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El conservador del arte. Rafael Ruiz de la Linde

Disfruta tanto con su trabajo que no lo ve como tal, le gusta rodearse de los mejores y valora la calidad humana de la persona por encima de otras cualidades. Por las manos de Rafael Ruiz de la Linde, gerente de Chapitel Conservación y Restauración y restaurador municipal en el Centro de Patrimonio del Ayuntamiento de Antequera, han pasado centenares de bienes muebles e inmuebles. Luchando contra el tiempo y los elementos, siempre sobre la balanza de arte y ciencia que requiere la restauración. 

Foto de Ramón Corrales Andreu

El restaurador tiene en sus manos la difícil tarea de conservar, proteger y recuperar bienes, ¿cómo es esa labor? 

Es cierto que es difícil, pero para eso nos formamos, para que esos trabajos resulten lo más fáciles posible y podamos llevarlos a cabo de la mejor manera. Para ello es fundamental el estudio de la obra, saber de qué tipo de material se trata, los daños que puede haber sufrido, hacer un estudio histórico… y una vez que se tiene conciencia de lo que se tiene que hacer, elaboramos el plan de intervención.  

La restauración tiene una parte de arte y una de ciencia. ¿Cuánto de artista y cuánto de científico crees que hay en ti? 

Te diría que casi al 50%. Tan importantes son los estudios y el análisis de la obra como después poder resolverla, ahí está ya el arte. Sin embargo, yo nunca me he considerado artista, nosotros debemos limitarnos a intervenir sin dejar huella. Nuestro proceso nunca es creativo. Sí que es verdad que debemos tener cierta destreza o habilidad, pero no podemos dejar nuestra impronta en la obra.  

Se trata de una labor callada, ¿crees que se recuerda al restaurador? 

Sí que es una labor callada, pero es como debe ser, no hay que darle importancia a ese aspecto. Debemos de tener en cuenta que lo importante es el autor, es el protagonista de la obra. Nosotros somos como el médico que cura a una persona, lo importante es la persona. El restaurador no debe destacar ni tener relevancia, no firmamos nuestros trabajos, solo debemos hacerlo bien respetando al máximo la obra con la que estamos trabajando.  

«En la vida tenemos que disfrutar, también en el trabajo» 

Es un trabajo que requiere mucha dedicación y que es también muy vocacional, pero ¿cuándo dice alguien que quiere ser restaurador? 

En mi caso entré en Bellas Artes pensando en dedicarme a la escultura, pero de forma paralela llevaba ya años conociendo el oficio de farolero con Frasquito Burgos. Gracias a eso comencé a restaurar los faroles del Museo de Antequera, ya que mi maestro ya estaba bastante mayor, y conocí la labor de restauración dentro de Bellas Artes, y me decanté por ahí.  

De hecho, no habías terminado la carrera cuando comenzaste a hacer los primeros trabajos de restauración… 

Así es, un año antes de terminar ya estaba trabajando y haciendo cosas.  

Y al oficio de farolero, ¿cómo te acercas? 

Siempre se me han dado bien los trabajos manuales, puede decirse que tenía habilidad. Cuando tenía unos 12 años, mi tío Francisco Ruiz Rojas le dijo a mi padre que podía valer para aprender el oficio de farolero, pero el que luego fue mi maestro, Frasquito Burgos, no quiso comenzar a enseñarme porque estaba muy mayor. Un año después, sin embargo, lo contrataron para dar clases y su condición para aceptar era que me avisaran a mí también. Y desde entonces he hecho miles de faroles, aunque ahora quien sigue dedicándose a ello es mi hermano. 

Foto de Ramón Corrales Andreu

Parece que llegas al mundo de la restauración en un momento determinante, en una época en la que se comienzan a llevar a cabo las actuaciones sobre bienes inmuebles. 

Aunque la de bienes muebles, como pintura o escultura, llevaba años haciéndose, la restauración de bienes inmuebles estaba comenzando cuando yo terminé la carrera. Recuerdo que cuando se me encargó la restauración de la fachada de San Sebastián, desde Cultura en la Junta de Andalucía me preguntaban por qué iba a usar esos materiales. Entonces se usaba cualquier material y cualquier persona con habilidad era buena para llevarla a cabo. Después se ha demostrado que eso ha provocado más daño a los bienes, de hecho, los mejores para restaurar son aquellos que nunca se han tocado.  

Puede decirse también que has sido un poco pionero… 

Creo que terminé en el momento correcto. Antequera sí ha sido pionera en restauración. Cuando hice las prácticas en el taller municipal, Marisa Olmedo ya llevaba años trabajando. Después yo estaba en Sevilla llevando a cabo un proyecto cuando Jesús Romero me contrató para San Sebastián y me dijo que quería lo que estaba haciendo allí, restauraciones con criterio y por profesionales. Y por ahí se empezó.  

Son muchos años de experiencia en los que han pasado por tus manos cientos de bienes muebles e inmuebles. ¿Cuáles destacarías? 

Han sido tantos que es muy difícil destacar alguno. Uno de los trabajos que más me ha gustado ha sido la restauración de El Angelote de San Sebastián, o el monumento del Marqués de Larios de Málaga, de Mariano Benlliure, una de las obras de escultura urbana más emblemáticas de Málaga. En este último caso, tenía tantas patologías y estaba en tan mal estado que era un reto, por eso me puse en contacto con la Fundación Benlliure y trabajé con el CSIC de Madrid para hacer lo mejor posible el trabajo.  

Pero además de esto, en Málaga hemos hecho muchas cosas, por ejemplo desde la Plaza de Toros hasta la fuente de las Tres Gracias, la fuente de La Gitanilla o todo el subterráneo del metro. También trabajos muy complicados como extracciones grandes de muralla u hornos. Sin embargo, yo disfruto con todos los trabajos, desde un hueso pequeñito que se encuentra en alguna parte hasta el proyecto más grande.  

¿Hay algún proyecto en especial que te gustaría llevar a cabo? 

Hemos hecho trabajos muy bonitos, pero siempre hay algunos que te gustaría realizar. Aunque alguno que otro no lo puedo adelantar porque incluso es posible que salga próximamente. Sin embargo, en Antequera sí que hay un elemento que me gustaría restaurar, la fachada del Convento de las Recoletas. Se hizo la de la iglesia, pero el convento es un edificio que está casi enmascarado y es precioso. 

Es una labor muy amplia, en la que se requiere mucho conocimiento y donde se tocan aspectos muy especializados… 

Hay que rodearse de los mejores. Yo no lo sé todo ni soy el mejor, por eso es fundamental rodearse de los que más saben en cada momento. Para las analíticas trabajo mucho con la Universidad de Granada o con el CSIC de Madrid, en la restauración del Marqués de Larios conté también con la Fundación Benlliure, o para una intervención en la cúpula de la iglesia de Santa María de Jesús hablé con uno de los mejores arquitectos especializados en bóvedas. Además, da la casualidad que cuando son los mejores, a veces son también los más sencillos y quienes mejor te atienden. Por otra parte, a mí me encanta aprender y no me importa moverme de un lado a otro para hacerlo.  

«Yo apuesto por la conservación más que por la restauración, es el futuro» 

¿Crees que ahora se cuida más el patrimonio? ¿Somos más conscientes de su valor? 

Por supuesto, y no cualquiera puede tocar una obra. Por suerte, la labor del restaurador está cada vez más valorada y se han dado cuenta de la importancia de contar con personas con formación y profesionales, y las ciudades con sus ayuntamientos cada vez están más concienciados.  

Aún así, ¿se actúa a tiempo? 

Siempre digo que nosotros intervenimos cuando la cosa ya está mal. Sin embargo, yo apuesto por la conservación más que por la restauración, ese es el futuro. Desde el mismo momento que haces o restauras un monumento, si está al aire libre, comienza a deteriorarse, y no puedes dejar que eso pase. Por ello son tan importantes los planes de mantenimiento de los bienes.  

En definitiva, se trata de intentar ganarle la batalla al tiempo. 

Así es. Excepto las obras que se encuentran en los interiores de los museos, en los que se regulan aspectos como la temperatura, la humedad o la luz, el resto que está en el exterior se va degradando. En Chapitel hacemos labores de conservación por ejemplo en el Teatro Romano de Málaga o el de Cádiz (ahora también estamos trabajando en el de Ronda), y te permite mantener el bien en todo momento en un estado óptimo. De otra forma, si los dejas, en dos años están destrozados.  

Mantener este buen estado es algo que también interesa a las ciudades porque en definitiva se trata también de recursos turísticos.  

Exacto. En Antequera, por ejemplo, tienes que tener tus monumentos en el mejor estado porque lo que estás vendiendo es arte, y hay que apostar por eso.  

Para un restaurador tiene que ser también una suerte vivir en un lugar tan rico artística y monumentalmente hablando como es Antequera. 

He tenido mucha suerte en ese sentido. Antequera cuenta con un Centro de Patrimonio que ha sido modelo y referente para muchas ciudades, incluso para Marruecos. Cuando otras ciudades no tenían restauradores, Antequera sí los tenía, y se está haciendo muchísimo.  

Además del trabajo como conservador-restaurador, también tienes una faceta como divulgador. ¿Por qué es tan importante darlo a conocer? 

Es fundamental, se trata de algo que gusta a la gente y que les llega. En Antequera, cuando se han terminado muchas de las actuaciones, se ha organizado una conferencia y a la gente le ha encantado, y eso que no soy buen conferenciante, a mí lo que me gusta es la interacción con los asistentes. Por ejemplo, fue muy importante tras la actuación en la torre de San Agustín –que fue algo más discutida por la recuperación del color–. Por otra parte, desde hace unos años participo en un Máster de Patrimonio en la Universidad de Granada, Ciencia y Patrimonio, en el que expongo algunos de los trabajos que hacemos y después el grupo de alumnos hace una visita a Antequera o a Málaga, les enseño la ciudad y los elementos en los que hemos actuado. Eso les encanta a los alumnos.  

Chapitel es un referente en los trabajos de conservación y restauración, ¿cuál es el secreto de su éxito? 

Lo mejor de Chapitel es el equipo humano que lo forma, sus trabajadores. En la actualidad son 16 personas, a cual mejor, gente buena y comprometida que lleva mucho tiempo junta y nos conocemos muy bien. Yo siempre digo que lo principal es que sean buenas personas y sepan trabajar en equipo, el trabajo poco a poco se va aprendiendo. En esta vida tenemos que disfrutar, también en el trabajo, y en muchas obras vamos a contrarreloj y con muchas presiones, por lo que es importante que nos llevemos bien. Ahí mi trabajo está también en gestionar esa presión y adelantarme a los posibles contratiempos que puedan surgir.