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Juan Ramón Veredas, el genio discreto del jazz

Siempre en un segundo plano, con la tranquilidad que da el saberse con el trabajo bien hecho. Juan Ramón Veredas (Antequera, 1975) es, posiblemente, uno de los mejores músicos de la provincia de Málaga, aunque no necesita que nadie se lo diga.

Profesor en el Conservatorio Superior de Málaga desde 2004, cuando obtuvo la plaza número 1 de Andalucía por oposición, cuenta con una dilatadísima carrera artística y docente, además de haber logrado implantar un itinerario de jazz dentro de los estudios clásicos del Conservatorio. Quien lo haya escuchado alguna vez tocar el piano sabrá de la importancia de este músico antequerano, referente en la sombra de otros grandes referentes que lo consideran un verdadero maestro. La Escuela Municipal de Música de Antequera ha reconocido su trabajo en el Día de Santa Cecilia, Patrona de la Música.

Acabas de recibir un reconocimiento por parte de la Asociación Amigos de la Música de Antequera, colectivo que se encarga de la gestión de la EMMA, en el Día de Santa Cecilia. ¿Cómo te sientes? Es algo comprometido para mí, siempre he sido muy discreto y he rehusado que en un momento dado se me reconozca algo más allá de que pueda ser meritorio o incluso de justicia. La música es un universo que se da mucho al egocentrismo y la apariencia, y se utiliza muchas veces para eso, cuando es lo último que se debe lograr. En este caso es diferente porque viene de gente a la que tengo muchísimo cariño y que lo están haciendo de corazón. Es un regalo y los regalos que vienen de esa forma no sólo hay que aceptarlos, sino que hay que hacerlo enormemente. En este sentido estoy muy contento, y además le sumo que lo fundamental para mí es que ha supuesto una oportunidad para reconocer a mis padres, que son los que sí que han tenido mérito y siempre han luchado mucho para que, no solo yo, sino todos mis hermanos, logren estar donde ellos quieren estar, de una manera siempre incondicional y bajo unas circunstancias muy complicadas. Ha sido una buena oportunidad para poder regalárselo y ahí está en mi casa, y mi madre está súper contenta.

«La música es un universo que se da mucho al egocentrismo y la apariencia, y se utiliza muchas veces para eso, cuando es lo último que se debe lograr»

En tu discurso dijiste que ellos fueron los que te animaron a dedicarte a la música. No es algo muy habitual, ya que los padres tienden a animar a sus hijos a dedicarse a otro tipo de profesiones, ¿no? Efectivamente, lo habitual es que, casi en el año 2020 ya, todavía la gente te dice que si te dedicas a la música tienes que hacer algo más porque tiene pocas salidas.

Yo hice una encuesta hace un par de años entre mi alumnado del Conservatorio Superior de Málaga, que es nivel universitario, y allí tenemos una media del 87 por ciento de alumnos que compatibilizan los estudios de música con otros estudios universitarios porque no creen en el desarrollo profesional de la música.

Bueno, es difícil, pero como todo. De hecho yo empecé a estudiar Química. Fue mi padre quien, cuando terminé COU y planteé en mi casa que iba a estudiar una carrera de Ciencias, me dijo que lo que tenía que hacer era dedicarme a la música. Fueron él y mi hermano mayor, que siempre ha sido un gran consejero para mí. Me dieron un consejo grandísimo: “si crees en algo, pon toda la carne en el asador porque saldrás adelante”. Yo me había matriculado en Química, hice un curso entero con unas notazas increíbles, pero aún me acuerdo de la cabina de teléfonos desde la que llamé a mi padre para decirle: “papá, tenías razón, me voy a dedicar a la música y el curso que viene estaré de lleno en el Conservatorio”.

«Aún me acuerdo de la cabina de teléfonos desde la que llamé a mi padre para decirle: “papá, tenías razón, me voy a dedicar a la música»

Y elegiste la música, y especialmente el jazz. ¿Por qué el jazz? El jazz ha sido una cosa sobrevenida en realidad. No es un género que aparezca en mi vida de manera precoz, sino todo lo contrario. De hecho, si tengo que buscar un resorte estilístico más concreto seguramente sea el flamenco, porque mi padre es experto y yo he escuchado flamenco toda mi vida, y he escuchado mucha copla cantada por mi madre constantemente en casa. Luego también he vivido el contexto de la música popular porque todos mis tíos son músicos; no profesionales, pero de mucha calidad, y he vivido esos ámbitos familiares de una fiesta, una Navidad… donde siempre había una guitarra, se cantaba música popular… incluso algunos tíos míos iban con las orquestas famosas de aquí, la Orquesta Torcal, el Trío Primavera… Sin embargo hay un momento en el que conecto con la música clásica a través de mi padre, que fue quien me incitó a estudiar en el Conservatorio. Yo nunca quise, de hecho incluso cuando entré me di cuenta de que aquel no era mi sitio, porque lamentablemente la música que yo vivía fuera del Conservatorio no era la misma que me estaban ofreciendo allí, y esto es un sentimiento que mucha gente sigue teniendo a día de hoy y con el cual tengo que bregar constantemente en mi trabajo, porque además yo soy muy crítico con mi propio sistema. Pero bueno, yo me he cultivado en la música clásica y el jazz vino cuando estaba a punto de terminar. Hay una cosa muy natural para manifestar esa afinidad directa con la música jazz, y es la improvisación. Yo lo que he hecho toda mi vida es sentarme al piano a tocar. Así que terminé el clásico y el jazz ha sido algo absolutamente autodidacta.


Dices que eres crítico con tu propio sistema, hasta el punto de que te has trabajado un itinerario de jazz para el Conservatorio. ¿Qué supone eso para Málaga? Estudiando clásico observaba el funcionamiento de los conservatorios y me daba cuenta de que, efectivamente, la denominación era justa: conservatorio, de conservar tradiciones. Pero claro, el jazz también es música clásica, no en vano tiene ya 130 años como mínimo, aunque todo esto viene de África y la base se pierde. Pensé que por qué no se conservan también esas tradiciones. Entonces empecé a investigar y me di cuenta de que en otros sitios sí que se estudiaba jazz aun siendo conservatorios que mantenían las tradiciones europeas. La decisión de luchar por esto surge cuando ya me encontraba situado como profesor y me topé con un compañero catedrático a punto de jubilarse que llevaba haciendo jazz en el Conservatorio desde 1992 de una manera muy folclórica, muy excepcional, a través de optativas. Entendí que aquello era el embrión de algo y decidí continuar su labor. Ha costado mucho, pero hemos conseguido que la propia administración y la propia sociedad se dé cuenta de que la música se manifiesta de formas diversas, pero es una, no hay fronteras entre la música. En el caso del jazz es una música que ya tiene tradición, se estudia, está normalizada y teorizada especialmente desde América, y en Europa esto se hace desde hace un montón de tiempo. En España tenemos Barcelona, Musikene, Valencia, Madrid… y en Andalucía vamos tarde ya, es un atraso que los conservatorios andaluces no pudieran impartir eso. Aún así sigo siendo crítico porque la incorporación del itinerario de jazz por parte de la administración ha sido un poco a regañadientes y todavía tenemos que seguir convenciéndoles. Solo dos plazas por especialidad es muy poco, pero ha sido un gran paso.

«La música se manifiesta de formas diversas, pero es una, no hay fronteras»

Un logro no exento de polémica, ya que en un principio solo se lo concedieron a Sevilla… El proyecto se inició a dos bandas, Málaga y Sevilla, y todavía estamos esperando explicaciones de por qué se nos sacó del tablero de juego. Se lo llevó Sevilla, pero no fue justo porque, de merecerlo alguien, lo merecía Málaga. Nosotros teníamos un amplio historial y Sevilla no pudo demostrar nada, tuvo que inventarse un montón de asignaturas optativas para crear una especie de infraestructura, y nosotros eso ya lo teníamos hecho. Yo en ningún momento quise esto solo para Málaga, yo defendí el itinerario para Andalucía, pero no se lo deberían haber quitado a Málaga. Lo estuvimos reivindicando y este curso ha entrado ya por fin.


Unas reivindicaciones que titulasteis ‘Málaga, Ciudad del Jazz’. ¿Hasta qué punto Málaga y el jazz están relacionadas? Málaga es una ciudad en la que convergen muchísimos músicos de jazz de una calidad increíble a nivel europeo. Yo no quería que este fuera un movimiento solamente del Conservatorio y que generara separatismo, quería que fuera algo en común, así que lo primero que hice fue contactar con todas las instituciones y los representantes del jazz en la ciudad. Hay muchísimos, Málaga ha tenido tradicionalmente personas y músicos emblemáticos en el ámbito del jazz con una proyección a nivel internacional.

«Málaga es una ciudad en la que convergen muchísimos músicos de jazz de una calidad increíble a nivel europeo»

Has reunido a muchos de ellos en un proyecto llamado New Sound Big Band. ¿Cómo es esa banda? Nació con esa idea de aglutinar a los músicos destacados de la escena del jazz malagueño en un proyecto que eventualmente concentrara a 20-25 personas con ese prestigio en conciertos muy concretos, donde se generara una música actual, moderna, donde se hicieran arreglos específicos para ese momento siguiendo el modelo de muchas orquestas big band europeas como la de Frankfurt, la de Colonia, Amsterdam… Son gente con muchos compromisos y es muy complicado contar con ellos, pero los cinco o seis conciertos que hemos hecho hasta la fecha –uno de ellos en Antequera, en el Nájera Jazz-, imagínatelos. Cuando me sitúo delante de esta gente de tantísimo nivel a dirigir, les miro las caras, bajo la mano y empiezan a tocar… madre mía, es un auténtico regalo.

También has traído la enseñanza del jazz a Antequera, ya que diriges el Aula de Jazz de la EMMA. ¿Cómo son esas clases? La idea original cuando empezamos en la Casa de la Juventud era formar a los profesores para que ellos mismos pudieran formar a sus alumnos. Después comenzó una demanda externa del propio alumnado y empezamos a darle cabida. La filosofía del proyecto es que ahí puede entrar cualquiera, tenga el nivel que tenga, a conocer lo que es el jazz que, a priori, muchas veces establece ciertas distancias. Sin embargo, yo garantizo a cualquier persona que entre en el aula que sale tocando un tema con nosotros en cada clase. No hace falta tener muchos conocimientos ni ser un virtuoso, solo hay que tener ganas, así que lanzo una invitación a que la gente venga y participe, que la diversión está garantizada.

“Antequera ha sido tradicionalmente una ciudad con inquietudes musicales”

¿Qué ha supuesto la EMMA para Antequera? Teníamos un conservatorio, pero ahora parece que la gente ha perdido un poco el miedo a estudiar música… Exacto, se trata de eso. Antequera ha sido tradicionalmente una ciudad con inquietudes musicales, han salido una gran cantidad de grupos que han alimentado las décadas anteriores y que han tenido mucha influencia en el plano social de la ciudad. Ahora la escuela está recogiendo mucho de eso y proyectándolo. De tener 150 inscripciones que teníamos al principio, a más de 600… algo se está haciendo bien y algo hay en la ciudad que necesita canalizarse. Esto tiene un valor que todavía la gente no se da cuenta, al margen de la cantidad de trabajo que tiene detrás y que quizás sea el valor más importante. Pero lo que da identidad a una sociedad es el plano cultural. Esto está ahora mismo resultando ser uno de los motores principales de la ciudad, y lo que necesita es una plataforma que lo proyecte más allá. Al recoger el reconocimiento que me dieron aproveché que había políticos presentes para invitarles a apostar por esto, aunque ya se apuesta y hay muy buena sintonía. Pero para mí ese apoyo está al 10% de lo que esto necesita, porque podría ser un centro de referencia en Andalucía a niveles como la escuela de Sant Andreu. Falta un 90 por ciento con el que se podría conseguir un centro mejor habilitado, con mejores características, mayor profesorado, mejor pagado… muchas cuestiones, porque esto tiene muchísimo potencial.

«Podría ser un centro de referencia en Andalucía a niveles como la escuela de Sant Andreu»

Siempre decimos que esta escuela está muy bien ahora, pero que en el futuro se va a notar mucho más lo que aquí se está haciendo porque la música, además de ser generadora de cultura, es muy beneficiosa en otros muchos aspectos. Eso está muy estudiado ya, a nivel de neurociencia, de psicopedagogía… y sobre todo el valor que tiene en la inteligencia emocional. El desarrollo y el aprendizaje de un instrumento, el compartir música con otras personas… todo eso conectado con el elemento fundamental de la psicomotricidad. El mayor potencial para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños viene siempre del movimiento y de todo lo que está relacionado con la música: la creación, la improvisación, la espontaneidad… la música reúne todos estos condicionantes.

Además de tu proyecto académico en el Conservatorio Superior, ¿qué proyectos tienes entre manos artísticamente hablando? Dentro del Conservatorio tenemos nuestra big band, que tiene ya un recorrido importante. Fuera del centro, al margen de colaboraciones como las que hago con Two for swing y otras tantas, tengo ahora un proyecto muy importante con un violinista compañero que aúna violín clásico con trío de jazz, con el que estoy disfrutando un montón. Y luego, estoy desarrollando mi propio trío junto a Markus Schneider al contrabajo y José Luis Gómez ‘Polaco’ a la batería, con un trabajo propio de composición que queremos grabar de aquí a un año. Y también soy parte activa directa del proyecto en solitario de Raquel Pelayo con estos mismos músicos, que está preparando su disco para grabar en verano. Con eso tengo bastante, me salen muchos proyectos pero tengo que rechazar muchos. Eso y seguir aprendiendo cada día de la música y disfrutando de ella.