiesta en Antequera fue Manuel Rodríguez que, al inicio de sus palabras y antes de pregonar «Su Carnaval» –el vivido desde 1978–, recordaba cómo se celebraba el Carnaval en los años 60 en el barrio de las Peñuelas. Palabras que recoge este mes de nuevo para SOMOS Magazine. 

“No recuerdo cuándo pude tomar conciencia de que existía el Carnaval. Una foto antigua junto a mi hermano Antoñito, El Zocatillo, El Kubala, El Viejo y El Vereas me indica que una tarde quise ir con ellos, allá por el 59 o 60, años de la Dictadura, a lucir los disfraces por la Peñuelas. Yo sin máscara, y con tan pobre indumentaria, tan pobre vestir, que me recuerda una visión triste de Los Santos Inocentes de Delibes. 

No podía ir con ellos. Según mi hermano, al verme a mí, los reconocerían. Lo que ellos no sabían es que conmigo o sin mí, no los conocía ni la madre que los parió. 

Mi padre, como era tan serio, cuando llegaba Carnaval siempre nos decía que nos vistiéramos de “máscaras”. Pero mi madre pronto olvidaba esto, y buscando allí y acá sacando un trapo, una mantilla, un bolso viejo… nos vestía de mamarrachos irreconocibles y nos mandaba a la calle y nos decía “que tu padre no se entere”. Seguro que se enteró, pero nunca nos dijo nada. Era el Carnaval prohibido. Y es que, en aquella época, hasta reír en libertad podía ser subversivo. 

De esta manera, los niños de la calle Rastro, unos mejor o peor aliñados, nos íbamos a la calle Pasillas y de allí a las Peñuelas. Allí hubo años, y ese es mi recuerdo… que no se cabía en la calle, llena de papelillos, de cáscaras de pipas y de altramuces. Aquellas Peñuelas eran un río que se empapaba de las afluentes de las calles adyacentes vomitando mascaras y abarrotando el espacio. Empujándose unos a otros con el sonido de risas y gritos que hoy en mi memoria tienen sonido de banda musical de película en blanco y negro.  

Para mí, la calle Rastro tiene tantos recuerdos entrañables. (…) Aquí en este ambiente me crié yo. 

Era mi calle. Una calle de juegos, de ir a robar membrillos y “granás” a la Huerta el Nene en la “Moralea”. Los arcos de flechas y las horquillas de los tirachinas al Arroyo de las Adelfas y después a practicar…  De ahí que, con este pedigrí, no fue raro que me echaran de los Carmelitas. Aunque todavía no lo tengo muy claro si me echaron por mi mala conducta o porque no les pagábamos el recibo a los curas. 

Más tarde supe que junto al Carnaval de las Peñuelas había otro. El de aquella Antequera clasista donde unos pocos sí tenían derecho a un carnaval de hermosos y bellos disfraces. A ellos la Dictadura nunca les quitó su Carnaval. 

Claro que Antequera tuvo antes un glorioso Carnaval. El de la Calle Toronjo donde había un destartalado teatrito que hacía de liceo para los actores de aquella época y para los copleros carnavaleros de finales del XIX. Un Carnaval que se ha prolongado hasta hoy».

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