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El Coso Viejo (Plaza Guerrero Muñoz)

Manuel Rodríguez recorre este mes la historia de la plaza que hoy conocemos como el Coso Viejo, desde finales del siglo XVI hasta su aspecto actual. 

Urbanizada la Plaza de San Sebastián y con el Arroyón derramándose a un lado de la calle El Gato, había que buscar un espacio de ampliación para momentos lúdicos y comerciales. Este lugar no se encontraba muy lejos, estaba ocupando unas hazas que había frente a la calle de los Tintes y el inicio de los Roperos Viejos o Encarnación. Así, a finales del siglo XVI este sitio se mostraba como el ensanche social más atractivo de la futura Antequera, acomodándose en él lo más granado de los apellidos del momento y, como era obvio, al reclamo de éstos en el XVII. A estos se le unirá, por motivos prácticos de acercamiento, el personal eclesiástico adscrito a la Colegiata. Dos elementos arquitectónicos engrandecerán este espacio: El Palacio de Nájera y el Convento de Santa Catalina.

Con el tiempo fue perdiendo su uso lúdico al ser éste asumido por el Coso de San Francisco, de manera que el Coso Viejo quedó como espacio comercial, siendo en el siglo XIX el sitio donde se amontonaban y hacinaban puestos, en su mayoría asumiendo la función de abastos de verduras, frutas, especias, pescadería y venta de carnes, y de ahí su nombre popular de Plaza de las Verduras.

Su aspecto cambiaría totalmente en el periodo de 1893 a 1896. El alcalde Francisco Guerrero Muñoz tenía entre sus proyectos cambiar este lugar. Para ello ideó el establecimiento de abastos en la Plaza de San Francisco y pensó en el Coso Viejo como el sitio idóneo para un gran teatro, pero el coste hizo que desistiera de la idea, por lo que se decidió hacer del lugar un espacio ajardinado.

En 1895, en la sesión de Pleno del Ayuntamiento del 29 de agosto, se indica que las obras del nuevo espacio del Coso Viejo ya están casi ultimadas y, un año después, se decide por unanimidad en una reunión en el Ayuntamiento sin la presencia del alcalde que el Coso Viejo llevara el día de su inauguración el rótulo con el nombre de “Plaza Francisco Guerrero Muñoz”.

Sin embargo, el tiempo y la desidia hicieron que aquella hermosa plaza se fuese ajando y convirtiéndose en un anodino solar que hacía desmerecer a su ciudad.

Hubo que esperar a la época de posguerra (1939) para que renaciera, en un sentimiento acorde con los tiempos, el recuperar el espacio para recordar a los caídos en la Contienda Civil en el bando golpista. Ya en 1941 Francisco Ruiz Ortega, alcalde por esos días, pensó en poner un Monumento a los Mártires y una Cruz de los Caídos en la recién plaza urbanizada en las Descalzas, pero desistió del intento y puso sus ojos en el Coso Viejo que no estaba pasando por sus mejores momentos. En 1944, El Sol de Antequera comunicaba en sus páginas que el arquitecto Juan Jauregui Briales había entregado en el Ayuntamiento el proyecto y planos para la urbanización de la plaza y construcción del Monumento a los Mártires y Cruz de los Caídos, y en noviembre de 1945 se redactaba “la urbanización de la plaza Guerrero Muñoz puede considerarse terminada a la pendiente solo de la recepción de los mármoles y colocación del Monumento a los Caídos”.

Ya en 2001 se hizo una remodelación total del espacio. Hoy una escultura ecuestre del Infante Don Fernando, obra de Jesús Gavira, se señorea en su centro, y una fuente, obra de picapedreros antequeranos dirigidos por Antonio García Herrero, nos recuerda los Cuatro Elementos: Agua, Fuego, Tierra y Aire.

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