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La cuesta de enero (en la ciudad de las cuestas)

María Molina
Antequerana desde el 88.
Diseñadora de moda por titulación e inquieta por condición. Me gusta crear, leer, investigar y después venir aquí a contarlo. ¿Un bombardeo sin casco? ¡Me apunto!

Estoy en el sofá mirando el árbol de Navidad antes de meterle mano y empezar a desmontarlo y no paro de pensar en lo que nos viene encima en estos próximos días. Este vacío que dejan en casa la ausencia de luces, guirnaldas, figuritas y botellas de vino pidiendo guerra es difícil de superar. Y es que todos los años nos ocurre lo mismo: llenamos tanto nuestras casas, nuestras vidas y nuestros estómagos durante la Navidad –a la par que vaciamos sin piedad nuestros bolsillos– que volver a la realidad se hace muy CUESTA ARRIBA.

Así que bienvenidos a la famosa cuesta de enero, la resaca más larga del año.

El asunto es el siguiente: si hemos logrado sobrevivir a los encuentros navideños familiares, esas interminables comidas con los cuñaos, los envenenamientos por exceso de comida de nuestras madres y los chupitos de anís a cualquier hora sin ningún tipo de patrón de comportamiento, llegamos a la vida normal con las mismas ganas de retomar la vida sana y rutinaria que de que una pantera nos arranque el dedo chico del pie a bocados. Además de llegar mermados en capacidades físicas y mentales, agotados y pobres, nosotros mismos nos ponemos otra piedra en la mochila: LOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO. Y, ¿qué ocurre? Que tenemos primero el estrés de cumplirlos y después la culpabilidad de no haberlo hecho. Sigo diciendo que el ser humano es una criatura maravillosa: cuando creemos que no podemos sentirnos peor, encontramos la manera de hacerlo, como cuando estás triste y pones música triste para que tu triste tristeza tristemente te devore. Nos adoro.

Os confieso que este año no voy a plantearme ningún propósito ni reto más allá de seguir respirando, que a veces no me parece poco, pero si queréis echaros unas risas os cuento los del año pasado para 2020…

 

VIAJAR MÁS… No tengo palabras, en 2020 lo único que he hecho con mis maletas ha sido quitarles el polvo y hacerlas rodar por el pasillo durante la cuarentena para que no se les olvidase para qué han venido a este mundo.

VER MÁS A LA FAMILIA… ¿Cuentan las video llamadas?

HACER NUEVOS AMIGOS… Aquí sí que di en el clavo, sí señor. Lo único nuevo que he hecho este año es dejar que me metan un bastoncillo de 2 metros de longitud por la nariz. PCR lo llaman, imagino que querrá decir “Para Comprobar tu Resistencia en la vida”.

PRACTICAR DEPORTE TODOS LOS DÍAS Y LLEVAR UNA DIETA SANA… Teniendo en cuenta que hemos estado metidos en casa la mitad del año y que me ha faltado comerme los marcos de las puertas, creo que este objetivo tampoco lo hemos cumplido.

Así que, como todo en este 2020, he acabado aprendiendo algo que espero no se me olvide nunca: “NO TE PONGAS PROPÓSITOS PARA EL AÑO NUEVO” porque claramente se pueden volver en tu contra.

“Este año no voy a plantearme ningún propósito ni reto más allá de seguir respirando, que a veces no me parece poco”

Estos días he pensado que el término ‘cuesta de enero’ debió crearlo un antequerano, porque Anteque

ra además de ser la ciudad con más iglesias por habitante, es la ciudad con más cuestas por habitante del mundo. Y alguno debió pensar, al llegar a lo más alto de alguna de ellas, ahogado, con las orejas rojas y sin ganas de hablar ni de respirar, que esa sensación se parecía mucho a la que nos invade cuando tenemos que encarar un nuevo año con todos sus meses y todos sus días, todas sus cosas que hacer y todas sus obligaciones. Y allí, en lo alto del ‘tó’ de Antequera, mirando al vacío, surgió el nombre. Enero es como una cuesta, ¡porque cómo cuesta subirlo!

Una vez este concepto estuvo inventado (en Antequera, por supuesto), se nos ocurrió el siguiente, para animarnos aún más: EL BLUE MONDAY. Y, os preguntaréis, ¿qué es el blue monday? Pues sencillamente, el día más triste del año. Un estudio –esta vez no fue un antequerano, sino un inglés– determinó que el tercer lunes de enero (cómo no) es el día más triste de todo el año, por varios motivos:

El primero y principal que es lunes, y un lunes nunca puede ser un día maravilloso a menos que te haya tocado el Euromillón.

La presión por las deudas navideñas, porque al final el tema de compras, salidas y regalos a todos se nos acaba yendo un poco de las manos.

No haber cobrado el mes de enero, por lo que las deudas y el agobio se incrementan, el ciclo de la vida se llama. Cobrar-gastar-arrepentirse-agobiarse y así sucesivamente.

El tiempo que ha pasado desde la navidad, que ya es suficiente para que se nos haya olvidado la cena con el cuñado de turno y nuestra mente solo se quede con los buenos momentos que echamos de menos.

Los propósitos de año nuevo incumplidos, porque ya han pasado tres semanas y ese cuerpo tuyo sabe que no vas a ir al gimnasio, no vas a comer sano ni vas a dejar de fumar, otro año más. Y aquí vuelvo a repetiros que es única y exclusivamente culpa nuestra, es mejor no ponerse ningún propósito porque encima de hacernos el mes más difícil nos lleva de cabeza al día más triste del mes más triste del año.

Así que vamos a escondernos un poco, pasar desapercibidos durante las próximas semanas, porque después de tocar fondo solo se puede ir para arriba, y febrero nos traerá mejores momentos, ¿no? Mucho ánimo, pocos propósitos y paciencia, porque… ¡cómo cuesta la cuesta en la ciudad de las cuestas!