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Femilistas

María Molina. 
Antequerana desde el 88. 
Diseñadora de moda por titulación e inquieta por condición. Me gusta crear, leer, investigar y después venir aquí a contarlo. ¿Un bombardeo sin casco? ¡Me apunto!

El feminismo es, últimamente, la gran conversación en la que cada cual, posiblemente por desconocimiento y por la polarización en la que está sumida nuestra sociedad, tiene su irrefutable teoría. Evidentemente yo tengo la mía propia, aunque no he venido aquí a “hablar de mi libro”.

Hoy querría ir un poco más allá, mirar hacia atrás y hacia adelante, para poder afrontar el ahora de la manera más sana e inteligente que nos sea posible.

Como mujeres, a nuestra generación le ha tocado vivir una parte de la historia fácil y difícil a partes iguales, y esta paradoja es, posiblemente, la que nos tiene sumidos en esta guerra de sexos cada vez más salvaje.

Hemos conquistado los derechos que nos pertenecían gracias a la lucha de grandes mujeres que pusieron voz al silencio que nos aplastó durante siglos. Somos iguales ante la ley, iguales en oportunidades y libres para elegir nuestro destino. Todo esto es cierto. Pero, al mismo tiempo, ha recaído en nosotras la lucha por romper los estereotipos de género, hemos accedido a los roles antes reservados para los hombres, es nuestra responsabilidad “estar a la altura”.

Tenemos el deber de ser las mejores trabajadoras, empresarias, ser independientes, fuertes, creativas… y, a la vez -este detalle es importante- las mejores madres, hijas, las que cuidan de los demás… Porque no abandonamos nuestros roles, simplemente los asumimos todos. Esta es una mochila que, a veces, pesa demasiado, y acabamos renunciando a parte de nuestra vida, ya sea laboral o familiar, para poder echárnosla en los hombros y seguir caminando con la cabeza bien alta. Injusto, ¿no?

La igualdad real no será un hecho hasta que cada cual, hombre o mujer, asuma libremente su papel en la sociedad y el rol que prefiere desempeñar, sin que nadie, hombre o mujer, le imponga cual debe ser su comportamiento. Porque uno de los grandes problemas ante el que nos enfrentamos (y esto es de traca) son las propias mujeres que nos dicen cómo ser mejor o peor mujer, mejor o peor feminista, y esto es tremendamente injusto, aparte de una presión añadida.

¿No sería mejor que nos centrásemos en romper, todas juntas, las barreras que aún hay levantadas para las mujeres? Techos de cristal, brecha salarial, conciliación real… Si nos perdemos en apuntar con el dedo a aquellas que son nuestras aliadas, el camino se advierte mucho más duro. Ninguna mujer tiene la fórmula infalible para conseguir la igualdad en la sociedad, pero todas estamos andando el mismo camino de la mejor manera que sabemos. ¿Qué más da que elijamos hacerlo en tacones, en zapatillas o incluso descalzas?

Yo soy mujer, soy libre, me gusta ser femenina y coqueta, además soy emprendedora y dueña de mi vida. Me gusta ir de compras y me gusta la política a partes iguales. Soy fuerte pero a veces también tengo inseguridades y lloro, lloro mucho (y me sienta genial). Me gustan las películas de Disney y también pisar a fondo el acelerador de mi coche. No me gusta que un hombre me diga lo que hacer, tampoco una mujer.
100% Yo. 100% FemiLista.