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O sole mio

María Molina
Antequerana desde el 88.
Diseñadora de moda por titulación e inquieta por condición. Me gusta crear, leer, investigar y después venir aquí a contarlo. ¿Un bombardeo sin casco? ¡Me apunto!

Me despierto y entra un rayito de sol por la ventana. Es domingo y tampoco me doy mucha prisa por levantarme; ayer hacía mucho frío y no me apetece salir del paraíso que ahora mismo es mi cama, con todos sus cojines y su edredoncito… Bueno, venga, vamos. Arriba, sudadera puesta, vamos a ver qué día hace, abro la ventana despaci… ¿QUÉ COJONES ES ESTO? 

¿Me he quedado tan dormida que me he levantado en agosto o qué significa esta bofetada de calor? Si aún tengo las botas puestas y llevo un pijama de pelito, ¿ha salido mi casa volando mientras dormía y he aterrizado en Dubai? Si es que no sé de qué me sorprendo, todos los años pasa igual, del abrigo a las sandalias en horas. El entretiempo no existe, lo inventó El Corte Inglés para hacernos comprar gabardinas que JAMÁS vamos a usar, asumámoslo.  

Pero como yo siempre me he caracterizado por adaptarme a cualquier circunstancia que se me presenta, camaleónica desde que nací (una noche de Carnaval, por cierto), me pongo el bikini, cojo la toalla y me lanzo a la playa. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Filosofía de vida. 

Al llegar, el panorama es una graciosa mezcla entre la cabalgata de Carnaval y un desfile de caminantes blancos. Me doy cuenta de que a todas las personas que me rodean les ha pillado el toro del verano repentino igual que a mí. Cuerpos blancos, indefensos, con miedo, angustia y vergüenza contenida. Algún valiente metiendo los pies en la orilla y volviendo a la toalla con cara de derrota porque el agua está más fría que el corazón de Freddy Krueger. Se notan las ganas de verano, pero se nota aún más que no estamos preparados.  

Me siento en mi toalla y me dispongo a intentar ponerme un poquito morena. Estos primeros rayos de sol son muy importantes, ya que la marca que se queda con los primeros bikinis te acompaña durante TODO el verano, y es en este punto cuando aparecen distintos tipos de personas y diferentes tipos de bronceado: 

El tostado uniforme de jornada completa: Existe un espécimen humano (habitualmente habita en la Costa del Sol, pero puedes verlo en algunos puntos aleatorios del país) que ve aparecer un rayo de sol y se queda petrificado, olvida todos sus quehaceres y cual girasol se orienta para que los rayos UVA lleguen bien a todos los rincones de su cuerpo. Lo reconocerás porque si está tomando el sol no se mueve ni aunque le hables, lleva ropa de baño escueta –a veces demasiado escueta– y se rodea de todos los accesorios necesarios para estar cómodo y poder estar 12 horas al sol: auriculares, aceite de bronceado, pequeña almohada hinchable para la cabeza y soledad absoluta para concentrarse en la tarea que le ocupa: PONERSE MORENO. Nunca le pilla desprevenido un día soleado porque tiene siempre preparada la bolsa de la playa en la puerta de casa, como las embarazadas tienen la del hospital lista semanas antes de la fecha de parto.  

El moreno MAXIBÓN: Los primeros días de sol te han pillado en plena rutina diaria, ya sea en el coche, arando tu pequeño huerto urbano o cerquita de la ventana en la mesa de tu oficina. ¿El resultado? Brazos, cara y cuello morenísimos, pero llevas tu camiseta favorita tatuada en el cuerpo, blanco y virginal. Mitad blanco, mitad negro, un tipo de bronceado muy habitual los primeros días de playa y con difícil solución, ya que las zonas oscuras siguen siempre más oscuras que el bronceado del torso, y el resultado acaba pareciendo una Barbie a la que le han intercambiado los brazos con su amiga mulata hasta octubre. Suerte a los afectados. 

Gamba blanca, gamba roja: Este tipo de persona pasa del blanco nuclear al rojo pasión, y así sucesivamente. El ciclo se repite durante todo el verano. Nunca se ponen morenos, por mucho que quieran, por mucho que lo intenten. Siempre los encontrarás tapados con gorrito, gafas de sol, churretones de crema solar y habitualmente se bañan con camiseta. Cuidado con ellos si estás moreno, suelen echarte la bronca por no proteger tu piel lo suficiente y te amenazan con arrugas y un envejecimiento prematuro. No te preocupes, es la envidia.  

“Algún valiente metiendo los pies en la orilla y volviendo a la toalla con cara de derrota porque el agua está más fría que el corazón de Freddy Krueger» 

Si sigo mirando a mi alrededor detecto que hay personas que se han levantado claramente antes que yo, o sabían cosas que no sabíamos el resto de los mortales acerca del clima que se avecinaba (tengo que conseguir el teléfono de Roberto Brasero) porque literalmente se han mudado a la playa. ¿Esta gente viene en furgoneta de mudanza? ¿Aparecen aquí por generación espontánea? ¿Alguien alguna vez ha sido testigo de un montaje dominguero? Sillas, carpas, sombrillas enormes, una piscina de bolas, pistolas de agua y churros flotadores, el perro, la abuela, paella, tortilla, palmeras de chocolate, batidos Puleva de todos los sabores, una sandía enterrada en la arena y mucho, mucho espacio ocupado. Demasiado trabajo para un solo día, yo si hago ese esfuerzo sinceramente ya me quedo instalada en la playa hasta septiembre. 

Como contraste, grupos de extraños humanos que van a la playa, pero no del todo. Van a la playa, sí, ¡pero se instalan en el césped! ¿Puede haber contradicción más grande? Esto me resulta absurdo, incómodo y difícil de entender. No me vale la excusa de que la arena mancha porque tienes que mancharte para ir a bañarte o al chiringuito, y si no haces ninguna de esas cosas… ¿para qué vas a la playa? Creo que me voy a quedar observándolos hasta que se vayan por si tocan la arena o levitan hasta el paseo marítimo, a lo mejor el truco está justo ahí. Con suerte y paciencia igual veo cómo los domingueros desmontan el tinglado. 

Al final, empezar el día en pijama polar y acabarlo morena no ha estado tan mal… ¿no?