Cine

Terror elevado

Narciso Piñero
(Antequera, 1988)
Cinéfilo, lector y escritor.
Autor de las novelas Juggernaut y Jugando con Claudia, y colaborador en la web cultural TerrorActo.
Escribo sobre cine donde me dejan.

Un poco de contexto. El término «Terror Elevado» empezó a usarse tras el estreno de películas como The Babadook, La Bruja o It Follows y, si buscáis un poco en Internet, descubriréis que dicha etiqueta despierta la antipatía de la mayoría de amantes del género por lo snob y clasista que resulta. Y no les falta razón, a mí tampoco me gusta. 

Pero mientras muchos espectadores enrabietados opinan que solo existe el «Cine de Terror», a secas, sin etiquetas, yo creo que sí podemos hacer distinciones siempre y cuando eso no incluya menospreciar ni mirar por encima del hombro a quienes vean según qué tipo de cine. 

Creo que el Terror Elevado existe, y no es difícil encontrar claras diferencias si comparamos títulos como Expediente Warren y Saint Maud, o La monja y El faro. El terror comercial, diseñado para llenar salas y hacer dinero (no hay nada de malo en ello. No nos engañemos, el cine comercial es el motor principal de este arte y negocio), tiene unas características muy concretas, y el Terror Elevado, más centrado en el cuidado de la atmósfera, el sello autoral y las dobles lecturas, también.  

Ninguno es mejor que otro, ambos son necesarios, pero es obvio que, aunque compartan el mismo ADN, no son lo mismo. Negarlo con los puños muy apretados no os hará mejores espectadores. En fin, que no pasa nada por decirlo; total, el auténtico fan del terror no le hará ascos a una película por motivos tan pueriles como sus pretensiones artísticas o comerciales. Hoy te ves la nueva de La matanza de Texas y mañana Midsommar, y te quedas encantado de la vida. Como espectador, pocas cosas me estimulan más que los cortocircuitos mentales y el contraste. Seguid mi consejo: ved de todo.  

Y ahora, por fin, tras todo este rollo que he soltado para rellenar la sección, por fin puedo ir a donde quería llegar, es decir, al verdadero problema de esa etiqueta: el nombre, TERROR ELEVADO. ¿No se les ocurrió una forma menos antipática, snob y pretenciosa de llamar a ese tipo de cine? Literalmente suena a lo mío es mejor que lo tuyo. Es como la gente que llama petricor al olor a tierra mojá de toda la vida; es imposible que te caigan bien. Pues algo parecido pasa con lo de Terror Elevado. Seguro que podéis decir lo mismo sin sonar tan petulantes e idiotas. Gracias.