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Hoy comemos con Bartolomé Ruiz en la nueva taberna La Gloria

Este mes toca inaugurar un nuevo espacio, La Gloria. Con aires antaño y el preciado aroma del primer café de la mañana, me siento, en esta nueva taberna clásica del centro de la ciudad, con Bartolomé Ruiz, director del Conjunto Arqueológico Los Dólmenes de Antequera. No se me ocurre nadie mejor con el que hablar de uno de los hitos que han marcado y marcarán la historia de la ciudad: la declaración de Patrimonio Mundial.

No es algo que se hiciera solo en ese año 2016 que todos recordamos, ni de lo que se pueda hablar en poco tiempo. Por eso necesitábamos un espacio como La Gloria donde de la cafeína y los churros puedes pasar a un refrigerio con bravas. Mucho de clásico en la carta y poco en los comensales, pues hablamos con Bartolomé de su trayectoria, unida ya a la historia de la gestión cultural y patrimonial andaluza. Esa que comenzaron allá por los ochenta y que fue ejemplo en otros territorios de España. Sus primeros pasos en la Diputación de Málaga -tras la mili- ya le valieron del Premio Nacional de Urbanismo en 1980, al hablar, por primera vez, de arqueología urbana. “Aquello era valorizar el subsuelo. Suponía que a la hora de hacer cualquier obra en un suelo reconocido como arqueológico tendría que haber un sondeo o excavación. En Antequera, por ejemplo, se recogían las de Santa María, la Villa Romana…”.

Un modelo que se exporta a otras ciudades y que hace que, junto a la dimisión de Juan Antonio Lacomba, Bartolomé dé el salto a la Junta como Director General de Patrimonio Cultural. Aquí comienza su etapa en Sevilla, que pondrá al arqueólogo en plena negociación de las transferencias de funciones y servicios en materia de cultura. Bienes que eran propiedad estatal y cuyas competencias no llegaron hasta el 84. “Se materializó en un camión cargado de expedientes, literalmente, que llegaron a la calle Castelar de Sevilla”, recuerda entre risas.

Fue Lacomba el que comenzó la negociación pero la titularidad de la Alhambra precipitó la designación de Bartolomé que continúo con los trámites, resueltos finalmente por “un artificio legal”. “Gracias a Paco del Río, jefe del gabinete jurídico, que incluyó un epígrafe que encabezaba un listado de inmuebles en el que se decía que se transferían todas las competencias que el Estado tenía para con esos bienes. Aquí aparecían Menga y Viera”.

Aquello supuso el inicio de la estructuración patrimonial en Andalucía. “El estado nos transfirió las competencias, el dinero, las plazas vacantes… pero no la estructura, no teníamos funcionarios. Así que pusimos en marcha el Plan de Actuación Especial en materia de Bellas Artes, lo que hoy sería un plan de empleo”. Más de 500 millones de pesetas para contratar más de 1.400 personas de las ocho provincias. “Abogados, arquitectos, antropólogos… e incorporamos una serie de proyectos urgentes de reforma que incluía oficiales, peones… imagina el impacto”.

Años en los que, además, se revoluciona el sistema educativo creando gabinetes pedagógicos de bellas artes. “Fue de la mano de el entonces Director General de Educación, el antequerano Pepe Rodríguez Galán. Creamos una unidad en cada provincia con medios económicos y materiales, con profesores y colegios implicados, a los que se les acercaba el patrimonio. La idea se exportó a otras comunidades”.

Fue por aquel entonces, cuando el Director General de la Unesco, que mantenía una gran relación con los alcaldes Paco Ruiz y, después, con Pedro de Rojas, visitó la ciudad. “Aprovechamos que el jefe de gabinete de M’Bow era malagueño, Paco Carrillo, y que organizaba su estancia en la Casa de los Colarte, para visitar los dólmenes. Además, venía del comité de incorporar a la lista Stonehenge. Ahí, ya nos dice que es el momento de elaborar el expediente”.

Nadie pensó entonces que serían necesarios treinta años para que eso sucediera. Y los primeros pasos ya se daban. “En el 87, a través de Manolo Cascales, la Junta supo que había una oferta de García Berdoy por la parcela en la que está El Romeral y por la que se pagaron 4,5 millones de pesetas”.

Ya en el 88, y tras una crisis política, cesan a Bartolomé de la Junta y se va seis meses a Roma. No fue hasta 1989 cuando, de nuevo, Torres Vela levantó el teléfono para pedirle que dirigiera el Conjunto Monumental de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, lo único que en aquel entonces había en La Cartuja. “Un proyecto brutal, con una inversión de 10.000 millones de pesetas, que sería sede del Pabellón Real para la Expo’92 y que luego se reconvertiría en tres instituciones culturales”.

Y después de 21 años en Sevilla y la llegada de Jesús Romero a la Junta como Director General de Bienes Culturales, Bartolomé le dijo: quiero volver a Málaga. No necesitaron más que un paseo por la capital andaluza para que llegara la propuesta, era septiembre de 2004. “Jesús me dijo: Bartolo, Antequera es Málaga. Y como comenzaste la operación de los dólmenes vete para allá y lo acabas”

Y ahí empezó la apuesta más clara por uno de los logros profesionales a los que Bartolomé más cariño le tiene. Un proyecto que culminó en julio de 2016 con la declaración del Sitio de los Dólmenes como Patrimonio Mundial. “En todo ese proceso Michael Hoskin ha sido fundamental pues demostró la excepcional orientación de los Dólmenes”.

De hecho, Bartolomé entregará a Hoskin la publicación de su libro – portada de los dólmenes incluida- en los próximas días en los que el profesor británico cumplirá 93 años. “Su nombre estará siempre ya vinculado a la historia de la ciudad”. Lo mismo le ocurre a Bartolomé, que aunque nació en Casabermeja, es hijo adoptivo de Antequera desde 2014. La ciudad en la que sigue trabajando para que el Museo de los Dólmenes sea una realidad.

Es su proyecto de futuro más inmediato y que sigue a buen ritmo, con las ideas puestas en inaugurarlo en julio de 2021. “Hay que contar en ese espacio el contexto en el que se desarrollan las tres arquitecturas, relacionándolo con la prehistoria en la zona norte de Málaga y el valor universal excepcional que reconoció Unesco, y en ese momento estamos”.

Y con todo ese trabajo por delante, admite que quiere que su jubilación sea en la ciudad. Así además podrá dedicar aún más tiempo a la Real Academia de las Nobles Artes, de la que es director. Esa que salió de las ideas geniales del poeta José Antonio Muñoz Rojas, ayudado por sus amigos José Escalante, Antonio Parejo y el propio Bartolomé. “Tardes de magdalenas en la Casería del Conde para redactar los estatutos y el cuerpo académico que el propio Muñoz Rojas designó porque el tenía una idea clara: no solo la Academia era de los que vivan en Antequera. La clave era encontrar, allí donde estuviesen, a personas en comunión con la ciudad”. Como Bartolomé con Antequera.

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