Cómic

¿Son los superhéroes progresistas? 

Por Enrique Machuca
(Antequera, 1970) Comiquero.
Glotón audiovisual. Podcasteo en Sala de Peligro y me encanta
divulgar en el campo del cómic.
Soy @yodigono en Twitter.

Durante décadas una parte importante de la crítica cultural europea ha colgado la etiqueta de “fascista” con alegría y prodigalidad a casi todos los productos importados de Estados Unidos. En el caso de los cómics los teóricos como Javier Coma o Román Gubern contraponían el cómic serio y adulto proveniente de Europa o del underground americano al infantilismo reaccionario de los cómics de superhéroes, defensores de los más rancios valores de la derecha. Curiosamente lo hacían desde revistas como 1984Comix Internacional o Totem que publicaban comic europeo o del underground americano. Curiosamente. 

Que muchos de esos comics fuesen adultos porque enseñaban personajes desnudos sin ningún tipo de excusa argumental o que en otros, como uno de sus tótems, Tintin, tuviese en sus primeros álbumes contenidos manifiestamente racistas o que su autor Hergé tuviese ramalazos filonazis, ya tal. 

Como la mejor manera de desbloquear prejuicios es mediante los hechos vamos a analizar algunos de los personajes más conocidos del género superheroico, a ver qué nos encontramos. 

Superman, viejo conocido de estas páginas, es el MENA definitivo, un huérfano extranjero adoptado por una humilde familia granjera que utiliza el ascensor social, que no sus poderes, para estudiar Periodismo. Mientras que en su identidad civil de Clark Kent investiga y expone los males de la sociedad, en su identidad superheroica usa sus poderes para ayudar al planeta en vez de para su propio beneficio. Su mayor enemigo es el empresario Lex Luthor, una representación de lo peor del capitalismo. Superman, en cambio, personifica los valores rooselvetianos de la época que le vio nacer. 

Spiderman es Peter Parker, otro huérfano adoptado por su tía, una viuda con una pensión ínfima que vive en una casita humilde en el humilde barrio neoyorquino de Queens. Tremendamente inteligente, sin embargo no tiene las cualidades depredadoras que le llevarían a lo alto de la escala social, justo donde se encuentra su archienemigo Norman Osborn, el Duende Verde, otro empresario inmisericorde. Spiderman, que se suele referir a sí mismo como “amigo y vecino” también usa sus poderes para ayudar a su comunidad, aunque podría haberse hecho millonario patentando las redes que inventó pero que pone al servicio de los demás sin importarle el hecho de que su aspecto y poderes le haga tener mala imagen entre la sociedad. 

El Capitán América, vestido y revestido de símbolos estadounidenses, sería el perfecto ejemplo de personaje yanqui reaccionario. Veamos: Steve Rogers en un enclenque muchacho objeto de bullying que es rechazado por el ejército al que quiere unirse para luchar contra los nazis y que se ofrece voluntario para un experimento con riesgo de su vida que le acaba por convertir en un supersoldado. Y sí, el personaje fue creado como elemento propagandístico de guerra, pero en su primera portada, de principios de 1941, antes de que EEUU entrara en la II Guerra Mundial, el Capitán América le daba un mamporro a Hitler. Si tenemos en cuenta que su peor enemigo es el nazi Cráneo Rojo y que ha tenido varias crisis de fe en su Gobierno y su país que le han hecho cuestionarse su papel simbólico, lo de personaje fascista como que no encaja, algo que las películas sobre el personaje han reflejado perfectamente. 

Con Batman entramos en terreno resbaladizo: Bruce Wayne es un multimillonario que en vez de donar equipamientos contra el cáncer usa su fortuna para pelear contra el crimen, señalando así las faltas del Sistema en el que vive y saltándose todas las normas y leyes. No es que los héroes anteriores no hagan lo mismo, pero Superman y el Capitán América sí que son aceptados por el Sistema mientras que Spiderman es un paria. Aquí tenemos un millonario, un Elon Musk, un Jeff Bezos, que piensa que su posición le sitúa por encima de las leyes de la sociedad en la que vive. Como Iron Man. Y sin embargo tanto Batman como Iron Man tienen entre sus enemigos empresarios multimillonarios y políticos corruptos. 

Curiosamente cuando en 2019 le preguntaron a Pablo Iglesias, este contestó que “Superman es más de derechas y Batman es de izquierdas”, lo que muestra el desnortamiento en estos temas de esta parte del espectro político. La otra parte ni está ni se la espera, por suerte. 

Los cuatro ejemplos anteriores simplemente muestran que, contra la opinión común, estamos ante un tipo de comic con muchas capas de significado y muy diverso ideológicamente, es decir, muy adulto, contradicciones incluidas, que ahí tenemos a iconos feministas como Wonder Woman o la Capitana Marvel, proveniente una de una monarquía hereditaria nada democrática y la otra una militar de carrera. Estas aparentes contradicciones solo molestarían a quien tenga un sistema de ideas cerrado, y solo demuestran la riqueza del género de los superhéroes. 

En este, como en otros casos, lo más sensato no es cuestionar la ideología de la obra, sino la de la crítica. 

 

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