En Relieve

Una educación centenaria

El sector educativo de Antequera está de celebración. Cien años desde la creación del Colegio Romero Robledo y León Motta. Además, este 2020 se cumplen también 75 años de la fundación de La Salle y 50 de La Virlecha.

La historia educativa de la ciudad se recuerda hoy a través de estos centros; dos de ellos, comenzaron a funcionar en 1920. Fue entonces cuando se inició la graduación de las escuelas de niños, muy diferentes a las denominadas escuelas unitarias. Un proceso que, como mostró en su conferencia sobre la historia del colegio León Motta el académico Juan Campos, se inició en la ciudad siendo alcalde en 1917, precisamente, José León Motta.

Todo surge a raíz de la petición realizada por el maestro Mariano Bartolomé Aragonés, quien años más tarde sería director del Romero Robledo entre 1920 y 1924. Unos trámites que se extendieron durante los años 1918 y 1919 y que finalizaron en la ciudad con la constitución de tres escuelas graduadas para niños, ninguna de niñas.

Concretamente, el 23 de enero de 1920 el Romero Robledo se convierte en escuela graduada y en ese mismo año, el 14 de mayo, lo consigue el León Motta. Junto a ellas, la desaparecida escuela Luna Pérez. Todo ello supuso un salto importante para la ciudad y el comienzo de una nueva era educativa que se abría, además, a las clases más humildes. Pero ninguna de estas escuelas comenzó su etapa en el edificio donde actualmente se ubican.

Romero Robledo

En el caso del Romero Robledo, y siendo su director Aragonés, comenzó su etapa educativa en el edificio San Luis. En el 36, y tras ocuparse el edificio San Luis como sede militar, pasaría al edificio del museo de calle Nájera y, en 1942, a su actual sede, un antiguo inmueble palaciego del primer tercio del siglo XVIII que perteneció a la familia de los Tejada, que tuvieron título de barones de Sabasona.

La escuela graduada Romero Robledo en la mitad de los años 20 cuando aún estaba en San Luis. Foto de: Francisco Torres Doñas.

De hecho, los alumnos que han pasado por sus aulas recuerdan precisamente los elementos que aún se conservan de aquella antigua casa familiar y que aún recorren los niños y niñas de hoy. Ellos han sido los protagonistas de la jornada de puertas abiertas del colegio celebrada el pasado 19 de febrero. Los pequeños se convirtieron en los guías del centenario que recibían a los visitantes y les enseñaban el pasado de su colegio y cómo lo viven hoy. “Todos los grupos han participado, cada uno adaptado a su edad. Un banco de fotos sobre cómo éramos y cómo somos, puzzles, investigaciones sobre la figura de Romero Robledo o la línea de tiempo de los 100 años de historia, han sido algunas de las actividades. Además, hemos hecho el sello de centenario con la participación de de 150 niños”, explica la directora, Paqui Sánchez.

Si alguna vez han entrado en este centro lo reconocerán por su patio de columnas, de planta cuadrada, donde se combina la piedra roja y negra. Hoy, cubierto con una cúpula de cristal, se utiliza como Salón de Actos. También se conserva la caja de la escalera principal, con una cúpula decorada con yesería, o la fachada del centro toda ella de ladrillo excepto la portada. Detalles que se recogen, junto a otros muchos, en el libro El Romero Robledo.

Cien años de un Colegio Público que el centro ha publicado y que presentó el profesor universitario Víctor Heredia, coordinador del libro junto a José Escalante. En él también escribe Juan Campos y colabora el Ayuntamiento de Antequera. Además, recoge una treintena de testimonios de profesores, alumnos, AMPA y profesionales del centro. “Todos recuerdan con cariño el paso por el centro y hablan de cómo ha evolucionado. De ser una casa señorial a adaptarse a colegio”, asegura la actual directora del centro.

Una foto del archivo del CEIP Romero Robledo de un grupo de alumnos con su maestro en la década de 1940.

 

Ramón Jiménez, Julio Maqueda, Salvador Casaus, Sebastián Hazaña y Manolo León, éste último director del colegio Romero Robledo desde el año 1979 al 1983. Él también escribe en el libro del centenario en el que define el tiempo que pasó en el colegio como “inolvidable”.

Precisamente, la llegada de estas escuelas graduadas supuso el acceso a la enseñanza a nuevas clases sociales. De hecho, Heredia ha recogido cómo los profesores temían la llegada de la época de la aceituna “porque los padres quitaban a los niños del colegio para ponerlos a trabajar”. Un libro en el que Heredia, a través de las actas del colegio, recuerda cuándo se compró el primer balón que llegó al centro o las primeras once equipaciones que se consiguieron. “O cuándo se reformó el centro, a principios de los 70, tras quince años de obra y el Ayuntamiento regaló el farol de la escalera por 10.000 pesetas”, explica.

No fue hasta 1990 cuando entraron las primeras niñas al colegio. Hoy, Romero Robledo sigue en esa evolución por mejorar que le ha caracterizado en sus cien años de vida. “Nosotros atendemos a la diversidad, nuestro objetivo es que se sientan como en casa, y en su casa hay de todo. Contamos con unas siete nacionalidades y eso es riqueza, además de ser desde 2010 un centro bilingüe”, finaliza Paqui.

León Motta

La escuela graduada de León Motta nace en el edificio de calle Obispo, 23, con tres cursos. Un centro que estuvo activo durante 60 años y en un estado de obra permanente que se recoge en numerosos artículos de prensa en los que se denuncia el estado del edificio, así lo recoge Campos en su conferencia.

Arriba. Clases del León Motta en el edificio de calle Obispo. Abajo. Una foto de su primera sede. Juan Campos apunta a que podría haberse tomado tras la remodelación.

Su primer director fue Joaquín Vázquez Vílchez, una figura relacionada con la fundación de la Biblioteca de Antequera, además de destacar su participación en medios de comunicación de la ciudad e incluso en la vida política. Hasta 1936 dirigió el centro.

A pesar de las constantes denuncias del deterioro del edificio, nada se hace por cambiarlo. La falta de material hace que el director haga una suscripción abierta para captar fondos con los que comprar lo necesario. “Las donaciones se hacen públicas con un total de 215 pesetas y se publica también en qué se han gastado: perchas, un sillón, dos timbres, un dosel, escribanía de vidrio o escupidores, fueron algunos de los objetos adquiridos”, explica Campos.

Cabe recordar que el centro, allá por los años 30, contaba con una escuela de adultos para mujeres, a partir de trece años, aproximadamente. También realizaban excursiones por la ciudad en función de la edad del alumnado. Además, León Motta contaba en esos años con una cantina escolar en la que los alumnos comían el menú que elaboraban las monjas de los conventos de la zona.

Una foto de 1933 de las alumnas de las clases nocturnas para mujeres adultas con las que contaba el colegio León Motta. Abajo. Cantina escolar del León Motta.

Como apunta Campos, el colegio fomentó las colonias escolares, lo que serían los campamentos de ahora, donde los niños se iban hasta un mes. De hecho, Campos destaca en su conferencia una fotografía de una colonia en Torremolinos de los alumnos de la desaparecida Luna Pérez. “Era un gasto importante que el Ministerio concedía en muy pocas ocasiones porque había que dotar a los niños de todo. El viaje se hacía en camión y cuentan que cuando volvían muchos padres no los conocían porque venían más gordos”, explica el académico en su ponencia. “Hemos sido siempre pioneros en muchas cosas, en contar con comedor escolar y en tener AMPA”, destaca también la actual directora del centro, María Ángeles Reina.

A mediados de los años 50 un informe del arquitecto municipal da cuenta del estado ruinoso del edificio y el dueño asegura que no puede hacerse cargo de él. Así, es comprado por el Ayuntamiento y se produce la reparación del edificio. Se crean ahí las permanencias, que era una hora más de clase que suponía un refuerzo para los alumnos y un refuerzo también, en este caso económico, para los maestros.

El 27 de octubre de 1978, finalmente, se cierra el edificio de calle Obispo y durante el curso 1978/1979 los profesores de León Motta comparten aulas con los de Romero Robledo. El 17 de septiembre de 1979 inauguran el actual edificio de la Avenida de la Estación con doce unidades escolares.

Hoy, el colegio lo forman dos edificios y tiene servicio de comedor y aula matinal. El León Motta cuenta con Educación Infantil, Primaria y un aula de Educación Especial. Ésta última es además una de las cualidades que más destacan del centro: la integración y diversidad. Niños de Educación Especial que cuentan con un aula específica pero que se integran en la clases. “Hemos creado una comisión para el centenario y lo vamos a celebrar desde varias vertientes para que participe el centro, pero también la ciudadanía. Además de contar con antiguos alumnos, profesores, padres y trabajadores”, asegura Reina.

El cartel del centenario lo ha diseñado el artista Medina Galeote, antiguo alumno. Y lo mismo ocurre con el logo, obra del periodista Joaquín Torreblanca. Las actividades del centenario continúan el 10 de marzo a las siete y media con una conferencia a cargo de Gerardo García en la Real Academia de Nobles Artes y el 15 de mayo hay una gala en el Teatro Torcal.

El centro continúa hoy trabajando por mejorar sus servicios y formarse en nuevas tecnologías y metodologías de trabajo. “Apostamos por la enseñanza del siglo XXI pero siempre por seguir siendo una gran familia que apoya y trabaja por la inclusión e integración. Educar en los valores: democráticos, humanos y de igualdad”, finaliza su directora.

La Salle – Virlecha

Hace ahora también 75 años que el colegio San Francisco Javier La Salle abrió sus puertas en Antequera. Ese primer centro de los años 40 comenzó con algo más de 230 alumnos dedicados a clases de formación profesional. Su fundación nace del deseo de los Muñoz Rojas de honrar y respetar la memoria de su hermano asesinado, Francisco Javier Muñoz, y ceder el espacio que actualmente ocupa el colegio a un obra educativa que llegara a todas las clases, especialmente a las que tenían menos recursos, y donde se formara a los niños del mañana. Cuentan que los hermanos viajaban a menudo a Córdoba y allí vieron a unos hombres vestidos con unas túnicas negras y una especie de baberos blancos. Así es como conocieron por primera vez a la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Fotos. Arriba, una de las clases del colegio La Salle donde los niños además tenían numerosos talleres de aprendizaje. Y abajo, una de las señas de identidad del colegio durante muchos años: sus rondallas que hoy ya han desaparecido y una foto de grupo de alumnos de 1947.

De ahí nace la Fundación Muñoz Rojas que hoy sigue funcionando y, más tarde, los descendientes ceden la parte anexa a lo que hasta el momento era el colegio, y se une la Fundación Sagrada Familia.

Muchos han sido los hermanos, profesores y alumnos que han pasado por estas aulas que aún, en algunos de sus rincones, hablan del origen de su uso: la casa de los Muñoz Rojas. El reconocido poeta antequerano siempre estuvo pendiente de que, tanto en La Salle como en La Virlecha, se continuara con la labor para la que fueron cedidos estos edificios que aún guardan mucho de su pasado y que recorremos con su actual director, Emilio Córdoba.

Argollas que cuelgan de la pared y que servirían para amarrar los caballos en la zona de cuadras, la misma puerta pequeña de madera por calle Obispo en la que muchos aseguran que aún pueden verse los restos de balines o ese magnolio del patio que el hijo de Muñoz Rojas ha custodiado durante años porque aseguraba que lo sembró allí su tatarabuelo, hoy con una altura más que considerable.

La palmera que estaba en el centro del patio de la antigua casa, ya convertida en colegio, y que los niños sorteaban para jugar.

Aún podemos ver también en la zona alta de la parte más antigua de la casa, a la que se accede por una estrecha escalera de caracol, y hoy sin uso, lo que fue una clase con antiguos caballetes y parte de los dibujos y carteles de las paredes que hablan de su uso allá por los 70 u 80 y donde se conservan las antiguas vigas de madera.

Otros detalles ya se han perdido, pero quedan las fotografías que nos hablan de la gran palmera del patio que los niños sorteaban con la pelota. Pequeños detalles de una casa con mucha historia que hoy acoge a una familia aún más grande, la de La Salle, que ha preparado un amplio programa de actividades de celebración y que el pasado sábado 15 de febrero agrupó a una gran representación de antiguos hermanos que por unas horas volvieron a la ciudad. Los actos han recordado también al grupo de Scout LS69 que fue una de las señas de identidad de La Salle en Antequera. En diciembre del pasado año se reunieron.

A los 25 años de la fundación de La Salle, el centro ya se había quedado pequeño y la familia Muñoz Rojas cedió la finca de La Virlecha. Así, el colegio de La Salle ahora cuenta con Infantil y Primaria. Por su parte, La Virlecha, hoy bajo la dirección de Manuel León, con los cursos de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior.

La Virlecha fue desde entonces un centro de referencia en la formación de los alumnos y, especialmente, en la de los profesionales que hoy ocupan numerosos sectores productivos en la ciudad y más allá de las fronteras locales. La Virlecha además ha sido cuna del balonmano local con Manolo Porras y Lorenzo Orellana. Todo ello, podrá verse en una exposición que se inaugurará el 15 de abril de 2020.

Si las cuentas no les fallan, calculan que han pasado por las aulas en los 75 años de existencia más de 12.000 alumnos y alumnas. Muchos de ellos han aprovechado esta celebración para volver a los años de su niñez.

Por delante, un año con un amplio programa de celebraciones que este marzo además contará con una gran marcha juvenil que tendrá centro en Antequera y en la que se esperan más de 1.300 alumnos de toda Andalucía.

Los hermanos de la Salle supieron revolucionar el sector educativo en la ciudad y contar con un modelo propio que marca a aquellos que pasaron y pasan por sus aulas. “El alumno es el centro de todo el proyecto educativo. Marcado siempre por la Pastoral y la cercanía que nos convierte en una gran familia y que nos hace trabajar por la formación y muy especialmente porque se conviertan en buenas personas”, asegura su director.