Familia

Los padres ante la entrega de notas 

Cosecha del 84. Hija y madre de familia numerosa. Licenciada en Ciencias Políticas entre papeles de colegio. Trimadre con poco tiempo libre, mucho sueño y ganas de cambiar el mundo.

Va asomando el veranito y los que somos padres ya sabemos lo que viene…el último tirón en el cole, ‘insti’ o universidad y, con ello, las temidas notas. Es un momento que se vive normalmente con nervios y tensión en las casas… ¿Qué habrá sacado? ¿Cuántas habrá suspendido esta vez? ¿Cuántos sobres tendrá? Que no cunda el pánico. No lo vivamos como si fueran nuestros propios logros o nuestros propios fracasos… ¡porrrrr favor! 

Examinándome yo misma, creo que les exigimos demasiado. ¿Tú sacabas las mismas notas que exiges a tus hijos? Veo a padres cada día que no paran de “machacar” a sus hijos para que aprieten, para que “saquen más” cuando ellos posiblemente no han llegado ni a ese punto. Y yo me pregunto si tan importante para vivir es ese número. Nuestros hijos deben ser más que un 7, un 8 o un 10, nuestros hijos no deben ser un número, deben ser buenas personas, deben ser personas educadas, personas que respeten al de al lado, personas que ayuden al que lo necesite y no un simple número.   

Es cierto que es necesario “ser un número” para poder alcanzar algunos objetivos: una plaza en la carrera que quiere, una buena media…pero, ¿nos centramos solo en eso olvidando lo verdaderamente importante? 

No es aconsejable valorar la calificación en sí misma, el numerito en sí. Tampoco exigir al niño una determinada nota. Lo más importante es valorar el esfuerzo que hacen, ya que muchas veces el esfuerzo no está reflejado en la calificación obtenida. Hay niños que sin esforzarse consiguen el aprobado, y otros que tras echarle muchas horas no logran obtenerlo. Los primeros pueden estar –y seguro que lo hacen– desperdiciando parte de su potencial (yo tengo uno de estos y me pone enferma), y los segundos pueden desarrollar altos niveles de frustración y desmotivación fácilmente. 

Tampoco es aconsejable comparase entre hermanos (que solemos hacerlo). Cada niño es un mundo, es único e irrepetible, con sus propios intereses, nivel de maduración y estilos de aprendizaje. Y como decía Einstein: «Todo el mundo es un genio… pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, pasará el resto de su vida creyendo que es un idiota». 

x

Pincha y sígueme en La madre molona