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Mari Carmen Casermeiro. Flow a golpe de bádminton

Dice que va con el flow, sin pensar mucho en proyectos de futuro, pero la verdad es que Mari Carmen Casermeiro (Antequera, 1995) tiene muy claro dónde está y lo que quiere hacer. Hace años su nombre se colaba por méritos propios en todas las crónicas deportivas gracias a sus resultados, hoy –con mucho menos ruido mediático detrás– su vida sigue girando alrededor del deporte desde la Federación Europea de Bádminton en la que trabaja. Deportista, gestora deportiva y muy social, Mari Carmen es, sobre todo, un ejemplo de trabajo, disciplina y amor por el deporte. Una mujer que recuerda con una sonrisa a aquellos que le decían que no podría vivir del bádminton. Porque el deporte tiene muchas vertientes y ella las conoce todas. 

Desde el mes de febrero trabajas en la Federación Europea de Bádminton, con sede en Copenhague (Dinamarca). ¿Qué trabajo realizas allí? 

Mi puesto tiene mucho nombre: Development and High Performance Officer. Básicamente trabajo en el departamento de Desarrollo y Alta Competición de la Federación Europea donde lo que hacemos es trabajar en proyectos para desarrollar la modalidad deportiva, que en este caso es el bádminton, pero no a nivel de la alta competición, sino en materia de igualdad de género, voluntariado, inclusión, etc. La idea es incorporar el bádminton a la sociedad, porque en el deporte la alta competición es solo un pequeño porcentaje, al 95% de los que no somos deportistas de élite nos gusta practicar un deporte y da igual si tenemos o no discapacidad,  o somos mujeres u hombres. Mi trabajo consiste en crear e implementar para toda Europa nuevos proyectos destinados a las personas con algún tipo de discapacidad e impulsar el rol de la mujer desde la perspectiva de entrenadora, árbitra, jugadora, gestora, entre otras cosas. Además, me encargo de organizar los cursos de formación a nivel internacional para entrenadores, así como de servir de apoyo en los eventos en los que participamos. 

Durante cerca de tres años has trabajado en la Federación Española de Bádminton, ¿cómo llega este salto internacional? 

Aunque parezca mentira, le tengo que dar las gracias a la pandemia. Durante este tiempo sola en Madrid me dio tiempo a pensar y darme cuenta de que allí estaba infravalorada y había tocado techo profesionalmente, así que necesitaba un cambio… y no tenía nada que perder. Me salió la oportunidad de trabajar como profesora de Educación Física y lo combiné con mi trabajo en la Federación, pero no era viable continuar con tantas horas de trabajo, así que cuando vi una oferta de la Federación Europea con unos requisitos similares a lo que yo ya hacía, probé suerte, pasé la primera entrevista y me seleccionaron.  

De Madrid a Copenhague en cuestión de días, ¿cómo ha sido el cambio? 

Ha sido muy grande pero lo he afrontado mejor de lo que esperaba. Ya había dado un salto similar anteriormente, cuando pasé de estar estudiando en Granada a irme a Madrid, por lo que ya tenía esa experiencia previa. Aunque ahora se ha añadido el problema del idioma, ese es mi mayor reto y todavía lo estoy enfrentando. A ello se suma el cambio de cultura, costumbres y de tiempo –el invierno aquí es el más duro que he conocido– y que vivo con tres griegos que estudian un Máster de Ingeniería. Y, por supuesto, profesionalmente este es el reto más grande de mi vida.  

Estamos hablando de una federación en la que se coordinan las 54 federaciones de bádminton con las que cuenta Europa. El trabajo, sin duda, debe ser intenso. 

Es una empresa internacional pero pequeñita, con 16 personas en la oficina procedentes de diferentes países de Europa. Entre ellos hay dos españolas que me han ayudado mucho, particularmente una de ellas, que desde el primer día me acogió. Muy cerca de aquí también vive Javi Rubio, antequerano que inauguraba la sección ‘Por el Mundo’ de SOMOS, y al que le debo todo. Sus amigos son los míos y al revés. El día a día es bastante positivo, trabajo de 8.30 a 16.00 y lo importante es que se respeta mucho el horario de trabajo y descanso; además, las condiciones salariales son mucho mejores que en España. En el trabajo te guían y acompañan mucho, algo muy diferente a lo que tenía en Madrid y que también echaba de menos.  

Tu vida siempre ha estado ligada al deporte: graduada en Ciencias del Deporte, especializada en Gestión de Entidades Deportivas y jugadora de bádminton. ¿Cuándo decides dedicarte a esa otra vertiente del deporte? 

Estaba en Granada terminando el Máster de Profesorado, que compaginaba con mis entrenamientos y competiciones como jugadora, cuando llegó un momento en el que los horarios de los entrenamientos y demás no me compensaban. Me di cuenta de que todo se estaba complicando y, perdiese o ganase, las competiciones ya no me llenaban, no le veía futuro a mi carrera, así que decidí dejar de competir. Justo entonces, en 2018, salió una beca de la Federación Española de Bádminton en la que buscaban una exjugadora graduada en Ciencias del Deporte y, aunque sin mucha esperanza de que saliese, me presenté. Un mes después lo dejé todo y me marché a Madrid. 

«AL FINAL HE CALLADO A MUCHAS PERSONAS QUE ME DECÍAN QUE DEL BÁDMINTON NO IBA A PODER VIVIR» 

En la Federación Española has sido gestora del área deportiva de la alta competición, coordinadora de proyectos y coordinadora técnico-administrativa del área de eventos nacionales e internacionales. Sin duda, has abarcado muchas áreas de trabajo… 

Cuando llegué en 2018 mis funciones estaban más ligadas al área administrativa organizando competiciones internacionales, más tarde en la organización de eventos y campeonatos nacionales e internacionales, etc. Durante mi segundo año pude hacer un Máster de Gestión deportiva y ya en mi tercer año allí entré en el área de desarrollo, implementando nuevos proyectos. Tuve que desarrollar un rol muy amplio. Vamos, que he tocado todas las áreas en las que se trabaja en una federación.  

Además, eras la responsable del proyecto Mujer y Bádminton. ¿Cómo ves el papel de la mujer en la actualidad en el deporte en general y el bádminton en particular? 

Muchas federaciones tienen el proyecto Mujer y Deporte del Consejo Superior de Deportes, y yo era la encargada de él en la federación de bádminton. Creo que en la actualidad el rol de la mujer está creciendo a pasos agigantados, según muestran todos los estudios y los resultados en las áreas deportivas. Por suerte, cada vez hay más entrenadoras, gestoras, árbitras, y también más puestos ejecutivos. A lo que ha contribuido el plan estratégico que implementó la federación y que ha sido clave para desarrollar acciones en estamentos específicos concretos, no solo apostando por las deportistas sino también por entrenadoras, gestoras, árbitras, y demás.  

Desde la federaciones y entidades gestoras se ofrecen las mismas oportunidades a hombres y mujeres, pero aún así vemos que las cifras no están equilibradas, por ello tenemos que seguir indagando para ver qué pasa o cómo tenemos que seguir. Vamos por buen camino pero todavía queda mucho trabajo por hacer. 

Llegas a la Federación Española ya como exjugadora, pero cuentas con una trayectoria deportiva anterior muy importante. ¿Cómo decides acercarte a este deporte? 

Comencé a jugar a los 10 años en el Club Bádminton Los Colegiales, siendo mi entrenador Kiko Reyes. Llegué allí a través de mi hermano, ya que él jugaba y yo hacía lo mismo que él. Hoy, mi hermano es director del Área de Desarrollo y Formación de la Federación Española de Bádminton, donde está muy contento.  

Al año de empezar tuve la suerte de competir a nivel andaluz y con 14 años surgió la oportunidad de irme al Centro de Alto Rendimiento que se encontraba en Huelva, donde pude estar dos años dedicada profesionalmente al bádminton mientras estudiaba. Ahí es donde empezó mi vida profesional como deportista y conseguí mis mayores logros a nivel deportivo. Sin embargo, en 2008 y debido a la crisis económica, nos echaron del centro y tuve que volver a Antequera. Ese momento supuso un cambio muy importante para mí, mentalmente no podía soportarlo, así que decidí dejar el bádminton durante un año, estaba en segundo de bachillerato. Al llegar a la Universidad de Granada, no obstante, me fichó el equipo, que era muy bueno, y fui retomando los entrenamientos y las competiciones, pero con los años notaba que bajaba el nivel de los entrenamientos, hasta que con 23 años vi que mis resultados y mi motivación iban a la par y decidí dejarlo. 

Sin embargo fueron 13 años de competición en los que conseguiste un palmarés bastante importante… 

Puede decirse que mi pico estuvo entre los 15 y los 17 años, durante mi estancia en el Centro de Alto Rendimiento, pero la verdad es que sí que conseguí estar en bastantes campeonatos. Fuimos campeones de España con la selección andaluza cuatro años consecutivos, a nivel individual fui subcampeona de España, quintos de Europa a nivel europeo, terceros del mundo a nivel escolar con la Selección Española, campeona de Andalucía en varias ocasiones en diversas categorías… además de participar en torneos internacionales con la Selección Nacional desde sub-13 a sub-19.  

Se puede decir que has vivido la vida de un deportista de alto rendimiento y ahora lo haces desde otra perspectiva. 

La vida de un deportista de alto rendimiento requiere mucha disciplina, y lo que no te mata te hace más fuerte. Yo me fui de casa con 14 años, la rutina era muy dura y te sientes un poco desamparada, además, tenía que seguir estudiando porque sabía que del bádminton como deportista no iba a vivir. Pero gracias al bádminton soy lo que soy y, al final, he callado a muchas personas que me decían que de este deporte no iba a vivir y al final sí que lo estoy haciendo. Ahora lo disfruto como cuando era una niña, ya no tienes presión, lo que más aprecias son los momentos que pasas con la gente, el antes y el después del entrenamiento, el rato del partido, etc. 

Llegaste a través de tu hermano, pero te quedaste. ¿Qué tiene este deporte? 

El bádminton engancha muchísimo. A la primera no te sale, pero quieres que te salga, es un deporte muy divertido, muy explosivo y yo soy cabezona. Si me gusta algo, lo machaco, y el bádminton me gustó y fui a por él. Pero, en realidad, lo que me hizo quedarme fue la gente que tenía en el club, tuve la suerte de que me lo pasaba muy bien con la gente de mi grupo de entrenamiento. Para mí, el bádminton tenía la mezcla perfecta del componente social y todo el sacrificio y retos personales. Podías compartir la risa, los llantos, cuando no ganaba me ofuscaba bastante… al final eso te enriquece muchísimo. 

¿Te hubiese gustado llegar más allá como jugadora? 

No te voy a engañar, claro que sí, me hubiese encantado llegar a unos Juegos Olímpicos y ese era mi reto hasta que, desafortunada o afortunadamente, nos echaron del centro por la crisis económica. Pero creo que el camino que he tomado era el que tenía que tomar, todo lo que ha pasado en mi vida tenía que pasar para que yo esté donde estoy ahora. Aunque no haya sido deportista profesional como Carolina Marín u otra gente de mi etapa que todavía sigue, estoy viviendo el bádminton desde otra perspectiva totalmente diferente que me está enriqueciendo probablemente mucho más que como jugadora y con la que estoy creciendo. Yo no siento que tengo que ir a trabajar por las mañanas, a mí me gusta lo que hago y lo disfruto. He tenido la oportunidad de vivir el bádminton no solo como jugadora sino como gestora en mi país y como gestora en Europa no solo coordinando la federación de mi país sino también algunas tan importantes como Noruega, Finlandia, Serbia, Montenegro, países muy pequeños o muy grandes, y aprender cómo el bádminton se desarrolla en todos ellos. En el fondo, creo que tengo que dar gracias de que me echaran del centro. 

“QUIÉN SABE SI EN ALGÚN MOMENTO VOLVERÉ COMO LAS VIEJAS GLORIAS, PERO DE MOMENTO DISFRUTO DE LA OTRA CARA DEL DEPORTE» 

En realidad, nunca has dejado de jugar al bádminton, ¿no es así? 

16 años después sigo enganchada a este deporte y no hay forma de desengancharse ni con agua caliente. Más que exjugadora, ahora soy excompetidora. Además, vivo en Dinamarca, el país más desarrollado en cuanto a bádminton a nivel europeo con lo cual los mejores clubes de bádminton a nivel europeo están aquí, así que lo primero que eché en la maleta fueron las raquetas y las zapatillas, y de vez en cuando me voy a jugar y a “quitarme el mono”.  

Sigo jugando pero no compitiendo, porque creo que esa época ya ha pasado, pero quién sabe si en algún momento volveré como las viejas glorias, pero de momento me mantengo al margen y disfrutando la otra cara del deporte. 

A tus 26 años has llegado muy lejos, pero seguro que sigues soñando con el futuro, ¿cuál es? 

Mi frase es que “voy con el flow”, no tengo proyectos de futuro. Aunque parezca que todo esto está muy planeado, no es así. La realidad es que llega un momento en que mi cabeza dice que necesita un cambio y, no sé por qué, el cambio aparece. Voy fluyendo y aprovechando las oportunidades que la vida me va presentando, así que no sé cuál va a ser la siguiente estación. Mi objetivo ahora mismo en Dinamarca es perfeccionar mi inglés y seguir desarrollándome como gestora de bádminton. Sin embargo, a medio-largo plazo, si todo va bien y las cosas se van presentando, me gustaría llegar hasta la Federación Internacional que se encuentra en Kuala Lumpur (Malasia). Tampoco me gustaría dejar mi vida académica y querría comenzar el doctorado, no sé si compaginándolo con la vida laboral. Me gusta mucho la docencia, creo que enseñando es como más se aprende.  

Soy bastante ambiciosa, pero es verdad que lo importante es disfrutar mucho el momento, y a mí me ha sorprendido para muy bien este país, ahora quiero aprovechar este futuro con el que soñaba cuando estaba en Madrid.