Colectivos

Resurgir-Proyecto Hombre

Hay colectivos que no necesitan presentación. Y este, en particular, tampoco un titular diferente. Porque no hay palabra que defina mejor la labor que realiza Proyecto Hombre Antequera que la que da nombre a la asociación que le da cobertura jurídica y respaldo económico: Resurgir

En 1992 nacía la Asociación Resurgir, cuyo objetivo era el de atender a las personas de Antequera y su comarca con problemas de adicciones y/o conductas de riesgo que se encontraban en situación de indefensión, y llevan ya 28 años trabajando con unos objetivos claros: la intervención, la reinserción y la prevención; y con el convencimiento de que la persona puede cambiar y mejorar su vida.

Para conseguirlo, se aborda el problema de las adicciones desde una triple perspectiva o punto de vista biopsicosocial, contando como base también con la terapia grupal. A esto se suma el acompañamiento familiar, necesario para superar cualquier problema y que se vuelve casi imprescindible en estos casos en los que hay muchos altibajos y es preciso que la persona se sienta querida.

“La droga o la adicción en sí no es un problema, sino un síntoma de que algo está mal”

No solo conocimiento y guía, también mucho cariño reciben los usuarios de Proyecto Hombre Antequera. “Un equipo extraordinario”, como nos dice su subdirector, José Luis Berdún, encabezado por Marisa Martín y formado por seis terapeutas, dos auxiliares de terapeuta, administrativos y otros profesionales, con la colaboración de médicos. Sin olvidar a los voluntarios y su impagable trabajo. Una familia en la que prima el compañerismo, la cooperación, la cordialidad y el respeto, valores que trasmiten a todos sus usuarios y se reflejan en su trabajo.

Nuevos tiempos, nuevas conductas

Cuando Resurgir Proyecto Hombre comenzó su andadura se trataban principalmente adicciones a sustancias como el alcohol o drogas, pero la vida cambia, aparecen nuevos estímulos y se generan otras conductas de riesgo. Hoy se tratan problemas como la ludopatía, adicción al sexo o las nuevas tecnologías. Estas últimas, precisamente, han hecho que cada vez sea más numeroso el grupo de menores en el que se trabaja, por ejemplo, la adicción al teléfono móvil, redes sociales o videojuegos. “Se está usando el móvil de forma indiscriminada y a edades muy tempranas”, señala José Luis Berdún.

El mejor tratamiento, la prevención

Como en tantas cosas, la educación es la mejor forma de prevención de este tipo de problemas. “La mejor prevención es una buena educación y últimamente lo más extendido es que no estamos educando en valores, y de ahí viene el vacío personal”. Esto provoca que la persona tenga una serie de carencias que intenta suplir consumiendo drogas o con una conducta inadecuada. Por ello, buena parte de la labor que se realiza desde Resurgir Proyecto Hombre está basada en la formación y guía a través de un trabajo transversal en el ámbito familiar, social y educativo, destacando las escuelas de padres o la labor que se realiza en centros educativos. “Los niños no vienen con un libro debajo del brazo, ser padre también hay que aprenderlo. Cuanto mejor eduquemos a nuestros hijos menos posibilidades habrá de que tomen un camino equivocado”, recalca Berdún.

Además de esto, se trabaja junto a Casa Menga para ofrecer vivienda de apoyo al tratamiento. En la actualidad, viven en ella 14 personas que van a diario a terapia al centro, realizando el programa en régimen residencial.

Una prueba más: el confinamiento

En 2020 hemos vivido una situación totalmente diferente a nada anterior. “Ha sido muy difícil”. De esta prueba ha surgido la necesidad de reinventarse, manteniendo las terapias a través de videogrupos –que no han dejado de funcionar ya que, pese a que el centro está abierto desde el 1 de junio, se hacen turnos para los usuarios de forma presencial por las nuevas normas sanitarias– lo que permitió que no hubiese un estancamiento en las terapias. De hecho, prácticamente todas han seguido.

Pero, lejos de ser totalmente negativo, el confinamiento ha supuesto también un aprendizaje importante, ayudando a los usuarios a superar muchas cosas.

“El confinamiento ha sido también bastante terapéutico”

Cambiar de vida… para recuperarla

Entre 1.000 y 1.500 personas pasan al año por Resurgir Proyecto Hombre, entre usuarios, familiares, entorno social… Todas ellas son vidas que se consiguen cambiar gracias al esfuerzo que realizan en conjunto, como una familia, los propios usuarios, el equipo terapéutico, familiares y amigos. Porque para pasar del “cuando quiera, lo dejo” y “no necesito ayuda”, a dar el gran paso de asumir que existe un problema y cruzar la puerta del centro, es necesaria mucha VALENTÍA. Y comienzan a conocerse mejor, recuperan la luz, vuelven a ser libres, se valoran más, valoran a quienes les quieren, cambian sus vidas, quitan etiquetas y rompen tabúes.

VUELVEN A SURGIR.