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Juan Carlos Reyes. Vuela alto en la alta cocina

Para él la cocina es algo natural. Por eso, cuando llegó el momento de elegir qué estudios cursar, nunca se planteó ser cocinero: quería que siguiese siendo divertido, su hobby. Hasta que su hermana lo recondujo por el camino que él no se había decidido a tomar. Así sigue la historia de Juan Carlos Reyes, porque comienza mucho antes, en el bar que su familia regentaba en Mollina, y continúa hoy desde las cocinas del prestigioso ABaC 

DE MOLLINA A BARCELONA, pasando por el Hotel Escuela Santo Domingo de Archidona. Juan Carlos Reyes, criado en el bar que su fami- lia regentaba en su Mollina natal, nunca pensó dedicarse a la cocina y por eso, cuando llegó el momento de elegir qué estudiar se decidió por Ciencias Ambientales. Y en eso estaba cuando su hermana sí que apostó por la cocina y su vida dio un giro. “Para mí la cocina ha sido algo natural, cuando algo se te da bien y le dedicas mucho trabajo, no crees que tengas talento”, nos dice desde Barcelona, donde trabaja como segundo jefe de cocina en el prestigioso restaurante ABaC de Jordi Cruz.  

Se formó como cocinero en el Hotel Escuela Santo Domingo de Archidona, pero el salto definitivo hacia lo que es hoy su vida lo dio al llegar a hacer las prácticas en las cocinas del El Celler de Can Roca (Girona). “Yo me había criado en un bar, creía que sabía de cocina… hasta que entré en la suya. De repente vi que no tenía ni idea, y eso me encantó”. Y en un nuevo giro de lo que él tenía planeado –quedarse como profesor de cocina en el Hotel Escuela Santo Domingo– pasó a dedicarse a la alta cocina. “La estancia en El Celler me lo cambió todo, me gustaba esa chispa de trabajar duro, de la precisión y de todo lo que tiene la alta cocina que no te lo da otra”.  

Por ello se lanzó a solicitar unas prácticas en ABaC, donde tenía previsto entrar en junio, pero en abril de ese mismo año vio puestos de trabajo disponibles en el mismo destino y al día siguiente estaba allí con sus maletas. Hasta hoy.  

De esto han pasado cinco años en los que ha tenido diferentes puestos y responsabilidades hasta llegar a ser segundo jefe de cocina y trabajar junto a Jordi Cruz. “Escuchando a Jordi siempre aprendes”, asegura.  

MÁXIMA DEDICACIÓN. “Cuando te dedicas a la alta gastronomía hay que tener algo mas que pasión, la pasión no es suficiente. Hay que tener dedicación”. Y no es para menos en un oficio en el que se trabaja de 14 a 16 horas diarias. Por eso pide que se dignifique la profesión y a quienes se dedican a ella.  

También requiere la ilusión y las ganas que a Juan Carlos le sobran por aprender y hacer cosas nuevas. “Yo no tengo ningún estilo marcado en la forma de cocinar, estoy abierto a aprender todo” y por eso ahora se ha embarcado en conocer mucho más la cocina asiática.  

SIN PERDER LAS RAÍCES. Pese a su dedicación a la alta gastronomía, nunca ha perdido el con- tacto con sus raíces. “Son los dos mundos de la cocina y te hace respetar a todos, por eso recomiendo conocer estos dos tipos de cocina”.  

Junto a su hermana abrió un restaurante en Mollina, Contracorriente, del que se ocupa su familia, pero su futuro también pasa por volver a casa, no sin antes viajar y dar una vuelta al mundo para empaparse de la cultura, las gentes y la gastronomía de muchos rincones del planeta.  

 A sus 30 años, sus planes en la actualidad están en ABaC, pero ya está pensando en cosas nuevas a más largo plazo.  

Cocinero versátil, le gustaría tener varios restaurantes, uno de ellos en su pueblo. “Quisiera montar el primer restaurante en Mollina para aportar mi granito de arena al sitio del que soy. Pero primero quiero viajar, conocer bien las diferentes culturas. Es importante y bonito que yo lo viva y lo trasmita a la gente de mi pueblo a través de mis platos”. 

ASIAN CULINARY AWARDS.  

Muy suyo, acorde a su filosofía de vida sana y deportiva. Así es el plato que Juan Carlos Reyes presentó a la quinta edición de los prestigiosos Asian Culinary Awards, de los que se proclamó vencedor en el mes de marzo.  

Asian green noodles & alioli de menta y albahaca, un curry verde de espinacas con noodles, espárragos y una juliana de limón y kunkuat y acompañado con un alioli de hierbas.  

Un plato en el que el 95% de los componentes son vegetales y donde no falta el toque asiático.  

El premio, un viaje a Asia para dos personas, al que irá con su hermana –también profesional de la cocina, en este caso pastelera– y que le ayudará a acercarse a una cultura que respeta mucho y de la que ahora quiere conocer aún más, sobre todo a través de su cocina.