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Salga el SOL para Antequera

María Molina. 
Antequerana desde el 88. 
Diseñadora de moda por titulación e inquieta por condición. Me gusta crear, leer, investigar y después venir aquí a contarlo. ¿Un bombardeo sin casco? ¡Me apunto!

La relación del ser humano con el sol es digna de una buena reflexión. A lo largo de la historia el bronceado de nuestra piel ha sido una de las características físicas que nos han colocado más rápidamente en el escalafón social, habiendo pasado por varias fases. A saber:

Edad Media: estar muy moreno significaba que ese individuo pasaba muchas horas al sol, con lo cual era una de esas personas de clase baja que tenía que trabajar para ganarse la vida, un horror, un pringado de la vida medieval. Conclusión, si los ricos estaban blanquitos y los campesinos pobres morenos… ¿qué tono de piel estaba mejor visto y hacía que todos se viesen guapísimos y elegantísimos? Efectivamente, en la Edad Media Casper era un sex symbol.

Edad Contemporánea: estar muy moreno ahora significaba tener tiempo libre para estar de vacaciones, tener casa en la playa o en la montaña para ir a esquiar, nada más snob que dejarse las gafas de sol puestas para volver después de un fin de semana en Sierra Nevada con el símbolo de RayBan marcado a fuego en nuestra sien. Conclusión, si los ricos estaban morenitos y los currelas pobres blancos… ¿qué tono de piel estaba mejor visto y hacía que todos se viesen guapísimos y elegantísimos? Efectivamente, en la Edad Contemporánea Will Smith era un sex symbol.

Edad Post Covid: Estar muy moreno solo podía significar una cosa… ¡TÚ TIENES TERRAZA, C*BRÓN!

Y es aquí donde empieza nuestro problema, nuestra angustia tras lo que ya denominamos “El invierno más largo de la historia de la humanidad”: queremos estar morenos. Porque no, ni tienes piso en la playa, ni en Sierra Nevada, ni tienes terraza, pero ese tono de piel tan deseado lo vas a conseguir, CUESTE LO QUE CUESTE. Que no sé yo si teníamos más ganas de tomar una cervecita al sol por la cervecita o por pasar una mañana bajo los mágicos rayos UVA.

Y al final terminamos cayendo en los excesos, en castigar la piel y exprimir el tiempo para tomar el sol muy por encima de nuestras posibilidades, que he visto en estas semanas más hombros y caras quemadas que viendo la serie Chernobyl. Porque eso que te ha salido en la cara no son pecas, no. Por mucho que te digan los filtros de Instagram o tu prima adolescente que las pecas son lo más y que se llevan muchísimo, lo que tienes en la cara son MANCHAS, como te ha dicho tu madre toda la vida. ¿Qué será lo siguiente? ¿Llamar chic-rouge al rojo gamba de los guiris en el chiringuito? ¿Legitimar el uso de los calcetines con sandalias? No dejemos que el verano se nos vaya de las manos, que hemos tenido una primavera muy dura, haced el favor.

Pálidos del mundo, tranquilos, lo conseguiremos. Pero seamos lógicos. Nuestro cuerpo en estos momentos tiene los niveles de melanina más bajos que cuando salimos del útero materno, por lo que la protección, evitar las horas centrales del día para tumbarnos como lagartos en la azotea de casa (sí, esa que antes usábamos para tender sábanas) e hidratar nuestro cuerpo se convierte en una obligación. Protégete, bebe mucha agua y sólo ponte al sol a primera o última hora del día. Ya que hemos sobrevivido a una pandemia no vamos a vivir tentando a la suerte, ¿no?