Cómic

¡¡Ibáñez!! 

Por Enrique Machuca
(Antequera, 1970) Comiquero.
Glotón audiovisual. Podcasteo en Sala de Peligro y me encanta
divulgar en el campo del cómic.
Soy @yodigono en Twitter.

El mundo del tebeo español es un mundo de apellidos reconocibles: Escobar, Vázquez, Conti, Peñarroya, Mora, Ambróx, Giménez, Roca… y ninguno más reconocible que el de Ibáñez, el creador, todo el mundo lo sabe, de Mortadelo y Filemón. 

Nacido en Barcelona en 1936, Francisco Ibáñez Talavera estrenó mayoría de edad trabajando en una sucursal de Banesto. Las páginas de la contabilidad de la empresa las llenaba de dibujitos y con 20 años les da el disgusto a sus padres, abandona la banca y empieza a trabajar de historietista para Editorial Marco donde crea personajes como Don Usura o La Familia Repollino 

Justo en 1957 los cinco mejores artistas de Bruguera –Escobar, Conti, Peñarroya, Cifré y Giner– abandonan la editorial para fundar la revista Tío Vivo, lo que hace que la editorial busque nuevos talentos, y ahí mete la cabeza Ibáñez, cuya primera propuesta es aceptada inmediatamente. Es 1958. Son Mortadelo y Filemón, agencia de información, que se publica en la revista Pulgarcito. 

Con autores como Ibáñez o Vázquez (¡prometo una entrega sobre Vázquez!) la línea de la editorial va abandonando el retrato costumbrista de los años 40 y 50 y se introduce en el humor más absurdo y en personajes basados en novelas y películas en un intento, además, de que ese alejamiento de la cotidianeidad aleja a su vez el fantasma de la censura de la dictadura. 

 

Durante los 60, y en paralelo a Mortadelo, Ibáñez crea La familia Trapisonda, un grupito que es la monda; 13, Rue del Percebe; Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio; Rompetechos o El botones Sacarino, inspirado en el Tomás El Gafe del francés André Franquin, que también triunfaba en Europa con sus álbumes de Spirou. 

El estilo de Ibáñez muta rápidamente influenciado por Franquin, de quien también coge la idea de realizar aventuras de 48 páginas, que primero son serializadas en revistas y luego recopiladas en álbumes. Es 1969. Es El sulfato atómico, el primer álbum de Mortadelo y Filemón. 

El sulfato atómico es un éxito tremendo al que siguen Contra el “gang” del ChicharrónValor… ¡y al toro! o Chapeau el “Esmirriau”. Ibáñez abandona a sus otras creaciones y se concentra en sus dos agentes de la T.I.A., que pronto son rodeados de un elenco de secundarios de lujo: el Superintendente Vicente, Ofelia o el Profesor Bacterio. Los disfraces, los chichones, las persecuciones al final de cada historieta…, se convierten en seña de identidad para varias generaciones de lectores. 

En los 70 Editorial Bruguera y Mortadelo son sinónimos: Mortadelo aparece en revistas como Gran Pulgarcito, Mortadelo, Súper Pulgarcito, Súper Mortadelo, Mortadelo Especial o Mortadelo Gigante y ve sus aventuras largas publicadas en las colecciones Ases del Humor, Olé! Magos del Humor o Súper Humor. Mortadelo es escrito y dibujado por otros autores para poder producir a destajo y hace que pierda el control creativo de unos personajes que además no eran ni suyos, pertenecían a la editorial, que se niega a reconocerle sus derechos de autor.  

Ibáñez abandona Bruguera junto a otros autores como Escobar o Jan, y empieza a publicar en la revista ¡Guai! de Editorial Junior. Es 1985. Son Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo o 7, Rebolling Street, series que no dejan de ser trasuntos de Mortadelo o de 13, Rue del Percebe. En 1986 Bruguera desaparece y su fondo editorial es adquirido por Ediciones B, que negocia con los autores fugados, que consiguen los derechos de sus personajes a cambio de dibujar nuevas aventuras para la editorial.  

Desde ese momento Ibáñez produce 3 álbumes anuales y encuentra su inspiración en la actualidad del momento de producción. No hay Olimpiada o Mundial de Fútbol o Baloncesto en el que Mortadelo y Filemón no dejen su impronta, ni acontecimiento político o social en el que no metan sus narices, ya sean accidentes nucleares, (Chernobil, que cuchitril), el retraso en la edad de jubilación (Jubilación… ¡a los noventa!) o la corrupción política (Marrullería en la alcaldía, o El tesorero, en cuya portada referencia la “peineta” de Bárcenas). 

Ibáñez no ha estado ajeno a la polémica: de vez en cuando aparecen acusaciones de que muchas historietas de los 90 las realizaban otros autores (los famosos “negros de Ibáñez”) y de plagio o de autoplagio. También periódicamente suena la posibilidad de que algún día le sea concedido el Premio Princesa de Asturias 

Es 2021. Ibáñez publica el 8 de abril su álbum 208, Misión por España. Son ya 63 años haciendo reír a varias generaciones y creando aficionados que muchos años después le rinden homenaje con líneas como estas. 

 

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