Salud

Una escucha más allá de lo físico

Dra. Cristina Salazar Soriano. Formada en la Facultad de Psicología de Málaga. Especialista en Psicología Clínica vía PIR realizada en el Hospital Regional de Málaga, formándose actualmente en Psicoterapia Gestalt y perspectiva de género. Es docente y tutora para oposición PIR en Granada.

Imagina que un día despiertas y percibes que algo no va bien. No ocurre de repente, simplemente te haces más consciente de que dentro de ti hay algo, una vocecita que te dice que te quedes donde estás. Quietecito, quietecita. No sabes por qué, ni para qué. Solo sabes que debes hacerle caso. Llevas muchos días luchando contra esa voz, ese nudo en el estómago,  esa inquietud, ese vacío que te acompaña en las tareas del día a día.

“Aparece una lágrima rogándote por favor que la liberes, tras meses tratando de esconderla y por fin, consigue resbalar por tu mejilla”. Entonces, recuerdas esa frase que tanto has escuchado: “No llores…que así estás más fe@, que así no se soluciona nada” y no puedes evitar secarte la lágrima inmediatamente. Pero… ¿por qué hacerle caso? ¿Acaso no es lo que necesitas? ¿Y si cada vez que tuvieras ganas  de hacer pipí, alguien te hubiera dicho que no debes hacer eso? ¿Qué ocurriría? ¿En qué estado estaría tu cuerpo, tras años sin escucharlo?

Esto solo es un fragmento que muestra la de veces a lo largo de la vida que dejamos de ponernos atención más allá de lo  físico; reflejo de una sociedad en la que prima la satisfacción inmediata por encima de todo, intolerante absoluto al malestar.

Si prestamos atención, por ejemplo, a la primera infancia, ¿qué nos ocurre cuando vemos a nuestros pequeños llorar, cuando se muestran vulnerables ante nosotros? ¿Acaso no intentamos consolarlos inmediatamente con la frase antes expresada, como si se tratara de un remedio mágico contra el sufrimiento? Si te pido que dejes de llorar, que no sufras, parece que mágicamente desaparece el malestar. ¿No tendremos miedo de sostener el dolor de quien tenemos delante? ¿Incapacidad acaso, para tolerar que alguien a quien amamos sufre?

Es entonces cuando esos niños comienzan a callar sus emociones, pues aprenden que mostrarlas no está bien y que son malas. Y ese niño crece silenciando un abanico enorme de posibilidades emocionales, puesto que solo se le ha permitido mostrar unas cuantas basadas en la felicidad y gratitud. ¿Acaso en la vida únicamente nos ocurren cosas felices? ¿Qué ocurre entonces cuando suspendemos una asignatura, no somos aceptados en el colegio, perdemos un partido, el primer amor nos rechaza o fallece alguien importante para nosotros?

Es necesario comenzar a poner atención a nuestras emociones, darle el lugar que necesitan aunque otros no fueran capaces de dárselo por nosotros, aunque duelan, porque no hay emociones malas; todas y cada una de ellas son necesarias para sanar recuerdos pasados, vivir el presente y prepararnos para el futuro que está por llegar.

 

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