Cómic

La novela gráfica, ese invento

Por Enrique Machuca
(Antequera, 1970) Comiquero.
Glotón audiovisual. Podcasteo en Sala de Peligro y me encanta
divulgar en el campo del cómic.
Soy @yodigono en Twitter.

Yo lo tengo claro: una novela gráfica es un tebeo más o menos gordo con más o menos páginas y una encuadernación más o menos resistente que permite, y ahí está el quid de la cuestión, una vida comercial mayor y unas mejores perspectivas de ser vendida en librerías generalistas, FNACs, grandes superficies y demás. Y si no, dejemos que hablen los sabios:

Alan Moore, probablemente el mejor guionista de la historia del cómic y cuyo Watchmen fue incluido por la revista Time como una de las 100 mejores novelas, gráficas o no, del siglo XX: “Es un término comercial por el que no tengo ninguna simpatía. El término ‘comic’ me sirve. El problema es que ‘novela gráfica’ ha llegado a significar ‘tebeo caro’ y lo que consigues es que gente como DC y Marvel, debido a que las ‘novelas gráficas’ estaban consiguiendo cierta atención, ponen juntos seis capítulos de cualquier basura de la que publican dentro de una cubierta vistosa y lo llaman Hulka La Novela Gráfica”.

Neil Gaiman es usualmente presentado como el autor de las novelas gráficas de Sandman, pero es totalmente consciente de que Sandman se publicó en formato comic-book impreso con tintas malas en un papel que ya era amarillento cuando salió de la imprenta: “Me quieren hacer un cumplido, supongo. Pero de repente me siento como alguien a quien le han informado de que realmente no es una puta, sino que es toda una dama”.

Otro pergeñador de comic-books, Jeff Smith, autor de Bone, apunta en la misma dirección, pero con matices: “No me gusta ese nombre, nos lo están metiendo a presión. Es un comic-book, pero con una diferencia, es una novela en el sentido de que tiene planteamiento, nudo y desenlace”.

Moore en la entrevista antes reseñada apoya este matiz: “Puedes llamar novela a Maus, o a Watchmen, en términos de densidad, estructura, tamaño, escala, seriedad del tema, cosas así”.

Pero tanto Moore como Smith soslayan que sus obras, y también Maus, se publicaron serializadas (como muchas de las grandes novelas del siglo XIX) y sólo cuando triunfaron en ese formato se recopilaron en un solo tomo y se convirtieron en “novelas gráficas”. Y que cada comic-book, tebeo o cuadernillo tiene su propia estructura en tres actos. Y que hay novelas sin densidad, estructura, tamaño, escala ni seriedad.

En la escena nacional, Paco Roca afirma que la novela gráfica permite “más páginas, una narrativa diferente y una mayor cabida de diferentes temáticas y enfoques gráficos”. Lo único que tengo claro es lo de las páginas. Más y con más libertad. No es lo mismo tener 24 páginas para contar una historia que 224, 326 o la cifra que el autor negocie con la editorial.

Para mí la relevancia de la novela gráfica es simplemente comercial, la moda más o menos duradera que la mercadotecnia reclama en estos momentos. La misma historia que ahora se presenta como novela gráfica de 200 páginas, hace 20 años se hubiera publicado en formato  cuadernillo sí o sí. Y hubiera sido tan estupenda o tan chunga en un formato o en otro.

Y, sin embargo, de cara al público, el formato sí define a la obra. Una novela gráfica, un tomo, o como quieras llamarlo, es más atractivo y vendible para un público no iniciado, y mucho más regalable que un cuadernillo. Contra la opinión que se tenía, y que algunos aún tienen, un tebeo barato y de pocas páginas ya no contribuye a popularizar el medio. Una “novela gráfica”, sí.

Es decir, desde este punto de vista, bienvenida sea la ‘novela gráfica’. De otra forma es un formato más, ni mejor, ni peor, ni medio pensionista. Sea como sea, y en cualquier formato, lean cómics. Les compensará.

 

Para saber más sobre cómics tenéis a vuestra disposición los casi 50 podcasts de Sala de Peligro y su versión web. Síguenos también en redes sociales y Youtube.