NutriciónPsicología

Psiconutrición: un nuevo enfoque

Cristina González es licenciada en Nutrición y Dietética, especializada en nutrición clínica avanzada y alimentación infantil. Dirige un centro especializado en nutrición en Antequera: GD Salud.

Rocío Espinosa Antequerana de sentimiento, sampedreña de nacimiento. Psicóloga sanitaria por vocación, me apasiona mi profesión. Soy paciente, sensible, optimista, sociable.

La dietista-nutricionista Cristina González y la psicóloga Rocío Espinosa, especialistas de SOMOS Magazine, se unen para hablarnos de psiconutrición, el nuevo servicio de GD Salud con un enfoque integral. ¿Cuáles son tus hábitos alimenticios? ¿Cuál es tu relación con la comida?

¿Qué es la psiconutrición?

Cuando hablamos de psiconutrición nos referimos a un enfoque integral de la persona que se basa en el abordaje conjunto entre, al menos, dos profesionales sanitarios, que son el dietista-nutricionista y el psicólogo. Este planteamiento en la forma de trabajar en consulta permite que se realice una labor más profunda en lugar de quedarnos en la superficie del problema, que bien puede ser una cuestión dietética (por ejemplo, una persona que inicialmente quiere perder peso) o bien una cuestión psicológica (por ejemplo, alguien que acude a consulta por problemas de ansiedad, siendo este caso una ansiedad que derivará en desajustes alimentarios).

El hecho de limitarnos a trabajar el motivo inicial por el que se acude a la consulta nos impide ahondar en la causa que ha llevado a la situación actual, es decir, no se trabaja la raíz sino el síntoma. Por ejemplo, imaginemos que la persona que acude a perder peso ha realizado numerosas dietas de adelgazamiento sin éxito y suele comer más cantidad cuando está estresada; o que la persona que necesita ayuda por su ansiedad suele refugiarse en la comida cuando se siente ansiosa. En ambos casos es fundamental abordar los dos aspectos para poder cumplir el objetivo real del tratamiento, que es su mantenimiento a largo plazo.

Así, la psiconutrición sería como un icerberg: las personas acuden a pedir ayuda por un motivo en concreto (la superficie del iceberg) y nuestra labor es conocer las causas subyacentes que le han llevado a encontrarse en la situación actual (la zona del iceberg que se encuentra bajo el agua) y trabajarlo todo conjunto.

La finalidad principal de este novedoso enfoque es buscar objetivos a largo plazo que perduren en el tiempo: “haz aquello que seas capaz de mantener, pues de lo contrario, estará destinado al fracaso”.

A pesar de ser un trabajo conjunto, cada profesional desarrolla un papel diferente, de manera que se pueden distinguir algunas de las funciones principales del psicólogo, como identificar y trabajar las causas que llevan a una mala relación con la comida, trabajar la imagen corporal, autoestima…  y del dietista-nutricionista, como analizar los hábitos dietéticos, trabajar aversiones y rechazos alimentarios, identificar y trabajar mitos alimentarios…

En definitiva, entre todos trabajaremos aspectos alimentarios, emocionales y físicos que, conjuntamente, permiten a la persona alcanzar su objetivo y, sobre todo, mantenerlo en el tiempo, ya que se habrá logrado adquirir un hábito.

¿Cuál es tu relación con la comida?

Imagina que acabas de tener un día complicado en el trabajo. Ha habido una situación tensa entre tu jefe y tú, te rondan en la mente mil razones para explicar lo ocurrido, pero no has sido capaz de decir ni una. Llegas a tu casa enfadad@, frustrad@ y con una sensación de impotencia. Automáticamente te diriges a la cocina y te vas al apartado de “porquerías”, comes todo lo que se te pasa por la mente y momentáneamente te sientes un poco mejor. Pero, ¡claro! esto dura poco. Empiezas a pensar: “No hago nada bien” (por trabajo y comida) y comienzas a sentirte culpable. Estás triste, autoestima por los suelos y piensas: “Total, qué más da ya”. “Bueno, por una vez no pasa nada”. Todos esos pensamientos te nublan, te bloquean y no te dejan buscar soluciones adecuadas para el problema real. Y vuelves a recurrir a la comida para intentar sentirte mejor, y comienza el círculo vicioso que te lleva una y otra vez a gestionar todo lo que te ocurre en tu vida de la misma manera, nada adecuada por cierto, sin tener la oportunidad de construir estrategias propias.

¿Abres la nevera cada vez que estás aburrid@? Cada vez que discutes con tu pareja, ¿comes rápido y con ansiedad? ¿Cuántas veces estás preocupado por algo y comes para sentirte mejor?

El comer emocional es algo que hacemos todos. Por unas cosas o por otras la comida siempre está presente, no solo como algo negativo, sino también en nuestras celebraciones ¡Todo lo celebramos con comida!

Herrero y Andrades (2019) añaden que, a pesar de ser un acto que todo el mundo realiza, se convierte en algo perjudicial cuando hacemos de la ingesta nuestro mejor recurso para afrontar la vida; ya sea a modo refugio, calma o evasión. Lo que caracteriza el comer emocional es el motivo por el cual lo ingerimos. Tiene una causa o una consecuencia emocional que no hemos gestionado de forma adecuada, no es por el alimento en sí.

“Hay que comer para vivir y no vivir para comer”. Molière (S. XVII)

¿Algunas de éstas líneas te resultan familiares? Podemos empezar a tomar conciencia de nuestras creencias sobre la comida y nuestro cuerpo, identificar por qué la comida tiene tanto peso en nuestras vidas, etc. desde éste mismo instante mientras estás leyendo esto. Con este tipo de alimentación se pierde el control con mayor facilidad y se come mayor cantidad de lo que comerías si tuvieras “hambre real”.

Para adquirir estrategias más saludables de afrontamiento, en general en la vida, es super importante saber identificar nuestras emociones, en definitiva conocernos mejor. Y así, cuando experimentemos una emoción, podamos identificarla, NO-juzgarla, aceptarla y dejarla ir.

¿Dónde te posicionas tú?

 

GD SALUD

Centro de educación alimentaria

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