Familia

¿Somos de dar alas?

 

Cosecha del 84. Hija y madre de familia numerosa. Licenciada en Ciencias Políticas entre papeles de colegio. Trimadre con poco tiempo libre, mucho sueño y ganas de cambiar el mundo.

En nuestro caso, verano y campamentos van casi de la mano. Más allá de enviar a un campamento a nuestros hijos para hacer malabares entre verano y trabajo de los padres, los campamentos de verano son una excelente herramienta para dar alas a nuestros hijos y que “pongan en práctica”,  

sin tener nuestra mirada fulminante, muchas de las cosas que diariamente les decimos e inculcamos.  

Es importante elegir un campamento acorde a la edad y al gusto de nuestros hijos, pero también que vaya en consonancia con nuestros valores e ideales  

que generalmente les inspiramos. Es una manera perfecta de complementar “desde lejos” aquello que queremos inculcarles 

Brindar a nuestros hijos la posibilidad de ir a un campamento es una oportunidad y les aporta muchos más beneficios de los que creemos. Además de poner en práctica “solitos” lo que en casa se les educa, en los campamentos de verano les enseñan a compartir, a ayudarse entre ellos, a aceptar una derrota… Pero además, les ayudan a salir de ellos mismos, a depender menos de su entorno de confort, a interiorizar valores como el respeto a los demás, y pondrán en práctica normas de con- vivencia que tal vez pasan por alto en sus casas en un entorno mucho más amplio y heterogéneo.  

Por otra parte, seguramente nuestros hijos van a poder aprender a poner en práctica la solidaridad con los demás ayudando a otros niños en lo que necesiten, crecer en empatía, trabajar en equipo, crecer en generosidad, respeto, autocontrol, obediencia. No les quedará más remedio que intentar ser ordenados sin un Pepito Grillo que se lo diga continuamente, y su desarrollo personal y social crecerá porque no les quedará otra.  

¿No te parece interesante dar alas de vez en cuando? 

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