Familia

Una Navidad diferente

Cosecha del 84. Hija y madre de familia numerosa. Licenciada en Ciencias Políticas entre papeles de colegio. Trimadre con poco tiempo libre, mucho sueño y ganas de cambiar el mundo.

Nos metemos de lleno en diciembre con la incertidumbre propia que estamos viviendo durante estos meses y no sabemos realmente si comeremos con los cuñados y los suegros o cenaremos cada uno en su casa, no sabemos si podremos ser 6, 10 o 14 en las reuniones familiares. Y mientras tanto hacemos cábalas de cómo lo haremos, de si meriendas-cenas por eso del toque de queda o si por el contrario acabaremos celebrando la Navidad en pijama…

Fuera de todo pronóstico, es cierto que la Navidad será diferente y que los besos y los abrazos los dejaremos para otro año. Pero debemos afanarnos para que la felicidad propia de estos días no decaiga y, estemos donde estemos y con quien estemos, lo disfrutemos como la que más.

Tenemos que mirar con los ojos de los niños, a quienes todo les hace ilusión y les quitan importancia a lo que no la tiene. Como padres no debemos trasmitirles nuestros miedos en estos momentos a nuestros hijos. Está claro que los adultos llevamos unos meses con una montaña rusa de emociones. No sé si a vosotros os está pasando, a mí desde luego que sí, unos días lo veo todo susper esperanzador y positivo y otro veo claramente que damos un paso para adelante y tres para atrás.

Pero con ellos, con los niños, la Navidad tendrá sentido, sonido (o ruido, según se mire) y alegría; sobre todo si son pequeños. Los míos se preguntan si por el coronavirus y el cierre perimetral los Reyes Magos podrán entrar a Antequera y a las demás ciudades… ¡bendita inocencia! ¡Pues claro que podrán! Los Reyes Magos traspasan fronteras, llueva, nieve o haya coronavirus.

Y si estamos lejos de la familia… toca ser felices donde estemos, con amigos o vecinos. Lo importante de este año está claro que es contarlo. Estar vivo. Donde sea.

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