Hoy comemos con...

Hoy comemos con… Luis Olmedo en Mesón Casa Diego

Se ha recorrido medio mundo con una baraja de cartas en la mano; ahora, tras casi una década concursando, Luis Olmedo afronta el próximo Campeonato del Mundo de Magia como su «último baile». Hoy comemos con el, hasta hace un par de meses, vigente campeón de España de Micromagia, que se despedirá de la competición en Quebec (Canadá), en el mundial que se celebra del 25 al 31 de julio, para cerrar una etapa y centrarse en su escuela y sus espectáculos. Lo hacemos en el centro de Antequera, en Mesón Casa Diego, un lugar para repetir y repetir. 

Más que una entrevista, es la excusa perfecta para quedar con un amigo. Como a nosotros nos gusta decir, Luis es nuestro padrino, y cada vez que lo vemos se nos viene a la cabeza su imagen lanzando cartas al aire en la primera portada de SOMOS Magazine. Ahora, casi tres años después de aquella mítica foto, volvemos a vernos en la puerta del Mesón Casa Diego, en calle Merecillas, en esta ocasión sin el madrugón de la otra vez y dispuestos a disfrutar de la buena cocina. Como siempre, nos acompaña en la mesa Ricardo Vallespín, gerente de Rivadis, que desde que comimos con Tete, entrenador del UMA Antequera, está convencido de que damos suerte a nuestros invitados… y Luis Olmedo está a las puertas de un Mundial. ¡The Last Dance! 

«Voy a Quebec por ese punto romántico de cerrar una etapa. Llevo desde 2013 concursando, siento que esa etapa ha terminado y quiero que termine de forma bonita. Es algo que ya me ha servido: tengo trabajo, he estado en congresos de todo el mundo, en teatros de todo el mundo, y empiezo a tener otras prioridades en la vida. Tengo otra búsqueda artística que no es presentarme a un concurso, y sobre todo tengo la oportunidad casi todas las semanas de poder enseñar lo nuevo que tengo y que me lo juzgue el público», confiesa el mago antequerano, Campeón de España de Micromagia, segundo en el Campeonato de Europa, Medalla al mérito en Londres, Premio Nacional de Francia y Premio Latinoamericano. 

Sobre la mesa un par de cervezas y unos boquerones malagueños con los que abrimos boca para hablar de su tercer Mundial. «Es en el que más tranquilo estoy con diferencia», afirma. Atrás quedan los nervios en Italia en 2015, donde se estrenaba, o la experiencia en Corea en 2018, al que acudía con serias posibilidades tras haber girado por Japón, China y Taiwán. «Fue la primera vez que tuve esa sensación de que la gente me conocía, que podía hacer algo. De hecho el público se puso en pie a aplaudir con la sensación de qué pena que no te lo hayas llevado y tal», recuerda.   

En ambos campeonatos logró el quinto puesto, aunque asegura que es lo que menos le preocupa en este tercer Mundial. «El resultado, sinceramente, es lo de menos. Ojalá me traiga algo, pero el no ganar nada es parte del plan», confiesa con humildad. Una humildad sincera, la del que lleva muchos años en esto y sabe que esta vez va a disfrutar, sin presión. Para ello, ha elegido un número que lleva años dominando, el mismo con el que cerró el espectáculo en Antequera. «La idea es dar una buena imagen y si de ahí sale trabajo, mejor. Un Mundial sigue siendo un escaparate muy grande», añade.  

Aun así, en la magia todo es posible. «Es una cosa muy subjetiva, cada uno lleva un número y gana el que más le gusta al jurado. No es un partido de balonmano, es arte, y el arte es subjetivo. Yo te pongo dos cuadros delante, o dos canciones, y ¿cuál es mejor?», reconoce. «Ganar un premio no significa que seas mejor que nadie, solo que ese día el jurado coincide en que tú has sido el mejor ese día. Si ganara el Campeonato del Mundo que nadie ponga eso de ‘El mejor mago del mundo es de Antequera’, por favor. Hay que parar con eso ya. Es muy clickbait«, y se ríe a carcajadas. La verdad es que el tío es gracioso, pero no le falta razón. Los periodistas somos así, y me temo que así hay que querernos… 

Seguimos riendo repasando algunos titulares cuando nos sirven el famoso revuelto de patatas, gulas y langostinos de Casa Diego. Aprovechamos para cambiar de tema y hablar de esa faceta oculta de Luis y de lo que él llama, un poco a lo Harry Potter, «La Comunidad Mágica» –los magos no se quedan atrás en el juego de hacerse los interesantes–. «Yo me considero mago autor, por llamarlo de alguna forma. Hay magos que reinterpretan piezas ya creadas y hay otros que crean sus propios efectos y demás. Dentro de la comunidad mágica se hacen muchas conferencias para que la gente que tiene un efecto nuevo, una invención nueva, comparta sus rutinas», explica. Eso le ha llevado a lugares como el Castillo Mágico de Hollywood, uno de los lugares más emblemáticos del mundo de la magia.  

«A la hora de crear un número, la magia va más allá de un simple truco. Hay muchas capas que el espectador muchas veces no percibe en un primer nivel. Se quedan con la sorpresa, con el efecto, pero no se plantean por dónde los has guiado, el discurso, la interpretación… hay una frase muy bonita de René Lavand que dice que el publico puede perdonar un error, pero jamás el aburrimiento», nos cuenta. «Antes dedicaba muchísimas horas a lo digital y menos a la presentación, al guión, a la puesta en escena… ahora estoy en un momento contrario, buscando fuentes de inspiración fuera de la magia, porque la técnica digital ya la tengo. Bebo de inspiraciones como Chema Madoz, el Carnaval de Cádiz, la pintura… me inspiro en todas las artes para componer efectos a partir de eso», explica. 

Con la llegada de un secreto ibérico a la brasa que entra por los ojos, le preguntamos por lo que él llama su «niño pequeño», su Escuela de Magia en Málaga. «Yo monté AndaMagia hace seis años, siendo una tienda de magia con una pequeña escuela, y ahora la tienda está más chiquita y la escuela más grande. Nos hemos mudado hace poquito a avenida Velázquez, a unas instalaciones más grandes y estoy super contento». Y se le nota. «Tengo más de 20 alumnos de todas las edades, desde el más pequeño que tiene 9 años pero la mayoría ronda entre los 20 y los 50 años. Intento transmitirles los valores que tengo yo, y una de las cosas que es sagrada es que la magia es para disfrutarla y para cuidarla«, recalca. 

Y hablando de magia seguimos, brindando por ese «último baile» y recordando que los sueños se persiguen y que la suerte no existe. La magia, en cambio, sí.

 

BOQUERONES FRITOS, REVUELTO DE PATATAS, GULAS Y LANGOSTINOS Y SECRETO IBÉRICO A LA BRASA 

Mesón Casa Diego cuenta con una carta muy amplia y variada. Un pescado fresco y sabroso como sus boquerones fritos, el famoso revuelto de patatas, gulas y langostinos y unas extraordinarias brasas para la carne, en este caso secreto ibérico troceado y jugoso.

 

A destacar: su patio interior entoldado, perfecto para pasar el verano. 

 

Calle Merecillas, 14 (Antequera)

952 84 37 07

mesoncasadiego@gmail.com

 

 

 

 

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