Hoy comemos con...

Hoy comemos con Javier Vallespín en Mesón Ibérico Las Hazuelas

EN LA MONUMENTAL PLAZA DEL COSO VIEJO NOS CITAMOS ESTE MES CON UNO DE LOS PERSONAJES MÁS ANTEQUERANOS QUE CONOCEMOS. NO, NO ES EL INFANTE DON FERNANDO; SE TRATA DE NUESTRO CÓMICO FAVORITO, JAVIER VALLESPÍN, CON EL QUE NOS SENTAMOS EN LAS HAZUELAS PARA TOMAR UNAS CAÑAS Y CHARLAR UN RATO DE LO QUE SERÁ EL 2020: SU DÉCIMO ANIVERSARIO EN LA COMEDIA.

Entrar en el Mesón Ibérico Las Hazuelas es respirar Antequera. Huele a gastronomía local, a cocina de tradiciones. A queso de cabra malagueña, a porra… y no hay nada más antequerano que la porra. Bueno, sí, Javier Vallespín, aunque él diga que su plato estrella son los huevos estrellados. Vallespín, o Peloches -como le gusta hacerse llamar en el mundillo-, es uno de esos antequeranos convencidos, de esos que vayan donde vayan, siempre tienen a Antequera en la boca.

Nos sentamos y pedimos un par de cervezas, hay que brindar por el nuevo año. Este 2020, además, será muy especial: cumplirá diez años dedicado a la comedia, “aunque en 1996 ya estaba yo en Canal Sur contando chistes”, confiesa. La Caravana del Humor llegaba al Paseo Real y Javi se presentó porque hacía falta gente. “Yo era el amigo al que todos invitan a los campings. Me hizo el casting David Summers, y gané el concurso”, cuenta. Poco después acompañaba a una amiga a Mira qué bueno para un duelo entre Antequera y Priego de Córdoba con diferentes pruebas y modalidades. “¿Hay alguien que cuente chistes?”, preguntaron. Y su amiga le cogió la mano y la levantó. “Ganamos el concurso con el chiste más malo que tenía”, recuerda. Le pedimos que nos lo cuente, pero se niega. “No lo he vuelto a contar en mi vida. No te lo pienso contar”, sentencia entre risas.

La cuestión es que Javier Vallespín llegó a los escenarios al revés. En lugar de empezar por locales pequeños, bares, y curtirse en mil batallas… ¡directo a la tele! Algo así le pasó el 28 de noviembre de 2010. Javi había rellenado un formulario para participar en un festival de comedia en Madrid. De no haber hecho un monólogo en su vida, a la Joy Eslava. “Me pasé más de diez segundos intentando meter el micro en el pie de micro. ¡No sabía!”, recuerda echándose las manos a la cabeza. Aquel monólogo de cinco minutos gustó tanto que pronto pidieron más, y Peloches comenzó a dedicar los fines de semana a recorrer España de concurso en concurso.

“No se me olvidará nunca el de Miguelturra. En la empresa donde trabajaba como jefe de almacén había problemas, llevábamos cuatro meses sin cobrar y le dije a mi mujer que ese año no iba a haber Reyes. Me apunté porque solo por ir ya eran 200 euros, así que no me iba a costar el dinero. Cuando me llamó Laura le dije: mañana nos vamos a por Reyes, que llevo para allá 800 pavos. ¡No veas lo que llorábamos!”, nos cuenta emocionado. Y es que pronto esa afición por el humor se convirtió en un extra importante para su familia. “En tiempos difíciles en la empresa, me mantuvo para poder pagar la hipoteca”, admite.

Hasta el punto de que el 8 de enero de 2013 dejó su trabajo, aunque para nada se esperaba lo que ocurriría apenas un mes después: “las cosas se consiguen cuando no se pretenden. Tú haz lo que te apetezca y no esperes nada de nadie, es lo mejor que te puede pasar”, nos dice. Dicho y hecho. El 30 de mayo de ese mismo año estaba debutando en Dos hombres solos sin punto com ni ná, convirtiéndose en la nueva pareja artística de Manolo Medina. Desde entonces se han vuelto inseparables.

Hace un par de años estrenaron la segunda parte, Qué mala suerte tengo pa tó, con la que llegan el sábado 25 de enero al Teatro Torcal de Antequera. “Ya estamos pensando en la tercera, para la que queremos meter a otro personaje. Pero a uno que esté muerto, que no cobre”, nos adelanta con esa mirada de niño travieso. Han llegado las tapas, pedimos otra caña y cambiamos de tema. ¿Eres feliz?

“Yo estoy feliz. ¿Cuánto dura tu fin de semana?”, replica. “Yo normalmente de lunes a jueves estoy en Antequera. Me levanto, cojo mi guitarrita, escribo tonterías en una libreta, paseo al perro, hago la comida… y los fines de semana nos vamos a actuar y, si podemos, nos volvemos”, explica. Aunque lo que no cuenta son los viajes largos o las giras de dos o tres semanas en las que su suegro ha llevado a Laura al aeropuerto para que se vean media hora entre Mallorca y Tenerife.

Los cómicos son seres positivos por naturaleza, que han venido al mundo a alegrarnos la vida y a contagiarnos su buen humor.

“¡Os han quitado el Teatro Alameda!”, le pincho. “Manolo dice que Antonio Banderas ya se podía haber comprado una farmacia”, contesta. Y así todo. “¿Has pensado en qué habrá después de todo esto?”, contraataco. “Yo soy Virgo, siempre tengo un plan B, C y D”, me devuelve. Nosotros, por si acaso, le ofrecemos trabajar de comercial para la revista, que hemos visto que se le da muy bien vender pisos por redes sociales. “¿Lo habéis visto?”, se ríe.

Y así, tranquilamente, continuamos charlando sobre el futuro, sobre que el humor no se juzga -“se juzga a los políticos que roban o al que le levanta la mano a una mujer”- o sobre su mejor actuación, un viernes en el Teatro Quintero “que nunca se me olvidará”. Para el 28 de noviembre de 2020 promete celebración en Antequera, en un espectáculo con amigos que ya le ronda por la cabeza.

Mientras tanto el 25 de enero Teatro Torcal, luego Gelves, Alhaurín, Santiponce, Granada, Mijas, Jerez, Tarifa… y los viernes de marzo en el Teatro Amaya de Madrid. Un 2020 cargado de trabajo, y seguro que de éxitos. ¡Por otros diez años más de humor! ¡Salud!

 

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