Cómic

El verdadero origen de Superman

Por Enrique Machuca
(Antequera, 1970) Comiquero.
Glotón audiovisual. Podcasteo en Sala de Peligro y me encanta
divulgar en el campo del cómic.
Soy @yodigono en Twitter.

El origen que conoce todo el mundo: Jor-El, científico del planeta Krypton, manda a su hijo Kal-El a la Tierra justo antes de la destrucción de su mundo. El bebé es encontrado y adoptado por Jonathan y Martha Kent, granjeros de Kansas, y adquiere superpoderes gracias al Sol amarillo y a la baja gravedad terrestre, convirtiéndose en el primer superhéroe con el nombre Superman aunque se esconda bajo la identidad del tímido reportero Clark Kent. Todo bien, pero para conocer la verdadera historia de Superman tenemos que meternos en la mente de dos chicos nacidos en 1914: Jerry Siegel y Joe Shuster. 

Compañeros de instituto en Cleveland (EEUU), compartían su afición por las historias de ciencia ficción de los años 30, una de cuyas figuras más características es la del científico loco.  En 1933 Shuster ilustró una historia escrita por Siegel llamada El reinado de los superhombres, donde el protagonista era un malvado telépata calvo.  

Pocos meses después, le dan una vuelta a la historia con The Superman, donde el protagonista es un héroe superfuerte e invulnerable enviado por sus padres desde el futuro. La idea de superpoderes ya estaba en la ficción popular con personajes como John Carter (1912), un terrestre que adquiría superfuerza en el planeta rojo y, sobre todo, en la novela Gladiator (1930) de Philip Wylie donde un científico loco experimentaba con su hijo y le proporcionaba superfuerza e invulnerabilidad. 

Aunque The Superman no llegó a publicarse y solo conocemos su portada, sí que sabemos que Siegel ya le daba vueltas a que el héroe tuviera un uniforme basado en el de los forzudos de circo, incluyendo unas sandalias altas que luego se convirtieron en botas, o una capa al estilo de los espadachines como El Zorro. Los colores azul, rojo y amarillo son los colores primarios asociados al bien en los cómics, así que la elección cromática era lógica, y el escudo en el pecho remitía tanto a la heráldica como a los emblemas de los equipos deportivos. 

Precisamente el alter ego de El Zorro, el apocado Diego de la Vega, inspiró al apocado periodista Clark Kent cuyos rasgos, sombrero y gafitas, tienen mucho del actor cómico Harold Lloyd. El origen de Lois Lane es más terrenal: Siegel y Shuster contrataron a una modelo, Joanne Carter, para usarla como referencia para la novia del héroe y se estableció un triángulo amoroso entre artistas y modelo en el que el tímido Siegel se llevó el gato al agua. El villano Lex Luthor era, por supuesto, un científico loco, aunque aún no era calvo, sino pelirrojo. 

En lo que nos equivocaríamos sería en pensar que Superman comparte características con el Übermensch de Nietzsche, el Superhombre que luego fue reivindicado por el nazismo, porque Siegel y Shuster eran judíos. Sabiendo esto podemos pensar que la idea de un héroe enviado por su padre para salvar la Tierra está más inspirada en el Mesías judeocristiano, y que esa figura protectora de su sociedad también comparte rasgos con el mito del Gólem creado por un rabino para proteger al gueto judío de ataques antisemitas en la Edad Media. 

Lo que queda para añadir al cóctel es la ideología rooseveltiana de los Estados Unidos de los años 30, los que intentaban salir de la Gran Depresión a base de trabajo y solidaridad. De nuevo nos equivocamos si pensamos en que Superman es un símbolo del americanismo más rancio: en su primera aventura evitaba que una inocente fuese ejecutada, rescataba a una víctima de violencia machista y destapaba la corrupción de un Senador. Probablemente no haya tonto más tonto que el que dijo aquello de que los superhéroes son fascistas, pero eso es tema para otro momento. 

Los mitos se crean así, a partir de una multitud de influencias previas que llevan a algo nuevo y original, el primero de cientos de personajes que, más de ochenta años después, copan la actual industria del entretenimiento. Porque sí, Superman es el primer y también el mejor superhéroe.  

El final de la historia es más agrio que dulce. Solo en 1938 consiguieron Siegel y Shuster publicar su personaje en el nº 1 de Action Comics, 13 páginas por las que cobran 130 dólares, (unos 1.500 euros actuales). No solo vendían la historia sino, pensando en que el personaje no daría para mucho, también los derechos del mismo. En menos de un año Superman era un éxito de masas y aunque cobraban un excelente sueldo (casi medio millón de euros anuales al cambio actual), los intentos de los autores para recuperar al personaje lo único que consiguieron fue su despido de la editorial a mediados de los años 40.  

Tuvieron que esperar a finales de los 70 para empezar a ver reconocida su creación y obtener una parte ínfima, aunque sustanciosa, de los beneficios del personaje. Joe Shuster falleció en 1992. Jerry Siegel lo hizo en 1996 al lado de Joanne, su Lois Lane. Su creación sigue volando, allá arriba, en el cielo… 

 

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