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Historia de un huésped

La luz es su mejor aliado. Desde que entras por las puertas acristaladas del Parador de Antequera, ves como la belleza del espacio arquitectónico se une con la maravilla del entorno en el que está. Una primera atención personalizada y muy cuidada, me da la bienvenida. Desde el mostrador puedo ver ya rincones llenos de encanto y tranquilidad en los que me imagino descansando mientras devoro un buen libro.

La luz me embriaga a cada paso. Especialmente en sus salones, el blanco predomina y se hace aún más neutro cuando las enormes cristaleras dejan pasar los muchos rayos de sol que me regala muy a menudo este punto de Andalucía.

Recorro los salones de varios tamaños, que han acogido a lo largo de sus muchos años de historia reuniones, congresos, eventos claves para la ciudad y también celebraciones de todos aquellos antequeranos que sienten este espacio hotelero como suyo.

No es para menos. Me cuentan que el Parador de Antequera formó parte del origen de la Red de Paradores y fue uno de los primeros en plantearse su construcción en 1928, tras la inauguración del Parador Nacional de Gredos (Ávila). Hoy, aunque ya con una arquitectura moderna, puedo intuir en el trato y en el aceite de Antequera que veo en las mesas de comedor, que sigue siendo tradicional en la ciudad.

Así que me siento a tomar algo y veo cómo un gran perfil de piedra, que llaman la Peña de los Enamorados, corona una vega llena de prósperos campos sembrados. De ahí -me dicen- salen las verduras con las que se elabora uno de los platos que el chef me recomienda probar: la porra de Antequera.

El Parador de Antequera cuida también su carta. No solo en incluir la nueva cocina gourmet sino en aquellos platos y recetas típicas que hablan del entorno en el que se encuentra este espacio hotelero. Así que termino con un bienmesabe antequerano.

Cruce de caminos. Vine porque Antequera cuenta con uno de los Paradores mejor situados de Andalucía. Y así es, como me aseguran en recepción, desde aquí puedo organizar mi viaje a casi cualquier punto de la comunidad autónoma, e ir y volver en el mismo día.

Estos días, además, he compartido el Parador con una visita muy especial: los Reyes Magos llegaron a Antequera y lo eligieron también para hospedarse.

Ha sido un viaje largo. Por eso una de las trabajadoras me recomienda salir al jardín a ver la puesta de sol. Miro la piscina y pienso: “se tiene que estar de lujo en verano, qué suerte tiene Antequera”. Y suerte la mía de poder terminar así el día: disfrutando de una copa de vino -que me han recomendado-, mientras observo el gran perfil de piedra. Él me despertará mañana.