Viajeros

Portugal (Lisboa y Sintra)

Por Paco Peramos.
De naturaleza inquieta, siempre me ha seducido saber la verdad de las cosas: ahí reside el poder para hablar de ellas. Comunicador por vocación, me encanta contar lo que descubro y lo que veo. Mes a mes vamos a llenar nuestra maleta de sueños y despertar para hacerlos realidad. ¿Te vienes?

Seguimos con las cositas un poco estrechas como para viajar sin restricciones. Poco a poco se irá normalizando el tema, porque nada es eterno, pero mientras si, mientras no… vamos a recordar, tirando de archivo, un poco de Lisboa y el Palacio Da Pena de Sintra. Ya va quedando menos para viajar más.

La verdad es que un servidor ha tenido la suerte de disfrutar, hace escasamente medio mes, de la costa del Algarve portugués. E incluso nos hemos atrevido a adentrarnos un poco en el Alentejo, y debo decirles que nos hemos encontrado muy a gusto y muy seguros; eso sí, con las precauciones que el sentido común nos lleva a tener en cuenta en este escenario de pandemia.

Aguardando a que las cosas de la movilidad dejen de estar restringidas y esperando a que la ciencia, en la cual debemos de confiar, acierte con una vacuna efectiva y eficaz -las prisas nunca son buenas consejeras-, vamos a seguir tirando, con el permiso de nuestros queridos seguidores, del archivo que afortunadamente poseemos. En esta ocasión nos vamos a ir, como descubro en el encabezamiento, al país vecino de Portugal.

Amén de sus dos grandes ciudades (las Barcelona y Madrid lusas) Lisboa y Oporto, Portugal atesora rincones especiales como el Palacio Da Pena, en la localidad cercana a Lisboa de Sintra, en el cual nos vamos a colar para ver incluso la mesa puesta de los últimos monarcas portugueses que se alojaron entre sus muros.

Pero antes nos pateamos, precisamente, el centro de la Lisboa moderna. La plaza de Roxio, con su Teatro de María II y la cercana estación de tren de Roxio, de estilo manuelino, y desde donde se cogen los trenes para Sintra. Repasamos alguna recomendación, como el NO SUBIRSE al tranvía 28 y mejor ascender a pie hasta los barrios de Alfama y la Morería, y disfrutar del fado más puro que sale, tímido y casi pidiendo perdón, de cualquiera de sus casas de puertas entornadas.

La plaza de Martin Moniz es un crisol de culturas y folclore de los más variopintos lugares del mundo que, sobre todo en los fines de semana, muestran sus artesanías y hacen sonar sus canciones más identificativas. Merece la pena detenerse a disfrutar de ello.

No duden en acercarse a Portugal en cualquier época del año y no dejen de probar sus cafés, sus quesos y su bacalao.

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GRACIAS SIEMPRE.