Tendencias

En la variedad está el DISGUSTO 

María Molina
Antequerana desde el 88.
Diseñadora de moda por titulación e inquieta por condición. Me gusta crear, leer, investigar y después venir aquí a contarlo. ¿Un bombardeo sin casco? ¡Me apunto!

Noche de domingo. Noche de pijama, sofá, aire acondicionado y elegir una buena peli en Netflix… y elegir… y seguir eligiendo… venga ésta… no, mejor una serie… a ver, voy a mirar en HBO… nada interesante… ¿y Amazon? Bah… igual en Disney Plus (o plas) hay algo nuevo, ¿no? Anda, si ya es a hora de acostarme, mejor no pongo nada y a la cama. 

¿Os suena? Mi pan de cada día, tardar más en elegir algo que en disfrutarlo; una vez más, paradojas de nuestra sociedad. Cuantas más opciones tenemos, peor. En los años 70 en España solo había un canal de televisión, la familia se sentaba en el salón de casa y veía lo que el señor director de RTVE había decidido que había que ver esa noche; a la mañana siguiente podías comentar con todos los vecinos y amigos el final de la película de turno, y vuelta a empezar. Fácil, ¿verdad? Pues ahora no, ni la familia se sienta junta, ni vemos todos lo mismo, y encima tenemos la obligación de estar al día de todas las tendencias audiovisuales para poder tener una conversación interesante con la gente que nos rodea y, sobre todo, por miedo a la temida frase: «¿QUE AÚN NO HAS VISTO LA ÚLTIMA SERIE DE MODA? ¿PERO EN QUÉ MUNDO VIVES?». 

«Si algo tan básico como hacer la compra y decidir con qué papel prefieres limpiarte el culo se puede convertir en esta aventura, imaginaos cuando tenemos que elegir algo que ni tan siquiera sabemos qué es» 

Y este síndrome del individuo indecisohiperestimulado puede extrapolarse casi a cualquier ámbito de la sociedad 3.0 en la que nos ha tocado vivir –anda, he aquí una cosa que no hemos podido elegir–. Mi última experiencia en el supermercado me avala rotundamente. Mi lista de la compra era clara, concisa, con elementos tales como: 

Papel higiénico: normal o doble capa, con dibujos o liso, pack ahorro o paquete de cuatro, con sistema antibacteriano, tacto seda –sin palabras–, absorbente (esto me parecía básico, la verdad)… 

Pasta: este pasillo era literalmente más grande que mi salón. No fui capaz de encontrar los macarrones normales de toda la vida y acabé cogiendo avergonzada el primer paquete que mi mano alcanzó. Ahora tengo unos animalitos de colores en mi despensa que jamás voy a usar, espero tener más suerte la próxima vez. 

Queso en lonchas: los tenemos de todos los tamaños, colores y sabores, supongo que es para que puedas combinarlos a la perfección con el pan de molde que previamente has elegido entre los treinta que tenías a tu disposición y añadido a tu carrito. Y en este punto me vi cogiendo mi pan y poniendo encima los paquetes de lonchas para dar con la talla perfecta, como si en lugar de estar en Mercadona me encontrase en el probador de Zara, y no os creáis que fue fácil encontrar el queso adecuado para mi pan multicerealessincortezadefermentaciónlenta, con la medida perfecta para que los bordes del sándwich tengan queso pero la tostadora no acabe con mas queso pegado que el horno de un piso de estudiantes. QUE ESTRÉS. 

Leche: la mejor de las experiencias, la verdad. Un pasillo más entretenido que el de una biblioteca, leches con y sin prácticamente de todo, incluso leches que en realidad no son leches (leed las etiquetas). Por cierto, a los que compráis leche desnatada, sin azúcar y sin lactosa… ¿habéis probado el agua? Pregunta seria.  

Si algo tan básico como hacer la compra y decidir con qué papel prefieres limpiarte el culo se puede convertir en esta aventura, imaginaos cuando tenemos que elegir algo que ni tan siquiera sabemos qué es o cómo funciona. Estas últimas semanas a mi alrededor solo ha habido conversaciones sobre LA VACUNA. ¿Cuál te han puesto? Ah, ¿pero te vas a poner esa? Yo me he puesto tal otra, que es mejor… ¿Somos todos virólogos de repente y yo no lo sabía? ¿Esto lo enseñaban en el cole y yo ese día estaba enferma en casa o cómo va el tema? Todo tipo de teorías y de consejos que nos ponen aún mas difícil este trance, porque ¿cómo vas a ser el inconsciente de turno que pone el brazo sin preguntarse si su vacuna es la mejor? Vuelta a estudiar, informarse y acabar entregándonos y poniendo el brazo de la misma manera que cogí mi paquete de animalitos de pasta de colores, hasta las narices.  

Culpo sin ningún reparo a Internet de lo estúpida que se está volviendo la raza humana, porque si bien estamos de acuerdo en que es una herramienta que nos ayuda, a su vez nos da la posibilidad de elegir demasiado y, por ende, de equivocarnos continuamente. Comprar algo básico en Amazon es una aventura sin igual; buscando enchufes hace unos días descubrí opciones que no sabía que existían y sin las que ahora me parece imposible vivir. No os digo más que acabé comprando un enchufe al que puedo hablarle y decirle que encienda la lámpara (como lo oís), pero con tanta vuelta entre todos los productos no añadí el adaptador que estaba buscando y ahora no puedo enchufar mi cafetera. A lo mejor pruebo a pedirle café a la lámpara, que lo mismo cuela y estoy desaprovechando mi compra. 

“Y encima tenemos la obligación de estar al día de todas las tendencias audiovisuales para poder tener una conversación interesante con la gente que nos rodea» 

Con Internet también llega el momento de exponer nuestra vida, y nos brinda tantas opciones que necesitamos una buena dosis de tiempo y paciencia para elegir cómo hacerlo. He aquí un ejemplo: ¿Qué red social uso hoy? ¿Instagram? Ok, subo una foto a Instagram, pero… ¿al feed o mejor una story? Salgo bien, voy a ponerla en stories destacadas con un filtro así mono… LAMADREQUEMEPARIÓ si hay trescientos para elegir, venga este. ¿Le pongo música? Bueno, añado una canción así alegre… no tan alegre, tampoco estoy tan feliz. ¿Ésta mejor? Muy antigua, van a pensar que vivo desconectada del mundo… Una clásica, intemporal, ni muy alegre ni muy triste, con un punto elegante y que parezca que entiendo de música… QUE ESTRÉS POR FAVOR. Mejor suelto el móvil y vuelvo a la vida real, sin filtros y con la música que toque escuchar cada día. 

Como conclusión, en esta sociedad nos hemos convertido en unos magníficos expertos en analizar el mercado, y a su vez en unos tremendos inexpertos en disfrutar de la vida. Pensad seriamente qué preferís y añadidlo a vuestro carrito de la compra.